Belleza

La gran belleza (Oscar 2014 a la mejor película extranjera).No conozco Italia nunca he caminado por las calles de Roma ni he contemplado el peso de la historia del hombre que no dudo se debe respirar por los cinco sentidos con tan solo pisar las piedras de esta ciudad , mis referentes para hacerla sensual, maravillosa y deseable provienen del cine, un vicio que en esta ocasión frente a esta gran película, agradezco padecer y culpo de ello a Antonioni, De Sica, Fellini, Gassman, Hugo, Marcello, Sofía, Ornella, Gulietta, Gina, Claudia etc.,etc.

Infinitas gracias a todos ellos por empujarme a los abismos de este vicio sin retorno.

La Gran Belleza comienza con una de las fiestas mejor filmadas en la historia – una celebración desbordada que pone en escena y grafica la más patética vulgaridad de inspiracion “Berlusconiana” una detención en estos nuevos y viejos monstruos, solo para decirnos que la fiesta se ha terminado.

Vislumbramos en medio del bacanal carrete a su protagonista Gep Gambardella una suerte de sombra fantasmal de Marcello Rubini de La Dolce Vita como si el retrato que hizo Fellini de la decadencia romana no hubiese cambiado ni un ápice en más de medio siglo. Pero sería hacerle un flaco favor a una película tan generosa con su público el hecho de considerarla un simple homenaje.

En 'La gran belleza' se proyectan los fantasmas de 'Giulietta de los Espíritus' (1965) y respira la espectral Ciudad Eterna de 'Roma' (1972), pero en el deambular en círculos laberínticos de Gambardella se desprende de su herencia felliniana cuando calma sus ánimos grotescos y se abandona a la melancolía.

Nuestro guía y protagonista,un afamado sexagenario escritor, no solo no encuentra la belleza como forma de creatividad para un nuevo libro, sino que ya no la ve en el mundo que nos rodea, un mundo insensible, materialista, donde lo pagano vence a un falso espiritualismo, del que no se escapa la hipocresía eclesiástica.

A lo largo de impecables escenas se nos muestra el contraste entre el día y la noche, entre la musicalidad moderna y clásica, entre el vicio humano y la pureza del paisaje que el mismo hombre a creado, y finalmente entre una vida que nostálgicamente se alimenta del pasado y la muerte que acecha cualquier momento del presente.

Paolo Sorrentino nos presenta un universo felliliano,sarcástico donde prevalece la mujer en toda su variedad física (espléndidas, grandotas, enanas, viejas , santas decrépitas…) ,junto a otros personajes propios de la Italia actual, pero que califican y tiene su símil en cualquier sociedad capitalista de este siglo.

Mediante una narración informal, esa vieja señora entre candilejas, que es la ciudad de Roma, domina el film. En realidad, es donde permanece, sin fecha de caducidad, la gran belleza.

El insoportable peso de la vejez, la corrupta, húmeda y craquelada pátina que otorga el tiempo, la vida resistiéndose a sucumbir ante la llegada de la decadencia, refugiados en remasterizaciones tecno de Rafaella Carrá e inyecciones de bótox, desertores del reino de las sombras fingiendo y falseando la felicidad en decrépitos banquetes, el cinismo, la muerte.

La Grande Bellezza no es sólo un brillante ejercicio cinematográfico-ensayístico por parte de su director, el napolitano Paolo Sorrentino, también es un retrato dibujado a mano, a ratos mordaz, a veces henchido de belleza, de una ciudad y sus gentes, de una Roma que niega desesperadamente su agonía buscando en la gloria de su pasado un antídoto a lo efímero del presente, la Roma del Panteón de Agripa y de la Capilla Sixtina, sí, pero también la Roma de las tetas operadas y de la basura Berlusconiana, esa Roma entre dos mundos que se mezclan en la figura de Jep Gambardella (excelente Toni Servillio) escritor, periodista, fumador, bebedor y atesorador de recuerdos, re dei mondani, ( rey de lo mundano) con su terraza de fiesta perpetua colgada sobre el Coliseo, toda una metáfora de lo que pretende la película.

Un film que quizás por esa necesidad de redención a través de lo artístico construye las imágenes más bellas de Roma nunca vistas en cinta alguna.

Perseguir la gran belleza resulta un acto estéril e inútil ya que esta se encuentra más allá de nuestro propio ser y esencia y hay que conformarse con la vergüenza, vulgaridad y banalidad de este mundo terrenal y de su insuperable tangibilidad; vivir en Roma la ciudad de más belleza y arte del mundo y no encontrar nada más que desapego y esperpéntica superficialidad, una constante desolación y decepción que profundiza irremediablemente cualquier fractura melancólica nostálgica.

Esa gran frustración es la fuerza de la película y el motor de nuestro protagonista Gep Gambardella, que recorre los rincones de su espléndida metrópoli buscando motivación, inspiración y alguna emoción que serene y aplaque su alma inquieta y llena de inertes vacíos.

Película transgresora laberíntica y compleja de visionar con una afinidad muy riesgosa y engorrosa -si corremos el peligro de encontrarla-; totalmente visual y potencialmente sonora, habla a través de las imágenes, de la observación del recorrido de las alternancias y las detenciones en el camino, con una latente ópera musical de fondo que acompaña y endulza todo el paquete de regalo, que huele sin duda a flores funerarias. Todo es ilusión, espejismo; nada camina, aparentemente, a ninguna parte.

“El mundo no es bello, pero es retratado con belleza: si hay algo bueno en la vida, ha de estar por fuerza en el mundo”. No recuerdo quien dijo esta máxima pero el director Sorrentino me ha hablado en esta película de lo difícil que es encontrar la gran belleza en el mundo, y, paradójicamente, me la ha estado mostrando durante 140 minutos.

Clásico film muy alabado por la gran crítica pero que para la gran mayoría del público, no es mi deseo ser peyorativo con esto, será un intragable ladrillo; sólo a unos pocos nos va a parecer atractivo y motivador el reto de descubrir lo que quiere comunicar su director Paolo Sorrentino a través de su impresionante desfile de símbolos, de sus estrafalarias e impactantes ilustraciones desbordantes y de una apariencia que vive del exceso y el extremismo. Repito, únicamente para público muy específico.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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