De partes y ensaladas

Cómo hacerle entender a nuestros amigos que no nos gusta que nos aborden en la calle con casi ningún comentario, cuál es la manera para que entiendan que no se le puede decir a viva voz a una persona un comentario sobre su aspecto físico, ni la opinión sobre nada relativo a ello, ni su dieta alimenticia, ni sus ademanes o movimientos, ni su atuendo, ni su credo o religión, ni su raza ni nada de nada.

Pasándole un parte parece ser el principio para conseguir que la gente cambie sus odiosas costumbres.

No hace tanto tiempo en Chile, colgaba en las micros y otros lugares públicos un letrero que decía “por favor no escupir”, había que señalar en un cartel de advertencia para aquellos que no consideraban desagradable tirar un escupo al suelo, que su actitud era asquerosa, es más, incluso en las casas de nuestras abuelas había un adminículo llamado escupidera para estos efectos que demuestra que escupir es un acto necesario pero hay un lugar y un momento para hacerlo sin molestar al prójimo, actualmente en algunos países como Singapur cobran una suculenta multa por hacerlo en la calle.

El escupo es como el piropo, algo que debe expulsarse afuera, alivia tensiones, puede marcar un territorio, expresar desprecio, es nauseabundo y contagioso de diversos males como la tuberculosis, ha sido preocupación de la Comisión de Medicina Deportiva de la FIFA desde hace 20 años ya que los futbolistas escupen hasta hoy reiteradamente en la banca y en el campo de juego absteniéndose de hacerlo solo en el camarín o frente a un micrófono, pero siempre es para el beneficio de quién lo arroja, no pensará usted que alguien escupe a su lado para hacerle sentir bien.

A nadie le resulta ajena ni exagerada esta reflexión, pasará lo mismo en unos años más respecto a la antisocial costumbre que tienen los hombres mayormente, y algunas mujeres, de opinarle en la calle a un desconocid@ sobre su presencia.

Si bien no es ofensivo para una persona que la inciten a comer ensalada para cuidar su silueta, el trasfondo es que esa indicación está formulada para el deleite del emisor que abiertamente y a viva voz comparte su fetichismo, dándole una connotación inmediatamente sexual a su piropo, es como que yo le dijera en la calle a un desconocido ¡cómete un brócoli para alimentar ese ganso!

Eso significa que lo miré de cierta manera, fijé la vista en determinadas partes de su cuerpo haciendo volar mi imaginario en toda su dimensión, invadiendo así su metro cuadrado e intimidad al expectorar esa frase como un escupo, aunque no contenga ninguna palabra ofensiva.

De nada sirven los memes y pataletas masculinas como si les cayera la ley mordaza, o los epítetos de feminazis a las feministas, o las amenazas que ellos no van a referirse a nosotras como lindas y ahora solo nos pueden decir feas para no pagar multas, eso es no entender nada, de ahí la necesidad de cursar un parte, eso lo entenderán mucho más rápido y lo mejor es que causará la erradicación del repudiado acto, no hay nada como afectar el bolsillo para provocar un cambio en esta nuestra querida sociedad neoliberal.

No se trata que lleguemos a extremos como en el transporte público de Nueva York donde mirar fijo a los ojos significa una agresión y puedes ganarte más que una multa, un buen paipe al hacerlo, pero por favor, entiendan que respecto a los piropos es sólo resorte del que lo recibe calificarlo como ofensivo por lo que es un riesgo que no vale la pena asumir, sobre todo si estamos tratando con personas de las que no conocemos su sensibilidad.

Concuerdo también con el sentir popular que a algunas mujeres nos gusta recibir un piropo bien articulado y pronunciado de vez en cuando como para marcar presencia en el mercado, será bien recibido algún poeta inspirado que pueda reemplazar palabras pueriles o de baja estofa por otras más elegantes o comedidas, por lo que si usted quiere cortejar a una dama o a un varón utilice una estrategia más comprometida, aténgase a las leyes y ordenanzas, exprese su sentir con respeto y amorosamente, le aseguro el resultado le sorprenderá.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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