Pecho descubierto y cara tapada

El miércoles 16 de mayo se realizó una marcha donde la aparición de un grupo de participantes generó gran cantidad de comentarios, tanto a favor como en contra. Se trató de mujeres jóvenes con capucha y el torso desnudo. Lo curioso es que ya sea habían realizado acciones similares en muchas otras manifestaciones por distintas causas desde hace ya varios años, sin mayor repercusión. Pero el escándalo fue ahora.

Quizá porque comenzó en la casa central de la Universidad Católica. Como sucede con los asaltos, cuando son en un barrio pobre no se informan, pero si son en un sector adinerado son noticia de primera plana.

Muchos comparaban esta intervención con el cuadro de Delacroix "La Libertad Guiando al Pueblo" (que describe el alzamiento de París los días 28, 29 y 30 de julio de 1830 y no la Revolución francesa de 1789, como muchos creen), ya sea para fustigar o para establecer un paralelo con la acción de estas mujeres. Y muchas de las críticas provienen del sector que celebraba que figurara una mujer de torso semi descubierto en las monedas de cinco y diez pesos.

El desnudo femenino ha sido un tema en el arte desde el inicio de los tiempos. Principalmente porque los hombres, como en casi todos los otros ámbitos, han acaparado casi todo el quehacer.

De hecho la historia del arte se puede ir describiendo según la forma en que los hombres van mostrando mujeres sin ropa, desde la Venus de Willendorf hasta nuestros días, pasando por las esculturas griegas, Botticelli, Modigliani, Picasso, Botero y tantos otros.

En paralelo y muchas veces entrecruzándose está la representación femenina con intención erótica para complacer los ojos y las fantasías masculinas.

Por eso quizá a muchos llamó la atención la aparición de mujeres semi desnudas fuera de un contexto artístico y/o erótico, sin intención alguna de complacer a ningún hombre. Gran pecado gran.

Pero pese a esta aparición fuera del ámbito ya señalado, varias miradas le dieron una connotación sexual que, a nuestro parecer, solo está en el juicio del observador y no creemos que esa haya sido la intención.

Si estamos discutiendo este tema es porque la acción fue exitosa. El cuerpo femenino se nos mostró como un arma rebelde e iconoclasta y no solo un elemento de deleite masculino. El cuerpo femenino pertenece a cada mujer y no a una tropa de viejos que deciden qué se muestra, qué se tapa, qué se extirpa, qué es lindo y feo, cómo se viste, engorda, adelgaza, vive y muere.

Esa es la lectura que le damos a esta intervención, pudiendo haber muchas otras interpretaciones posibles.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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