Pedaleando con San Juan de la Cruz

Así tituló el escritor y Premio Nacional de Literatura, Antonio Skármeta, su discurso de aceptación a su incorporación como Miembro de la Academia Chilena de la Lengua. Habló de la conexión de sus libros (El baile de la Victoria, Los días del arcoíris, Ardiente Paciencia), con los poetas que lo inspiraron. 

El baile de la Victoria”, contó, tiene un respiradero poético por la combinación directa con Los sonetos de la muerte, de Gabriela Mistral, texto que la bailarina Victoria toma para escenificar una coreografía que rescate la memoria de su padre muerto”. Y sobre Manuel Silva Acevedo (poeta de la generación del 60), contó,  “Se me levantan los bigotes de satisfacción cuando oigo aún recitar los piropos tan majos que le dirigía a la mujer amada…”

Los españoles formaron parte también de su inspiración permanente y  le rindió homenaje a Jorge Manrique, San Juan de la Cruz y Miguel de Cervantes. “Los jóvenes estudiantes secundarios que animan Los días del arcoiris desarrollan parte de sus actividades culturales y políticas durante la dictadura y se juntaban para ensayar el entremés de Cervantes, La cueva de Salamanca, obra que monté en mis tiempos universitarios, en el teatro del Instituto Pedagógico”.

Antonio Skármeta fue columnista de la revista Caras cuando el país recién regresaba a la democracia y él preparaba sus maletas para volver del exilio. Presidió la sección “El show cultural”, creada para ir al rescate de los tiempos perdidos en teatro, literatura, música, cine. La periodista María Elena Wood lo entrevistó cuando en París se acababa de estrenar su filme ”Ardiente Paciencia”, descrito como “una pequeña joya alemana de producción, pero chilena de corazón”.  En esa entrevista, de junio de 1988, el escritor habló de muchas cosas. Entre ellas, del “Chile de antes” y del “Amor”.

“Yo vivía en un país pobre, lleno de problemas, pero con una convivencia muy plena. Había cosas entrañablemente queridas, como las reglas de la democracia burguesa. Me gustaba enseñar en la universidad, donde había estudiantes obreros, me gustaba tener estudiantes de todos los estratos sociales. Nunca pensé que aquí llegaríamos a la situación de Estados Unidos, donde los jóvenes tienen que pagar la universidad de la misma manera que se compran un Ford Falcon”.

“Enamórese, como aconsejaba Hemingway a los escritores. Un estado de enamoramiento es un estado de revelación, de alumbramiento. Se ven las cosas con mayor sensualidad e intención amatoria y eso es algo que los poetas saben muy bien, por eso son seres enamoradizos. También ayuda a conocer a las mujeres, empaparse de su sensualidad, de las sutilezas con que captan el mundo”.

El discurso de aceptación a la Academia estuvo a cargo del escritor Carlos Franz, quien, siguiendo la onda cervantina del premiado, se refirió a él como el caballero de la larga figura, dado lo largo y flaco que se veía Antonio Skármeta, pues acaba de ganarle la pelea a una dura enfermedad.

Me llama la atención y me atrae esta combinación renacentista que conforman la mente y el alma de este escritor: cómo combina sus letras con colores y ritmo, cómo atraviesa desde lo más poético a la crítica más cínica donde amor, pobreza, torpeza y locura manejan los tiempos de sus protagonistas.

Sentimental, amante de la música, celebró un cumpleaños hace ya varios años con un mix genial de amigos: Caetano Veloso, Florcita Motuda, Nicole, Myriam Hernández. Puso a Plácido Domingo de Pablo Neruda en la segunda versión de Ardiente Paciencia, que se llamó Il Postino, y convirtió la película en ópera con el Municipal a tablero vuelto.

Este nombramiento de la Academia tiene que ver con un ojo cultural que permite una mirada más amplia, que se aleja del encierro temático para pensar más allá. Como lo que les pasó, en buena hora, a los miembros del jurado del Nobel, el día que premiaron a un Bob Dylan que todavía no se recupera de la sorpresa.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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