Quiero entrar

Estimados la verborragia que intentaré controlar a continuación es provocada ni más ni menos, fruto de la balacera de la que fui víctima luego de atreverme a visionar la propuesta audiovisual interneteada por Vimeo, opera prima del querido colega actor Roberto Farías Morales ( “Mi Último Round”) titulada “Quiero Entrar”.

Producto cinéfilo en el que su realizador se ve motivado y alimentado por una estética desbordada e inatrapable, sin lugar a dudas muy propia del autor y bastante sui generis.

Intenta en su película dar forma a un cúmulo de desechos que todos y cada uno de nosotros amontonamos de manera frenética en nuestros infinitos intentos por llegar a ser felices y escapar del patetismo vital. Desechos orgánicos e inorgánicos domésticos, amorosos, espirituales, laborales y culturales.

Basura que muchas veces creemos erróneamente entregársela al camión basurero día por medio, pero que la mayoría de las veces acumulamos cual culposo asesino hitchcokiano , bajo la alfombra del living.

Farías ha tenido el coraje de montarse una cámara al hombro y reciclar esta basura.

Basura propia , nuestra y de otros, sacarla del tacho y plasmarla en el soporte digital, para luego invitarnos ,siendo el maestro de ceremonias , a un carrete psicotrópico visual y de paso narrarnos los anhelos ilusos de fama televisiva, de un personaje, también de desecho y extremadamente sui generis llamado Orellana, que no es más que el eterno extra de TV.

Ese que se asoma en la cámara de TV furtivo y deseoso entre el público de un estelar noventero o bien de una teleserie o un comercial, ese que tal vez busca la fotito con la actriz, el actor o el cantante de turno luego del corte.

¿Qué es lo que alimenta y que hay detrás de este personaje que nos devela Farías, que hay en los entresijos de sus anhelos y afanes de cosas intangibles, sueños y deseos que ni siquiera él es capaz de aterrizar verbalmente y mucho menos de llegar a cristalizar algún día?

¿Qué simboliza este híbrido personaje?

¿Qué provoca neurológicamente en su cerebro la pantalla de TV? Dejo abierta la pregunta, ya que no tengo la respuesta, tal vez por el miedo a verme en su reflejo una vez que el televisor se apaga.

Inquietante, incómodo, culposamente cómico, risible, brillante y rallador de cancha, resulta ver el arranque de la película, con un largo monólogo a cámara, realizado al estilo casero, en el que las palabras y la corporalidad de Orellana se atropellan y cantinflean entre sí.

Las frases de Orellana sin sentido alguno, cual frondoso bosque, no dejan ver los árboles del conflicto de este personaje que lo único que desea es ser visible. !Sólo quiero que me vean! parece gritarnos.

Me aventuraré a decir que estamos frente a un documental con tintes de recreación y ficción, el que a mi juicio reúne, según la receta y posterior plato final de Farías, los elementos e ingredientes necesarios para una cazuela audiovisual enjundiosa y muy chilena. Tome nota.

-Surrealista.

-Naturalista.

-Hiperrealista.

-Guión dramatúrgicamente desvariado.

-Aristotélicamente des construído.

-Ejercicio de improvisación Brechtianamente grosero, eterno y sin límite.

-Anacrónico viaje socio político turístico al cerebro de un anónimo atemporal.

-Radiografía que desnuda, devela y cita a los bufones borrachos, fantasmales, malditos y horrorosos que alojan en la lúdica cerebral iniciática que acompañan la creación actoral.

-Se nutre de una fuente:

Artísticamusicalhumorísticatelevisivacinéfilanovelescacuentísticapoéticateatral, lo escribo todo junto ya que el montaje sin concesiones de Roberto Farías así lo propone lo resalta y lo juega.

Cierro con la frase final que propone el autor “La realidad es un lugar muy incómodo para vivir”.

Posdata: la película “Quiero entrar” se puede ver en Vimeo con la clave tatatatan. Para los que se atrevan.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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