Rosita Serrano, la diva más grande que ha tenido Chile

¿Por qué dos periodistas jóvenes, Mariana Marusic y Maximiliano Misa, decidieron escribir un libro titulado “Rosita Serrano la cantante chilena del Tercer Reich?

Quizás, porque como afirmó en un momento Enrique Lafourcade, ella fue “la gran diva que Chile ha tenido”. Hermosa, inteligente, elegante y dueña de una voz extraordinaria, excéntrica, única, son algunos de los adjetivos con que la recuerdan quienes la conocieron y la admiraron.

Olvidada durante décadas y décadas, Rosita vuelve en gloria y majestad, porque la información sobre ella fluye de muchas fuentes.Sus canciones pueden comprarse en iTunes y sus discos en Amazon.com., podemos encontrar sus fotos en  Internet y sus películas en YouTube. Les recomiendo escuchar la canción “La Paloma” y la que es mi preferida,“RotherMohn” (La Amapola Roja), entre otras.

Rosita está vinculada a mi familia. Cuando niño mi madre me comentó sobre la prohibición que le dio su padre, mi abuelo Jorge, de mencionar su nombre en su casa, pues en esa época ser cantante y actriz no era socialmente aceptado. Mi madre me explicó que Rosita Serrano era su nombre artístico, pues la familia se habría opuesto a que utilizara su verdadero nombre: María Esther Aldunate del Campo.  Pese a la censura familiar, mi madre siguió la carrera artística de su tía, con las reservas del caso.

Pasaron los años, y ya estudiando en la Universidad decidí un día averiguar más sobre su vida. Logré ubicar, gracias a la guía telefónica, en ese tiempo no existía google, a su hermano Luis, quien resultó ser una persona muy alegre y entretenida, siendo según mi madre, el vivo retrato de mi abuelo Jorge.

Posteriormente, ya en la Cancillería, gracias a las gestiones de una tía de mi señora, conocí a  una de las personas que más quiso a Rosita Serrano y quien curiosamente la acompañó en lo podríamos denominar el epílogo de su existencia terrenal.

¿Cuánto es mito y cuánto es verdad?

Es difícil decirlo, nos faltan más historias sobre Rosita después de la guerra, deslumbrando al Rey Farouk de Egipto y casándose con un millonario sefaradita sacado de las novelas de Lawrence Durrell. 

Un judío con pinta de actor de cine, proveniente de una familia de generaciones de banqueros, hijo del Rey del Algodón,  quien había sido abandonado por su esposa, la hija del Rey del Tabaco, y quien conoció a Rosita una noche mientras cantaba en el casino de Alejandría. La siguió por las grandes capitales del Medio Oriente, hasta que ella le dijo que “sí” en Beirut, el París del oriente. ¿No les parece de película, este encuentro?

También está Jean Pierre, el pequeño niño abandonado por su madre, a quien Rosita adoptó y crió como propio, y a quien en las noches, cuando cantaba en la radio le decía “buenas noches Pierrot” para que se quedara dormido.

Son pequeñas anécdotas de una vida mágica y extraordinaria, tan superior a esos cuentos nimios de telenovelas y realities vulgares con que nos bombardea la televisión. Sin duda, en una fantasía, Rosita nos hubiera representado con gracia en Downton Abbey, sin desentonar ni por belleza, ni por elegancia.

¿Y Rosita Serrano, era nazi?

Pienso que no, así de simple. Rosita aseguraba que cantaba para Alemania y para su gente. Cabe recordar que fue en Berlín donde comenzó su carrera artística, y en ese país se sintió querida e idolatrada. Por lo demás, según todas las fuentes que consultaron los autores del libro, y las mías propias, a Rosita jamás le interesó la política.

Asimismo, si hubiese sido una fanática nazi nunca se habría casado con un judío egipcio y tampoco habría cantado para un concierto de beneficencia para niños huérfanos judíos de la Guerra, en Estocolmo, Suecia. Este último hecho le causó la persecución por parte de La Gestapo.

Por otra parte, y entusiasmado por el trabajo de los aludidos periodistas, descubrí gracias a la ayuda del profesor Steven Vitto del Museo Estadounidense Conmemorativo del Holocausto,  una entrevista efectuada a un argentino judío sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. Fue impresionante escucharlo, pues éste describe en detalle la transformación que experimentó Alemania con la llegada de Hitler al poder y la discriminación que comenzó a sentir, a partir de ese instante, por su condición de judío.

En dicha entrevista menciona a Rosita, diciendo que gracias a ella y a su novio peruano, quien era estudiante de medicina, su familia pudo obtener comida, pues su madre le arrendaba una pieza al citado novio. Tanto Rosita como su novio sabían perfectamente que la dueña de casa era judía, sin embargo, jamás cuestionaron dicha circunstancia, por el contrario, los apoyaron en todo momento.

Como regalo adiciona, Steven Vittome entregó copias de unas fotografías de Rosita durante su permanencia en Suecia, enviadas especialmente por el Museo del Holocausto de Estocolmo, ya que como se menciona en el libro, Rosita además era amiga del Rey Gustavo V de Suecia.

Todos estos son recuerdos de Rosita Serrano, atesorados por unos pocos que la conocieron, que desataron la imaginación de otros, y que gracias al trabajo de dos periodistas hemos podido ir reconstruyendo y que nos han permitido saber un poco más de ella.

Sólo finalizar diciendo que el cuento de hadas terminó mal y que la princesa murió sola, acompañada de su fiel Tina, en un pequeño departamento gentileza de buenos amigos. 

De ahí debe haber volado a Monte Carlo, a jugar a la ruleta que tanto la divertía, acompañada de Jean y de Jean Pierre que la estaban esperando hacía tiempo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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