Mundial de Rusia 2018, política y comercio

Falta menos de treinta días para que comience a rodar el balón sobre el césped del Gran Estadio Deportivo del Complejo Olímpico Luzhnikí, antiguo estadio Central Lenin de Moscú. Ochenta mil hinchas  estarán presentes.  Seguramente más de mil millones de personas estarán frente a los televisores en los más recónditos lugares del mundo para ver lo que muchos comentaristas deportivos llaman “El máximo evento deportivo del universo”.

Pero en realidad deberíamos preguntarnos ¿qué es este evento que se realiza cada cuatro años desde 1930, con la excepción de los años de 1942 y 1946, suspendido por la Segunda Guerra Mundial? 

En verdad es muy fácil definirlo. Es un acontecimiento político y comercial. 

El fútbol profesional es una espectáculo de primer orden que supera en audiencia y seguidores a cualquier otro, sean estos musicales, teatrales o de otra disciplina artística. Este espectáculo basado en una disciplina deportiva supera a todos los demás en materia de asistencia y de espectadores. Es lo que llega a convertirlo en el “el máximo evento político y comercial del Universo. 

Para demostrarlo vamos a comenzar con una pequeña muestra que no alcanza las dimensiones “Mundiales”, pero nos servirá para mostrar los dos aspectos. 

Hace no muchos años la notoriedad de Colombia estaba centrada en la existencia de las FARC y la producción de cocaína. ¿Quién conocía a James Rodríguez?  Los aficionados locales y los argentinos, donde se había iniciado futbolísticamente y donde había dejado claramente establecido que se llamaba James, para que nadie le dijere “Yeims”.

Entonces se hizo una clara maniobra político-comercial. El jugador fue vendido entre bombos y platillos a un importante club europeo y el presidente de ese club obtuvo importantes contratos de construcción de carreteras en el país sudamericano. 

El camino político comercial de este Campeonato lo marcó Jules Rimet desde el Congreso de la FIFA de 1928, cuando se programó el Primer Campeonato, donde el francés se manifestó partidario de que fuera en Sudamérica y propuso a Uruguay por sus triunfos olímpicos y porque ese país celebraba el Centenario de su Constitución. Por eso el más importante estadio uruguayo se llama Centenario al que Rimet llamó el "templo del fútbol". Los europeos boicotearon ese Campeonato y sólo asistieron Francia, Bélgica, Yugoslavia y Rumania. 

Después de la inicial realizada en Uruguay, la Segunda Copa Mundial la organizó Italia en 1934 y es quizás, el máximo exponente del objetivo político que tiene.  A este campeonato “deportivo” no asistieron Uruguay, y otros países sudamericanos que apoyaron el boicot. Solo Argentina, Brasil y Estados Unidos fueron desde esta parte del mundo. 

Eran momentos políticos de grandes expectativas internacionales. Los fascistas habían conquistado Italia y Alemania, y daban una fuerte lucha por su expansión mundial. Henry Ford, Charles Augustus Lindembergh, en Estados Unidos, el Duque de Windsor , ex Rey de Inglaterra, eran algunos del los personajes internacionales que apoyaban esas ideas. 

Cuando Italia fue declarada la sede del Campeonato del Mundo de Fútbol, Il Duce, Benito Mussolini llamó a su despacho a Giorgio Vaccaro que era el Presidente de la Federación Italiana de Fútbol y también dirigía el Comité Olímpico de ese país y simplemente le dijo, no sé cómo hará, pero Italia debe ganar este campeonato.

Cuando el dirigente le respondió con su máxima buena disposición, “Duce, haremos todo los posible”,Mussolini, con rostro muy serio le dijo “General, usted no me entiende bien, no me comprende. Italia debe ganar este Mundial. Es una orden”. 

Italia había traído a los argentinos Luís Monti, Atilio Demaría, Enrique Guaita y Raimundo Orsi, a quienes “naturalizaron”, también “naturalizaron”  al brasilero Anfhiloquio Marqués Filo, como Anfilogino Guarisi. Monti fue al Juventus con cinco mil dólares mensuales, una casa y un automóvil, eso en 1930. ¿Cuanto pagarían hoy? 

Durante los partidos los “camisas negras” y los saludos fascistas en la cancha eran permanentes. El formato de eliminatorias era a partido único, con prórroga de 30 minutos y repetición del encuentro en el caso de continuar el empate tras la prolongación. 

En cuartos de final Italia enfrentó a España y fue una carnicería cuentan los españoles. Hubo partido de desempate, que el inventor de este negocio Jules Rimet, dijo que «fue un encuentro espectacular, dramático y jugado con una intensidad muy pocas veces vista», aunque la voz popular le llamó  «La batalla de Florencia». 

España comenzó ganando con un gol a los 31 minutos, pero cuando terminaba el primer tiempo mientras Schiavio agarraba al arquero español Zamora, el italiano Ferrari empataba el partido, gol validado por el belga Baert.

Al día siguiente el partido de desempate. Los españoles Zamora, con dos costillas rotas, Ciriano, Lafuente, Iraragorri, Gorostiza y Lángara no podrían jugar por las lesiones sufridas fruto de la violencia italiana no castigada por el arbitraje. 

Y continuó la “batalla”, los españoles Bosh, Chacho, Regueiro y Quincoces fueron los lesionados. Pero este día se llegó a mayores cuando el árbitro suizo, posteriormente expulsado de por vida del arbitraje por la federación Suiza, validó el gol de Giuseppe Meazza cuando Demaría impedía al arquero español actuar.

La final fue  Italia - Checoslovaquia. Con un arbitraje ya conocido a favor del local, Ángelo Schiavio anotó en la prórroga el gol que les dio el título mundialista. El entrenador italiano Vittorio Pozzo, recibió un telegrama antes del partido que decía «Vencer o morir».

Luís Felipe Monti, uno de los “naturalizados”, ex jugador de San Lorenzo de Almagro, el equipo del que es hincha el Papa Francisco, que en 1930 en Montevideo había marcado el primer gol argentino en un Mundial, dijo después «en 1930, en Uruguay, me querían matar si ganaba, y en Italia, cuatro años más tarde, me matarían si perdía».

En 1938 fue sede Francia y volvió a ser capeón Italia con sus jugadores vestidos con las “Camicie Nere” símbolo del fascismo.

Otro dato ilustrativo. Cuando estábamos en plena “Guerra Fría” en 1956 la sede fue asignada a Chile para la séptima edición en1962, venciendo a la candidatura de la Argentina. Quienes encabezaban el grupo chileno para conseguir ese objetivo eran hombres estrechamente relacionados con la Democracia Cristiana, que era la gran alternativa al comunismo internacional durante ese periodo. En Europa los DC gobernaban en Alemania y estaban también en el gobierno italiano enfrentados dramáticamente a los comunistas de Palmiro Togliatti.

Este año en Rusia, se juega la XXI Copa y este país, que no tiene ninguna relevancia en el fútbol internacional será el país donde se realizará.

Para ello se han fijado doce sedes, en Ekaterimburgo, Kaliningrado, Kazán, Moscú, Nizhni Nóvgorod,  Rostov del Don,  San Petersburgo, Samara, Saransk, Sochi  y Volgogrado, de ellos 10 estadios construidos especialmente, eligiendo solo ciudades europeas de Rusia para así facilitar costos y desplazamientos de los participantes y el público. Solo el de Ekaterimburgo está en Asia.

Putin necesita crear una imagen de la Nueva Rusia construida por él, de su potencial y de su capacidad creadora que solo le está permitido en términos globales si emplea la Copa del Mundo. Por eso, sus adversarios cada vez que pueden le recuerdan que pueden boicotear el Mundial de Rusia.

Ya Vladímir Putin ha sido acusado por el Reino Unido por el ataque con un agente químico sufrido por el ex espía ruso Sergei Skripal y su hija Yulia en la ciudad británica de Salisbury.  La Primera Ministra británica Theresa May ha amenazado claramente con boicotear la Copa. 

Lo comercial es indiscutible. Imaginen cuánto ganan las cadenas de TV que transmiten los partidos para audiencias de mil millones de televidentes.
La alemana Adidas es su gran patrocinador. Es, junto a Gazprom, la empresa rusa del gas, uno de los grandes patrocinadores del Mundial, como los son ambos de la Champions League.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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