El ejemplo de Samuel del Campo y Jorge Schindler

Cuando el diplomático chileno Jorge Schindler comenzó su investigación sobre la vida de Samuel del Campo (Q.E.P.D.), Encargado de Negocios y Cónsul General de Chile en Bucarest, Rumania, entre los años 1941 y 1943, nunca imaginó la dimensión que adquiriría su labor. Recopilando, sistematizando y analizando numerosos archivos y documentos, esfuerzo que le demandó más de cuatro años, Schindler descubrió un héroe invisible e ignorado, Samuel del Campo.

Gracias a ese descubrimiento, recientemente, el Cónsul del Campo fue reconocido por la Yad Vashem de Jerusalén (Museo del Holocausto), como “Justo entre las Naciones” por haber prestado auxilio y protección humanitaria a 1.200 judíos, entre ellos, cerca de 250 judíos polacos, salvándolos de la muerte.

El Cónsul del Campo otorgó documentos de viaje y pasaportes chilenos, y entabló negociaciones con las autoridades locales con el objeto de salvar a esas personas del exterminio contando, en su titánica tarea, con la ayuda del abogado Gregorio Szymonowicz. En uno de sus mensajes a Chile, se refirió a la persecución de aquellos “desgraciados seres que el delito más grande que han cometido es el de haber nacido judío.”

En el ejercicio de sus funciones, del Campo logró - en el último minuto - salvar de un tren que se dirigía a un campo de concentración a 250 inocentes, a quienes él denominó “protegidos de Chile”, permitiéndoles regresar a sus lugares de origen y obtener la restitución de sus domicilios, incautados por las autoridades rumanas. Incluso tomó la precaución de colocar un letrero de advertencia que identificaba a los moradores de tales viviendas como “personas bajo protección de la República de Chile.”

¿Por qué Samuel del Campo intervino en defensa de esos 250 judíos polacos?

Porque el Gobierno de Chile se había comprometido a representar los intereses de Polonia, país ocupado por el Tercer Reich.

En este marco, remitió mensajes previsores a su Cancillería, advirtiendo sobre las deportaciones masivas de judíos ordenadas por el Gobierno del Mariscal Ion Antonescu. Además, sin esperar órdenes desde Chile, realizó gestiones humanitarias que excedían sus competencias. Lo hizo con un espíritu de justicia y solidaridad.

Cabe recordar que los Cónsules chilenos estaban sometidos a una instrucción denominada “Carta de Servicio” N°42, del 20 de diciembre de 1933, cuyo Anexo Confidencial, establecía una política migratoria restrictiva para ciertas nacionalidades, razas y religiones, entre ellas, la judía.

Por ello, la figura de Samuel del Campo se aprecia y se valora; no sólo debió enfrentarse a las autoridades nazis, sino que también se indispuso con el establishment de su propio Ministerio.

Tras terminar sus funciones en Rumania, de donde salió en peligrosas circunstancias, Samuel del Campo debía asumir como Cónsul General de Chile en Zúrich. Sin embargo, fue destituido, permaneciendo en Europa hasta su muerte, en París en los años ’60 del siglo pasado.

Hoy, los descendientes de los 1.200 protegidos por Samuel del Campo agradecen que ese anónimo funcionario público chileno, haya seguido sus convicciones humanitarias.

El comportamiento de Samuel del Campo debe servirnos de ejemplo; actitudes valientes destacan por sobre aquellas dóciles y complacientes hacia las autoridades de turno.

Para el Servicio Exterior chileno es un orgullo que el nombre de Samuel del Campo se una al de otro gran diplomático, Raoul Wallenberg, en la explanada del Museo del Holocausto en Jerusalén. Ambos nos recuerdan que la historia reconoce a quienes privilegian el bienestar colectivo, por sobre el ego individual.

Igualmente, debemos destacar la esforzada investigación de Jorge Schindler que no sólo convirtió a un ignorado funcionario de carrera en un ícono de la diplomacia, sino que mostró las capacidades de investigación y análisis de la diplomacia de carrera. Y ello, la Cancillería de un país, que por decisiones políticas, ha perdido 24.500 kilómetros cuadrados de patrimonio territorial en los últimos 27 años, es destacable.

Mayores antecedentes sobre lo relatado en esta columna, podrán encontrarse en el libro “Más allá de la diplomacia: la inédita historia de Samuel Del Campo”, obra de Jorge Schindler, que cuenta con el patrocinio de la Asociación de Diplomáticos de Carrera (ADICA).

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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