¡Qué lejos se van nuestros muertos!

Mientras el Papa recorría Chile, mientras el Banco Mundial revelaba sus verdades y confesaba sus culpas, los muertos en nuestro país, se dedicaban a viajar. Pocos se dieron cuenta, entre tanta convulsión informativa, del paro del Servicio Médico Legal (SML).

Algunos deudos,  frente a las puertas de la institución, esperaban que algún funcionario se apiadara de las almas de sus muertos, - dado el contexto papal, sólo cabía la esperanza de que afloraran aquellos sentimientos tan cristianos como son la piedad o la compasión, para que éstas no continuaran vagando y sus cuerpos pudieran ser debidamente “ritualizados” y despedidos.

El día lunes una dirigente de Cerro Navia me llamó acongojada por la muerte de un primo que había fallecido esa misma mañana en su lugar de trabajo, una escuela de la comuna. Producto del paro del SML, ninguna autoridad se apersonaba para levantar el cuerpo y este yacía fenecido ya durante varias horas en el recinto educacional.

Luego de algunas gestiones, un fiscal hizo lo que tenía que hacer y fuimos informados que el fallecido primo, por fin había sido trasladado a la morgue del hospital San José.

¡Qué tranquilidad para los entristecidos deudos!

Problema resuelto. A pesar del paro, la institucionalidad toda se moviliza y funciona. ¡Qué alivio!

Cuál no fue mi sorpresa, cuando recibo otro mensaje desesperado de la misma dirigenta, señalándome que la morgue del hospital estaba saturada y que su primo había sido trasladado a Linares. Una vez más, gestiones, averiguaciones, llamados, correos al ministerio de Salud, al cabo de los cuales otro llamado de la prima del primo occiso, me informaba que ahora al muerto lo estaban trasladando a Parral, con otra vez la esperanza, tan humana y cristiana, que este fuera su destino final.

No fue así. Terminó en Constitución.

¡Qué lejos se van nuestros muertos!

Así es no más. El Papa ya concluyó su visita, el economista estrella del banco mundial se desdijo de sus injustificados dichos - cuando se saca un trapito al sol, los demás trapitos pujan por salir también a la luz, así que es mejor volver a guardar el primer trapito.

Al parecer, todo debiera volver al orden y a la normalidad.  Y nuestros muertos, o  dejarán de peregrinar por el territorio nacional o, de tanto esperar, lo que ya parece tan normal, tendrán que irse de a pie. Amén.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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