Dependencia energética

Chile es un país dependiente del exterior en materia energética, puesto que importa cerca del 70% de su consumo energético, casi la totalidad del petróleo, carbón y gas natural que se consume es adquirida en el extranjero. Fue a partir de 1994 que la proporción de las importaciones en el consumo final de energía comenzó a aumentar, elevando la dependencia externa del país, lo que efectivamente importa una mayor exposición frente al riesgo de suministro y a la volatilidad de los precios internacionales.

Tal situación fue particularmente grave ante la realidad de un proveedor único, como fue el caso de las importaciones de gas natural proveniente de Argentina (el gas natural aumentó su participación en la matriz de consumo primario de energía de 9% en 1997 a 29% en el 2004).

Y fue, precisamente, la restricción de envíos de gas desde el país trasandino la que indujo una creciente participación del carbón a partir de 2005, combustible cuya disponibilidad es muy reducida a nivel nacional y que, por tanto, perpetuó la dependencia de suministro desde el exterior.

Dicho lo anterior, es importante destacar que la experiencia con el corte de suministro desde Argentina sí nos dejó una lección importante en materia de dependencia, cual es que no se puede confiar en un único proveedor. En este sentido, el énfasis de la política energética debe estar en la seguridad del suministro (entendido como la variedad de orígenes) y la diversificación de los proveedores (variedad de vendedores).

El carbón es un producto abundante en el mundo, barato y proveniente de distintos orígenes, incluso nacional. El GNL también se puede adquirir de distintos oferentes y así, de hecho, se ha diseñado el proceso de compra de las plantas de regasificación. El petróleo, en tanto, es un recurso existente en varios países, si bien la existencia de un cartel conlleva un manejo del precio internacional que no siempre responde a presiones de oferta y demanda.

Con todo, la dependencia energética debe abordarse por la vía de aumentar el número de proveedores de los combustibles, como se ha hecho vía inversiones en plantas de GNL de Quinteros y Mejillones, abriendo paso a la introducción de nuevas tecnologías en la matriz y aumentando la participación de recursos energéticos propios, como lo son las hidroeléctricas convencionales y las Energías Renovables No Convencionales.

Por tanto es de suma urgencia que los pre candidatos presidenciales asuman la responsabilidad en sus programas de trabajo de fomentar el uso eficiente de la energía promoviendo el cuidado del medio ambiente y de la electricidad, de tal manera que podamos decir en un futuro no muy lejano, de que somos un país energéticamente desarrollado y equitativo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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