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La Presidenta Bachelet ha propuesto al país una reforma de pensiones que se basa en aumentar innecesariamente las cotizaciones en un cinco por ciento con cargo a los empleadores, el  que sería administrado por un organismo estatal, que lo destinaría en su mayor parte al ahorro forzoso bajo la forma de “capitalización individual”, y el resto a mejorar pensiones bajo una indefinida fórmula de reparto “solidario” destinada en su mayor parte a las pensiones más bajas.

La propuesta es regresiva y recesiva y no mejora significativamente las pensiones, especialmente a la clase media.

Incrementa todavía más el  inmoral ahorro forzoso  al que están sometidos exclusivamente los trabajadores en el sistema de AFP, que equivale a tres de cada cuatro pesos cotizados, que se traspasan mes a mes al sistema financiero y no serán restituidos jamás puesto que las pensiones del mes se pagan con el peso restante y subsidios fiscales.

Este abuso no se toca ni a sus empresas administradoras, AFP y compañías de seguro relacionadas, que cada mes se embolsan uno de los pesos “ahorrados” en forma de comisiones y primas netas.

El mayor costo laboral recae  mayormente sobre las PYMEs que no recibirán nada de vuelta, a diferencia de los grandes grupos empresariales a quienes el sistema financiero traspasa mensualmente parte importante de lo recaudado, en forma de  préstamos y capital accionario.

Mientras tanto, la promesa de incremento de pensiones es de poco más de cuarenta mil pesos en promedio para las pensiones actuales, y se promete vagamente mejorar en cien mil pesos a quienes jubilen en tres décadas más. Por otra parte, la propuesta es recesiva puesto que el  incremento del costo laboral afectará el empleo y los salarios, como ha reconocido el propio Banco Central, lo cual resulta insensato cuando el país está iniciando una recesión que puede ser severa y prolongada.

La propuesta merece ser rechazada de plano. El país debe continuar exigiendo el término inmediato del sistema de AFP y cualquier otro esquema de ahorro forzoso, el traspaso inmediato de todos los afiliados al IPS reconociendo a cada uno la totalidad de lo ahorrado y lo cotizado en el futuro sin jugar a la ruleta de los mercados financieros, restituyéndolo en el cálculo del monto de sus pensiones mediante una fórmula parecida a la actual, pero suplementada desde hoy con cargo a las cotizaciones corrientes en un monto que permite duplicarlas en promedio en proporción a los salarios.

Es lo que han hecho los países que en años recientes han terminado con símiles de las AFP y, como demuestra la propuesta C de la Comisión Asesora Presidencial, presentada por la Profesora Leokadia Oreziak que recientemente impulsó dicho cambio en su Polonia natal, ello es sustentable hasta el fin del siglo ahorrando los actuales subsidios fiscales y sin aumentar las cotizaciones en la presente década, ni la edad de jubilación.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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