Hablemos de calidad educativa

Concluyó la reforma educacional 2014-2018, es de esperar que sigan nuevas reformas sustantivas. Reflexionar respecto de la labor educativa es en mi opinión una condición necesaria, primera, para recién ahí, comenzar a readaptar la institucionalidad vigente. Lo que seguirá a este eventual debate será crear o readaptar las instituciones, de manera que esto no quede en un mero ejercicio intelectual.

"No hemos abandonado aún el reino de la selección natural, en el que el cambio genético está por encima del cambio cultural" dice el historiador David  Christian. Esto quiere decir que nuestra biología se transmite naturalmente de generación en generación, mientras que nuestra cultura no. La cultura requiere de un proceso de socialización para que los individuos de una determinada sociedad puedan coexistir, entenderse y respetar el orden establecido.

El proceso de socialización tiene que ver finalmente con la construcción de lo que creemos cierto, verdadero, lo que asumimos, la forma en la que conocemos, lo que desafiamos y lo que acatamos, lo que valoramos de la vida, lo que premiamos y castigamos, lo que creemos justo e injusto.

Esto está dado por lo que Kuhn llamara los espirales del conocimiento, que son aquellas premisas epistemológicas (la forma en que conocemos lo que conocemos) que priman en la época en que vivimos.

Durante la Edad Media primó la doctrina teológica, que dio paso al proceso de Ilustración, el cual tuvo a la base el desarrollo de la ciencia, la valoración de la duda, la búsqueda de respuestas racionales a los fenómenos y una visión del conocimiento progresiva, es decir, que la acumulación y desarrollo del conocimiento podía acercarnos cada vez más a la verdad, en donde el cerebro pasa a ser la parte más importante de nuestro ser, ya que es éste el que puede, según la visión positivista de la realidad, aprehender lo que hay fuera de nuestra existencia en un mundo dado.

Bajo ese marco de ideas se crean las principales instituciones educacionales y se entra a la era moderna.

Se trataba de un nuevo orden social, Dios no era suficiente para explicar los fenómenos, el rol de los sacerdotes pasaba a los filósofos y sociólogos, y la escuela pasa a ser el instrumento por medio del cual se sociabilizan estas nuevas ideas, capacitando al hombre moderno para insertarse en la revolución industrial.

En este contexto, por supuesto que las materias que contemplaría la educación serían nociones mínimas de lenguaje, matemática y ciencia, teoría del capital humano.

Otros filósofos, los constructivistas, entienden que la realidad no está separada del individuo y no se va a aprehender, sino que es el individuo y los individuos en conjunto los que la construyen.

Se entiende entonces que la realidad y la verdad no son conceptos estáticos y que no hay una visión de progreso absolutamente lineal en torno al conocimiento. Esta corriente filosófica-sociológica, tiene otra visión respecto del rol de la educación, la cual señala que la capacidad individual y los antecedentes familiares son fundamentales a la hora de explicar el rendimiento escolar.

Los alumnos provenientes de clases medias son aquellos que tienen mayor posibilidad de éxito escolar, dado que en su proceso de socialización primaria han desarrollado las capacidades cognitivas, lingüísticas, los valores, actitudes y aspiraciones que concuerdan con la educación formal y el paradigma epistemológico de la época. Se considera entonces que la medición del rendimiento escolar y desempeño académico de los alumnos no es válido.

Lo delicado de la escuela como instrumento socializador es que ésta, históricamente, en razón de las calificaciones obtenidas por los estudiantes, ha definido lo que es correcto y lo que no, lo que es moral y lo que no, los niños y niñas, sociales y antisociales.

Los marca, así, con una simple nota es capaz de decir “tú no eres bueno para esto”, “tienes un problema severo”, “no encajas, no sirves para nada”, para matemática, lenguaje y ciencia, claro.

Decía Weber: “la función de la escuela no se limita a definir y delimitar la cultura legítima, sino que la impone como tal, y también crea hábitos de conducta puesto que forma a la juventud”.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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