La chacota en la Educación Superior también deja heridos

                                                                          

El caso Arcis deja huellas, como ocurre en cada ocasión en que interviene el ministerio de Educación. No cabe duda que se reitera que la institución gubernamental no tiene dedos para el piano en su gestión. La titular anuncia el pronto cierre de la Universidad porque no tiene viabilidad en las actuales condiciones lo cual, de acuerdo a los antecedentes conocidos, es la pura y santa verdad.

Sin embargo, la mención no va seguida por una acción administrativa encaminada a su ejecución, es un saludo a la bandera, que tiene por efecto la reacción del administrador  a cargo de la gestión de matricular los estudiantes necesarios para seguir remando en su ingrata tarea, con lo cual siente que la autoridad le aserruchó el piso, porque lo deja en la imposibilidad de cumplir su cometido, ya que ¿quién se va a matricular en una casa de estudios que la Ministra acusa su pronta desaparición?

El intento de aclaración que no dijo lo que dijo, porque la sacaron de contexto enreda más las cosas. Sin embargo, lo más insólito es la declaración del administrador provisional enmendándole la plana a la ministra.

Es muy probable que no se logre matricular a los nuevos alumnos que se esperaba, pero ¿qué sucede con los antiguos, que aún no han abandonado el plantel y serán perjudicados por el enredo?

Aquí aparece en escena otro personaje generoso, el rector de la Universidad de Chile, que parecería ser discípulo del Guatón Loyola por su capacidad de meterse en entuertos.

Ofrece acoger a los actuales alumnos de la Universidad Arcis, sin un análisis previo de sus condiciones académicas, similitud  de  los planes de estudios, nivel de exigencias y obligaciones que se les impondría. Además, ¿se les preguntó a los alumnos, su deseo de traslado?

Lo lamentable del caso es que el Rector Vivaldi señaló que a la Chile le interesaba mucho la sede de la Universidad en falencia, ubicada en Libertad 53. O sea ¿se trata de una operación comercial de trueque de alumnos por edificios? ¿Se averiguó si el inmueble está entregado en leasing o prendado? Después de este generoso impulso mercantil, ya empezó a moverse el piso y echarse pie atrás.

El tercer actor equívoco en la chacota es el Partido Comunista, pero a decir verdad serían algunos personeros que corrieron con colores propios, no es la institución la responsable, a pesar que  algunos parientes cercanos la han acusado como la ex rectora Elisa Neumann, académicos como Gabriel Salazar, Tomás Moulian y el financista Max Marambio, todos los cuales tratan de sacarse el pillo de la mala gestión, deslindando responsabilidades, incluso el Instituto Alejandro Lipschutz (ICAL), para lo cual recurrieron al financiamiento bancario para recuperar sus haberes, aunque fuera gracias al auxilio del cochino capitalismo financiero, movida que probablemente no habría agradado al prócer Lipschutz.

La salida fácil ha sido señalar que la Arcis era una institución diferente, diseñada para otra sociedad, no mercantilizada ni neoliberal como la actual; lo peor es que parecieran creerse el cuento y pensar que el resto son niños de pecho.

Quien la apoyó con entusiasmo fue Hugo Chávez, en la época de la revolución bolivariana y del alto precio del petróleo, que servía para financiar el bienestar de los venezolanos y las aventuras progresistas en Latinoamérica. No se conocen intentos de su sucesor para recuperar la inversión en estas tierras, a pesar de la desmedrada situación  de ese país y su necesidad de dólares.

Según un estudio de The Clinic, de mayo de 2014, La crisis de la Universidad Arcis que complica al Partido Comunista, “esto inevitablemente está arrastrando el conflicto hasta las puertas del PC, que hasta diciembre de 2013 controlaba la casa de  estudios”. Cuando se desata la crisis financiera en la Arcis, en el mes de esa publicación, se produce la fuga masiva de los financistas, incluso de los representantes del PC, que recién se habían incorporado al gobierno de la Presidenta Bachelet.

En realidad, se trató de un proyecto fallido en que no se logró entregar calidad académica, disponer de un plantel homogéneo en su nivel y un promedio de alumnos de antecedentes muy limitados.

El problema que enfrenta el Gobierno es reconocer que la figura de los administradores provisionales o interventores han tenido todo tipo de dificultades para cumplir sus misiones, como se refleja en el caso Arcis y en la Universidad del Mar.       

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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