El laberinto del Mal

Gabriela Mistral la primera mujer  latinoamericana que recibió el premio Nobel de literatura, en 1945, escribió sus hermosos poemas, inspirada en los niños chilenos. La  particular defensa por ellos, sobre todo por los mas carenciados se tradujo en una permanente denuncia por los maltratos que sufrían a diario los infantes del siglo pasado.

Chile entero se enorgulleció por tan merecido premio a una compatriota ejemplar,que aún no recibía el Premio Nacional  de Literatura el que le fue otorgado tardíamente en  1951, objetada por que sus bellos escritos, los que fueron siempre un grito de dolor e indignación por el trato que el Estado chileno le daba a sus hijos e hijas, en situación irregular.

Poco o nada, ha cambiado desde esa pretérita  época, han transcurrido más de siete décadas de aquella magna ceremonia. Peor aún, la sociedad actual es más indiferente que nunca, absolutamente des-humanizada, frente a este drama vergonzoso, de maltrato a la infancia desprotegida.

Los miles de casos  que hemos conocidos de abusos sistemáticos  a niños, niñas y adolescentes con  grave  violación a sus elementales derechos humanos nos debe llamar a una reflexión nacional. El Estado no está  cumpliendo con su deber de proteger al “stock” de estos indefensos, que han salido  de las garras de sus hogares mal constituidos para caer en el infierno de las instituciones públicas y/o  privadas del país, las que por ley debieran darles  la protección necesaria.

Las estadísticas son pavorosas, porque se trata de seres humanos desamparados, que pasaron a engrosar una carpeta-informe, que hasta ahora, fue guardada en un escritorio ministerial con la finalidad de esconder una cruda verdad, a fin de no levantar polvareda, ya que comprometía al gobierno de turno.

Nadie se salva de este laberinto del terror, cuya miseria compromete a ocho ministros de Justicia, siete Directoras del Servicio, desde los años 2005 al 2015. Ellos, ciegos, sordos y mudos, no fueron capaz  de poner atajo, a las 1.313 muertes, que conocemos hasta la fecha, ocurridas en instituciones de estos organismos dependiente del Sename, el que está facultado para dar máxima protección a los niños vulnerables.

La cuestionada, es cómplice por acción u omisión de estos abominables crímenes. Apenas tiene el 4% de los hogares, el 96 % lo administran sociedades particulares que, como se ha denunciado reiteradamente, solo persiguen un abyecto fin de lucro, sin importarles un bledo, el personal que contratan, los alimentos que reciben  y los enseres mínimos que deben tener.

La Contraloría General de la República emitió un lapidario informe sobre la forma que eran atendidos estos niños y niñas, en las distintas regiones del territorio nacional, salvo algunas escasas excepciones, la gran mayoría no cumplen  con las disposiciones y normativas, que emanan de los convenios contraídos, los que nunca fueron respetados menos fiscalizados.

Hasta cuando permitimos que una red de intereses particulares e instituciones, que son el núcleo de esta evidente tragedia, sigan abusando descaradamente, con fondos públicos de la suerte de los niños y niñas, que sin tener la menor culpa van a parar, por órdenes judiciales las más de las veces, a estas casa del horror.

¿En qué momento como país dejaron  de importarnos?

Chile firmó en 1990 la Convención Internacional de los Derechos del Niño, precisamente para defender a los menores en situación vulnerable, “el remedio fue peor que la enfermedad” la cantidad de niños muertos, sobre el millar, así lo constata.

Vladimir Lillo, muerto en extrañas circunstancias, la pequeña Lisette de apenas 11 años, muerta de pena, Guillermina, se colgó con los cordones de sus zapatos de escasos 16 años, la lista es tan larga, como la sucia conciencia de sus brutales carceleros, que gozan de plena libertad,  todavía trabajando en el sistema, sin que nadie le ponga el cascabel a este gato putrefacto.

Hay relatos de niños que se cubrían sus cabecitas con la almohada, para no ver ni escuchar los llantos de su compañero de litera, cuando venían los cuidadores, a violarlos en la cama de al lado, la pedofilia en estos recintos, es pan nuestro de cada día.

Los casos de niñas, de 13, 14 o 15 años que fueron prostituidas por una red de facinerosos, con el amparo y protección de los sostenedores, para comercializar los favores sexuales, al mejor postor, caso contrario eran sometidas a dolorosos apremios físico y síquicos.

Chile y Panamá son los dos países menos protectores de la infancia, según un informe de la Convención, por ello la propuesta de crear  la Comisión Nacional de Verdad y Reparación de los derechos humanos, violados en democracia, hecho calificado peor que los violados en dictadura, por obvias razones, debe ser ya, una respuesta seria al daño causado.

Piececitos de niños,

Azulosos de frío,

¡Como os ven y nos cubren

¡Dios mío!

Es el llanto de Lucila Godoy Alcayaga.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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