Educación y turismo, deuda pendiente

La actividad turística no es ajena a los impactos, sean estos positivos o negativos. El desarrollo turístico sostenible, cuya visión fue celebrada el pasado 2017 por la Organización de Naciones Unidas, busca minimizar las problemáticas que afectan a comunidades locales y al patrimonio natural y cultural.

Es quizás el turismo uno de los sectores de la economía que, con mayor fuerza, ha impulsado las practicas sostenibles. Chile, destino que en los últimos dos años ha recibido el galardón a mejor destino de turismo aventura (World Travel Awards, 2016,2017), coloca como énfasis en su propuesta de promoción internacional, la naturaleza como elemento diferenciador. Con timidez se desarrolla el valor agregado de nuestra gastronomía y de los pueblos originarios para vivir una experiencia turística memorable.

Pero ¿sirve de algo que un sector de la economía crezca, pero no se entienda a cabalidad el porqué? El turismo nos entrega la posibilidad no solo de maravillarnos con los espectáculos naturales, sino que además brinda la oportunidad de encontrarnos como seres humanos, compartiendo puntos de vista y reconociendo interesantes formas de vida.

Una deuda que poseemos como sector, es precisamente comenzar a educar a visitantes tanto nacionales como extranjeros. Nuestros compatriotas deben comprender la importancia de un viaje como un vehículo para incrementar la conciencia, cultura y desarrollo personal.

Ejemplos de malas acciones no son escasos de encontrar, como personas que no respetan señalética y terminan dañando Moais en Rapa Nui, o prenden fuego a cipreses en el Cementerio de Punta Arenas, el cual es Monumento Nacional.

A nivel mundial, uno de los ejemplos más emblemáticos lo encontramos en el reciente cierre de Maya bay, famosa playa en Tailandia que ha sido cerrada debido al daño provocado por turistas en sus arrecifes, los cuales se encuentran afectados en cerca de un 77%. 

Fue en 1999 y en nuestra capital, Santiago de Chile, en donde se proclamó el Código ético mundial para el Turismo y en 2017 y en una decisión histórica, se transforma este Código dando paso a una Convención Internacional.

Como sociedad, debemos comenzar a preguntarnos cuál es la razón principal por la cual viajamos a un destino y cual serán los compromisos que adquiriré para que cada una de las imágenes que quedarán guardadas en mi mente, sea de disfrute de las futuras generaciones.

Y también recordar que, aunque somos un sector que impulsa la sostenibilidad, no somos ajenos a la generación de impactos. De nosotros depende que estos sean mínimos. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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