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Aquella época del diario La Época

Los ciclos, inevitablemente se cumplen y los 30 años se parecen mucho a una generación. Si 20 "no son nada", como dice el tango, 30 ya permiten ser o hacer algo:."En la vida sólo se puede hacer una Época", confesó el segundo de sus directores, Ascanio Cavallo, en la cena bailable con que los trabajadores del periódico celebraron las tres décadas desde su primera edición, el 18 de marzo de 1987.

El tercero de sus directores, el actual ministro del Interior, Mario Fernández, recordó en la ocasión el inevitable conflicto entre la política y el periodismo, planteado en la determinación que debió tomar cierto día, en que competían por la portada dos fotografías: una del Presidente Frei Ruiz Tagle firmando un importante acuerdo de libre comercio con los Presidentes de la la Unión Europea, otra - exclusiva del diario - de un carabinero de civil infiltrado en una manifestación, esgrimiendo su revolver, con el Palacio de La Moneda de fondo. La lección, según Fernández le ha sido de gran utilidad en su posterior vida política. Por cierto, los editores optaron por el golpe periodístico. 

Probablemente, considerando el compromiso inicial planteado por el primer Director, Emilio Filippi, "a hacer un periodismo independiente, profesional y objetivo. Hacer un periodismo que quiere decir toda la verdad. Un periodismo serio y abierto para todos. Nuestro compromiso es defender su derecho a la noticia".

La cita presidió la celebración del 18 de marzo de 2017 en el Club Deportivo Juan Ramsay, ubicado en el 340 de la calle San Camilo (30 años antes), la hoy simbólica calle fray Camilo Henríquez, el cura periodista, fundador de La Aurora de Chile.

La última edición se publicó el día 24.7.1998. Fernando Molina, socio y Presidente del Directorio de la empresa editora por varios años, recordó que "fueron 11 años de lucha. La colección completa fue posible adquirirla cuando ocurrió el remate de los bienes de La Época por quiebra y se donó a la Biblioteca Nacional donde está conservado físicamente y también en microfichas".

El diario cubrió con gran profesionalismo los años postreros de la dictadura y los primeros años de la democracia. Sin embargo, desde sus inicios adoleció de dificultades financieras, tanto por la imposibilidad de allegar la totalidad de los recursos que el proyecto requería, como por el verdadero boicot publicitario que sufrió por parte de los grandes avisadores.

Sin embargo, el trabajo de periodistas, fotógrafos, diseñadores y otros técnicos y profesionales fue muchas veces heroico y pudo esgrimir logros notables - recordó Cavallo - como la mejor sección internacional de que tenga recuerdo, editada por Leonardo Cáceres; un equipo de fotógrafos de primer nivel, llegaron a pasar cerca de un centenar de ellos por La Época, bajo la dirección de Miguel Ángel Larrea; ediciones especiales de gran calidad y envergadura como aquella del plebiscito del 5 de octubre, la portada del día 6 fue un símbolo esgrimido por las calles por los danzarines transeúntes; un suplemento de Literatura y Libros, el primero en su género, adelantándose a Libros de El Mercurio, del que recordó especialmente a los fallecidos Mariano Aguirre, Alfonso Calderón y Carlos Olivaréz.

La Época publicaba un suplemento dominical de imperdible actualidad política y entrevistas exclusivas. Material que sin duda tributaba al silencioso trabajo de tres de sus editores: Oscar Sepúlveda, Manuel Salazar y el propio Cavallo que restaban horas al descanso para escribir el libro "La historia oculta del régimen militar", 900 páginas de consulta ineludible sobre el período, que fuera continuado por el propio Cavallo en "La historia oculta de la transición".

La celebración, con baile, tazones y posavasos conmemorativos y mucha energía, fue organizada por Julio Palacios, que recordó las dificultades tecnológicas y humanas de la producción del periódico, la periodista Mirna Concha y el reportero gráfico y profesor Miguel Ángel Larrea y no estuvo exenta de recuerdos amargos como cuando la sección deportes dio por perdedora a la UC en un partido que había ganado merecidamente o cuando - sistemáticamente - la sección de servicios erraba el dígito de la patente que debía restringirse y que solía reunir decenas de acalorados conductores en la sala de redacción, esgrimiendo sendos partes por violación de la restricción automotriz.

Avatares de dulce y agras de un diario que, a no dudarlo, cumplió una formidable misión en la recuperación democrática y que muchos extrañan, siendo, probablemente, el último medio en el que rompieron lanzas quienes creían que los medios deben ser vinculados a un partido político, como antaño lo aseguraba nuestra Constitución, o debían ser completamente independiente de aquellos. 

Un debate que parece no haberse cerrado.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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