Chile, donde pensar distinto está prohibido

Matías Coloma Arriagada, es un joven rapero chileno de 20 años de la comuna de Talcahuano, ex presidente del Centro de Estudiantes del Liceo A-21, quien trabajó durante todo el mes de diciembre y enero vendiendo frutos secos y helados, además copia de sus discos de rap, para irse ‘mochileando’ desde Concepción hasta Venezuela, en una aventura para conocer Latinoamérica.

Ahí conoció países como Perú, Ecuador, Colombia y su destino final Venezuela, donde estuvo durante más de dos meses conociendo ciudades como San Antonio de Táchira, Aragua y la capital del país caribeño, Caracas.

El joven estudiante, es militante de Izquierda Libertaria una de las fuerzas que componen el Frente Amplio, lo que lo motivó a conocer más sobre el proceso bolivariano de Venezuela debido a su afinidad política e ideológica. Allí estuvo presente en la conmemoración de los cuatro años de la muerte del Presidente Hugo Chávez, además conoció a dirigentes y militantes del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV) con quienes pudo compartir historias y vivir insitu el momento político que vive dicho país hermano.

En su viaje, compró y adquirió diversos libros sobre historia y folletos sobre las políticas públicas de Venezuela. Todo normal hasta ahí, salvo que los libros jamás pudieron ingresar a Chile. Fue en el Paso Fronterizo de Los Libertadores - ya que se vino en bus - donde funcionarios de la Aduana incautaron la totalidad de los libros que Matías traía a Chile para compartir y regalar a modo de compensar a muchos de sus amigos que le aportaron para poder solventar el viaje.

Si bien, Matías reconoce que cometió el error de no declarar los libros en el formulario de entrada en la Aduana, debido a la falta de conocimiento al tratarse de su primera experiencia viajando al extranjero, nunca imaginó lo que le iba pasar: cuando el personal aduanero se percató de que traía libros de Venezuela, muchos con imágenes del comandante Hugo Chávez u otros sobre historias de autores y artistas de ideología de izquierda, sus libros fueron requisados por el personal siendo llevado a la Policía de Extranjería donde se le notificó que estaba cometiendo el delito de contrabando y se informó a la Fiscalía siendo puesto en libertad y a la espera de citación.

Sin embargo, esto no llega hasta ahí, toda vez que el trato recibido de parte de funcionarios de la Aduana, tal como relata, fue discriminatorio por tratarse de libros de ideología marxista, motivo por el que le arruinaron los afiches que traía de recuerdo y fue amenazado con afirmaciones tales como “vete al régimen chavista”, “te vas preso por extremista”, entre otros epítetos.

No parece justo en un país que dice respetar las libertades, trate de esta manera a sus ciudadanos. No es justo que los libros que hablan de neoliberalismo puedan circular libremente - sin discriminación alguna - y libros sobre marxismo u otro tipo de ideologías sean cuestionados o motivos de un mal trato. El actuar de funcionarios de Aduana no se ajusta a derecho y constituye una discriminación por motivos ideológicos, que no puede ser aceptada ni mucho menos naturalizada por las autoridades.

Pero lo más grave, sucede cuando un canal nacional, hace un reportaje a Matías, donde se muestra la portada del libro “Antifada volatil y explosiva” de Luis Díaz, libro de poesía, que relata la historia de un joven rapero y la construcción de sus líricas poéticas convertidas en rap, dando a entender que se trata de un manual para la confección de bombas, en una estrategia de manipulación psicológica y comunicacional inaceptable.

Pero este no es el único caso de discriminación, violación a la libertad de pensamiento y censura que ha ocurrido en Chile. Son diversos los casos similares, entre los que destaca lo ocurrido a la ex congresista colombiana Piedad Córdoba quien fue abordada por la Policía de Investigaciones en el aeropuerto de Santiago, siendo tildada como un "peligro para la seguridad nacional".

Piedad Córdoba venía a Chile invitada por la Fundación José Martí para realizar una visita y realizar diversas actividades entre conferencias en universidades del sur del país y reuniones con dirigentes mapuches. Por este motivo, fue asediada por la Policía por lo que Córdoba se devolvió inmediatamente a Colombia, en lo que fue un bochorno de escala internacional.

A esto se suma al caso de los tres jóvenes  peruanos que fueron expulsados de Chile en enero de este año, luego de que el Departamento de Inteligencia de la PDI detectara que venían a participar de un foro internacional llamado “Derribando Fronteras”, siendo deportados desde Antofagasta.

También fue el caso de Lorenzo Spairini, periodista italiano becado por la Unión Europea (UE) para trabajar en Chile, quien fue expulsado del país por orden del ministerio del Interior y el Intedente de Santiago Claudio Orrego, tras haber sido “detectado en diversas actividades anti sistema, alterando el orden social del país y constituyendo de esta manera un peligro para el Estado”, en circunstancia que se encontraba realizando asesorías comunicaciones a organizaciones sociales y sindicales, como la Asociación Regional Metropolitana de Trabajadores y Trabajadoras de Sename (Armetrase), donde producía material audiovisual sobre sus huelgas y manifestaciones.

No puede dejar de venir a mi mente, junio del año 1982, cuando en el auditorio de Lenguas de la Universidad de Concepción, luego de leer un poema a Pablo Neruda, fui citado al DACAE (Dirección de Asuntos Estudiantiles de la dictadura militar) donde fui sancionado con la suspensión, todo, por  leer un poema de mi autoría dedicado a Pablo Neruda que decía algo así como ‘sabrán tus fríos huesos, llevados contra tu voluntad a un frío nicho en el cementerio general, que tu querías estar en Isla Negra...’

Considero que esta situación obliga a revisar la actual ley de extranjería, elaborada - por cierto - el año 1975, en específico su artículo 15, norma que señala que no podrán ingresar al país quienes “propaguen o fomenten de palabra o por escrito o por cualquier otro medio, doctrinas que tiendan a destruir o alterar por la violencia, el orden social del país o su sistema de gobierno”.

Esto también se aplica para “los que estén sindicados o tengan reputación de ser agitadores o activistas de tales doctrinas y, en general, los que ejecuten hechos que las leyes chilenas califiquen de delito contra la seguridad exterior, la soberanía nacional, la seguridad interior o el orden público del país y los que realicen actos contrarios a los intereses de Chile o constituyan un peligro para el Estado”.

Esta normativa, va en sentido contrario a lo establecido en la ley anti discriminación, más conocida como Ley Zamudio, que en su definición de discriminación arbitraria dice que es "toda distinción, exclusión o restricción que carezca de justificación razonable, efectuada por agentes del Estado o particulares...por motivos de raza o etnia, la nacionalidad, la situación socioeconómica, el idioma, la ideología u opinión política, la religión o creencia, la sindicación o participación en organizaciones gremiales o la falta de ellas, el sexo, la orientación sexual, la identidad de género, el estado civil, la edad, la filiación, la apariencia personal y la enfermedad o discapacidad".

Espero que los librepensadores y todos aquellos que dicen estar por el respeto de las libertades individuales, rechacen con fuerza estos hechos y legislemos para derogar los enclaves autoritarios heredados de la dictadura, y que de una vez se respete la libertad de pensamiento y de expresión, para que nadie se pueda ir preso por portar un libro o pensar distinto, que a nadie se le impida tener el sueño de transformar el mundo o de expresarse libremente.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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