Chile, zona de inmigrantes

Somos un país que está cambiando y nuestras fronteras cada día reciben más extranjeros que llegan con la idea de quedarse. Hoy el 2,7% de la población en Chile es inmigrante, cifra que se ha triplicado en la última década, superando los 600 mil extranjeros. Esta realidad nos plantea desafíos, en especial a quienes vivimos en la frontera porque tenemos el deber de velar tanto por el bienestar de nuestros compatriotas, como por el de quienes llegan a convivir con nosotros.

La Región de Arica y Parinacota es la segunda con el más alto porcentaje de inmigrantes en relación a su población total, alcanzando un 5,8%. Existe un significativo cambio en la composición del universo de inmigrantes. Sigue siendo la colonia peruana la mayor, pero sorprende que a la llegada de vecinos bolivianos, argentinos y peruanos, ahora se sume el arribo de haitianos, venezolanos, colombianos y dominicanos. Comenzamos así a convivir con la multiculturalidad. Crece la población extranjera en número y en diversidad. Los desafíos que esto plantea son variados y crecientes.

Nuestra actual Ley de Extranjería data de 1975, por lo mismo, necesita replantearse y modernizarse, más todavía considerando que fue elaborada en periodo de dictadura y que su orientación estaba enfocada a evitar el ingreso de personas que se estimaban un peligro para el país.

Hace poco la Presidenta de la República envió al Parlamento el proyecto de la nueva Ley de Migraciones. Por lo tanto, es este el momento de dejar atrás prejuicios y abrirnos a la oportunidad de tener una sociedad más diversa e inclusiva, pero con las normas que nos permitan ordenar el ingreso de extranjeros, a quienes el Estado le pueda ofrecer oportunidades reales y concretas.

La iniciativa tiene cuatro ejes: un sistema de principios, derechos y deberes; la regulación del ingreso, salida y las categorías migratorias; un procedimiento administrativo sancionatorio y un sistema nacional de política migratoria, con el fin de evitar que las personas sean víctimas de redes de tráfico o de trata.

Además, establece un catálogo de causales de prohibición de ingreso y de expulsión del territorio nacional. Todas normativas y regulaciones necesarias para lograr una sana convivencia y que la llegada de extranjeros se convierta en una oportunidad para ellos y también para nuestro país. Entregando la seguridad necesaria en todos los casos.

Es relevante que se facilite el acceso y también que se asegure que los derechos sean reconocidos y respetados. Pero esto debe estar en estrecha relación con la capacidad real que como país tenemos de atender y fomentar la inserción. Debemos trabajar también por una integración real y somos justamente quienes tenemos cargos públicos y de servicio los que debemos dar el ejemplo y no discriminar.

Quienes vivimos en la frontera norte del país hemos aprendido a convivir con esta multiculturalidad de la que hablo y vemos como la inmensa mayoría de quienes llegan del extrajero se insertan en la región. En términos de delincuencia, según un informe del INE del 2016, sólo el 1,8% del total de imputados del año previo correspondió a extranjeros, derribando el mito que la delincuencia se asocia a la llegada de inmigrates.

Debemos trabajar por la inclusión, integración y por contar con una política migratoria que responda a los problemas del siglo XXI.

Es tarea de todos el luchar tanto por los derechos de los inmigrantes y por asegurar que estos vivan en nuestro país de acuerdo a nuestra legislación y costumbres.

Los desafíos que presenta la inmigración se deben discutir con seriedad y responsabilidad, y evitar, tal como lo dijo la Presidenta Michelle Bachelet, hacer de “la retórica del odio un elemento de campaña”.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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