Don Patricio

Impresionante el reconocimiento transversal que ha recibido en estos días el Presidente Aylwin. Esto parece indicar que su contribución a la historia de Chile resulta más valiosa que sus eventuales errores en su largo accionar político que es lo único que podemos analizar.

Ya sabemos que ha sido un hombre de familia y un chileno probo de características excepcionales y que sólo podemos admirar.

Me llamaron la atención, sin embargo,  en estos días, las opiniones de dirigentes estudiantiles, secundarios y universitarios, – nacidos en democracia – y orgullosos de movilizarse hoy en día por reivindicaciones que estiman justas. Uno esperaría una sólida preparación de estos dirigentes y un adecuado conocimiento de la historia nacional para cumplir con responsabilidad su rol de liderazgo social.

Básicamente, sus cuestionamientos dichos como slogan y sin fundamentación son tres: el rol de Aylwin durante el gobierno de  la Unidad Popular como “instigador y promotor del golpe”; el hecho que "la  alegría no llegó con su gobierno” y su afirmación de “justicia en la medida de lo posible” que representaría una transacción en materia de derechos humanos y explicaría que “no se avanzara” en esta materia.

Suponiendo que a todos interese hablar con verdad en estos temas quisiera referirme a esos cuestionamientos.

Partamos de la base que todos aceptamos que era legítimo discrepar democráticamente del gobierno del Presidente Allende y que eso no nos convierte automáticamente en “golpistas o conspiradores”.

Una carta de Allende a Aylwin, pocos días antes del golpe y conocida recientemente, en que hay un claro reconocimiento al liderazgo de la DC como cabeza de la oposición democrática y a la necesidad de proseguir el diálogo democrático para evitar una catástrofe bastaría para descartar este infundio.

Quisiera agregar que habiendo tenido el privilegio de conocer algún comentario respecto de dichos graves momentos de nuestra historia de parte del Cardenal Silva Henríquez me quedó la impresión que no había reproches a ambos protagonistas principales en el sentido que a los detractores de Aylwin interesaría.

Más bien sabemos que políticamente, los principales detractores del diálogo como una fórmula de salida a la inminente crisis institucional estaban en el campo del Presidente Allende. El gesto histórico y respetable de Carlos Altamirano al concurrir al velorio en el ex-Congreso Nacional y montar guardia por algunos minutos junto al féretro de Patricio Aylwin y su comentario "nos equivocamos...", debiera servir para cerrar este tema de la discusión.

Cosa distinta, es la reacción de Aylwin, con posterioridad al golpe militar, y sus comentarios y explicaciones acerca de la inminencia de la intervención militar y sus expectativas respecto de un rápido retorno a la democracia.

Más que una ingenuidad como ha reconocido en estos días el senador Zaldívar, la verdad es que no sólo las declaraciones de don Patricio sino que las del ex Presidente Frei Montalva y otros dirigentes DC, constituyeron un error político inexcusable que ha sido entendido y utilizado como un elemento de justificación del golpe militar.

Somos parte de los militantes de la DC que nunca nos explicamos la gravedad del error político cometido por nuestros líderes ni nunca aceptamos eventuales explicaciones. Nuestra lealtad y solidaridad está, en cambio, mucho más con los 13 camaradas que firmaron una carta clara de rechazo a la intervención militar "condenando categóricamente el derrocamiento del Presidente Constitucional de Chile".

Este juicio político, que el mismo Don Patricio reconoció con posterioridad como equivocado, y expresado con posterioridad al golpe militar,  no lo transforma en cualquier caso en promotor ni instigador del golpe.

Estos jóvenes nacidos en democracia afirman, para justificar su crítica a Patricio Aylwin, categóricamente que, con su gobierno,  "la alegría no llegó". Ellos como jóvenes estudiosos debieran saber que la alegría se define como "un sentimiento grato y vivo producido por un motivo placentero que normalmente suele manifestarse con gestos exteriores".

Baste recordar la noche de diciembre de 1989 en que, al confirmarse el triunfo de la candidatura presidencial de Aylwin, la alegría se desbordó en plazas y calles de la Patria hasta el día siguiente a mediodía. Me imagino que los propios familiares de estos jóvenes expresaron y fueron parte de esa alegría. La alegría es un maravilloso sentimiento humano que se produce frente a algún acontecimiento que nos toca el alma.

Seguramente los que encontraron trabajo, los que salieron de la pobreza, los que pudimos mandar a nuestros hijos al colegio sin amenazas permanentes de secuestro, los que pudieron regresar a la Patria, los que pudieron reconocer en pequeños y cotidianos actos el rostro de la libertad, son miles que pudieron tener distintos acontecimientos que generaron alegría a lo largo del gobierno de don Patricio.

Por nuestra parte, por ejemplo, sentimos que siendo designados miembros de una Junta Directiva de una Universidad pública, contribuimos decididamente al término rápido de los Rectores Delegados y generamos una inmensa alegría en toda la comunidad universitaria.

Nadie prometió que viviríamos en un mundo irreal bailando y saltando todos los días. En vez de desconocer la evidencia histórica recomendaría a estos jóvenes que trabajen para producir acontecimientos que generen nuevas alegrías, iguales o superiores a la que llegó esa noche, y se instaló para muchos.

La alegría no es un sentimiento permanente ni rígido, se construye en referencia a su entorno y a cada momento de nuestra historia. ¡Y qué bueno que habrá para nuestros hijos y nietos nuevas y muchas alegrías!

También, lacónicamente pero con firmeza, rechazan la afirmación de don Patricio referida a la "justicia en la medida de lo posible". Muchos otros contradicen también esta afirmación. Sin embargo, con un poco de serenidad y sin pertenecer al ámbito de lo jurídico, nos atrevemos a decir que siempre "la justicia se hace en la medida de lo posible".

En caso contrario, no se entendería el rol de los abogados defensores y todos quienes cometieran delitos recibirían siempre el máximo de la pena  correspondiente a la magnitud del mismo. No obstante, en lo concreto fue conocido el Informe Rettig, el Presidente de la República en nombre del Estado pidió perdón a las víctimas, se descubrieron fosas con restos de detenidos desaparecidos, el Poder Judicial tuvo que iniciar la investigación de muchos de los hechos denunciados, el Jefe de la CNI pudo ser detenido y privado de libertad aunque no en el recinto que muchos hubiéramos deseado, muchos de los detenidos en dictadura acusados de crímenes y terrorismo fueron liberados y extraditados pero salieron de la cárcel en que se encontraban sin mínimas normas de debido proceso y, finalmente, lo que no es menor, el Poder militar tuvo que someterse al poder civil.

Los que critican este camino y parecen no valorar algunos de los ejemplos mencionados nunca plantean alternativas que hubieran sido más consecuentes o más justas en el escenario pos-dictadura. Este camino central para la transición ha sido reconocido y valorado también internacionalmente. Por supuesto que legítimamente las víctimas y sus familiares tienen derecho a querer más reparación y justicia pero nadie desconoce realmente estos avances claves.

Nuestro comentario no apunta, por supuesto, a pretender  que  la vida política y el gobierno del Presidente Aylwin no puedan ser legítimamente criticados.

Quisiera solamente invitar a los jóvenes de hoy  a ser consecuentes. A no cometer el error de quedarse en los slogans y demandas de los 60. Mirar el pasado con los ojos de hoy es no sólo un grave error sino que una gran irresponsabilidad. Ojalá enfoquen sus esfuerzos y talento en otear el porvenir y construir el futuro con nuevas alegrías a las que tienen derecho sin desconocer ni olvidar las lecciones de nuestra historia.

Como ha dicho el Presidente Lagos, "vivíamos en un Chile polarizado". Evitemos reconstruir tal entorno y aspiremos mejor a un camino de unidad y de mayorías para construir la Patria justa y buena para todos los chilenos a que aspiró don Patricio.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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