Eduardo Engel, el gran culpable

John Müller acaba de desafiar un supuesto bien establecido en la ciencia política: que los actores políticos no inciden en la toma de decisiones. Todavía más, sostiene Müller que no solo los actores políticos no tienen ningún peso, sino que además las reformas políticas aprobadas en este gobierno son obra de una persona con nombre y apellido, el economista Eduardo Engel.

En efecto, en una columna de El Mercurio (5 de octubre, 2017), sostiene en forma categórica que “pocos candidatos hablan bien de las reformas de Engel ahora que las están sufriendo”. La primera pregunta es si las reformas son de Engel.

Con todo el respeto que le tengo a Eduardo Engel, constituye una exageración atribuir a la obra de una sola persona, incluso a una sola Comisión, el resultado de las principales reformas que se han impulsado al vínculo dinero-política desde el retorno a la democracia. Pero, además, este juicio no se condice con la realidad por varias razones.

Como bien Müller debe saber, el informe de la Comisión Engel contiene más de dos centenares de recomendaciones genéricas o principios que requerían convertirse en proyecto de ley. La Comisión no redactó un proyecto de ley por lo que difícilmente podría hablarse de las “reformas de Engel”. 

Fue el poder Ejecutivo quien redactó proyectos de ley o envió indicaciones a proyectos de ley en discusión en el Congreso acogiendo algunas de las recomendaciones pero no consideraron muchas de las propuestas. Posteriormente, el Congreso en su conjunto (120 diputados y 38 senadores) debatió arduamente cada una de las proposiciones del Ejecutivo. Los parlamentarios presentaron varios cientos de indicaciones en cada una de las propuestas de gobierno.

Entonces, asumir que la reforma política es fruto de un solo hombre parece ridículo a la luz solo del pormenorizado análisis del proceso legislativo.

Pero, supongamos que Müller tiene razón por un momento y asumamos por un instante que es posible que un solo hombre sentado en su torre de marfil impacte gravitantemente en el sistema político, la pregunta entonces sería, ¿en qué gravitó Engel? 

Una de las principales recomendaciones de la Comisión Ángel, con voto dividido por cierto, fue eliminar los aportes de las empresas a las candidaturas políticas. El resultado final fue, en efecto, la eliminación de aquellos aportes.  ¡BINGO!

Sin embargo, aquella idea no fue original de la Comisión. Si analizamos detenidamente la historia de la ley vemos que el gobierno en su proyecto original de diciembre de 2014 propuso precisamente la eliminación de los aportes de empresas a las campañas. De hecho, antes que la Comisión fuese establecida ya existía consenso entre los actores políticos de lo inconveniente de aquellos aportes. 

Sostiene Müller que el gran perjudicado con las “reformas de Engel”, fueron los independientes al indicar que, “lo llamativo es que los que más se quejan son los independientes o los que tienen conciencia de que la supuesta búsqueda de la igualdad de oportunidades se ha transformado en una manera de blindar a los políticos de siempre”. 

Pues bien, la Comisión Engel realizó una serie de propuestas asociadas precisamente a reducir las barreras de entrada para los grupos emergentes. Se propuso por ejemplo establecer mecanismos de anticipo de dineros para quienes participaran como independientes; una franja radial pública para facilitar el acceso a medios de comunicación; transporte público gratuito el día de la elección dado que los incumbentes suelen acarrear gente ese día. Estas medidas no suscitaron el interés ni del Poder Ejecutivo ni menos de los legisladores.

Müller tiene razón en una cosa, que los “políticos de siempre” (los incumbentes) buscan mantener su situación de privilegio y por lo tanto harán todos los esfuerzos posibles por favorecer normas que los beneficien. Si hay una ley en la política que funciona es que los poderosos buscan mantenerse en el poder. 

Por lo mismo, Müller equivoca su diagnóstico al responsabilizar a alguien que, desde una torre de marfil, diseñó un cambio en las reglas del juego.

Los responsables de ese cambio fueron los actores políticos que negociaron y aprobaron las reformas y tales actores tenían - no podría ser de otro modo -fuertísimos incentivos de transformar las reglas en su propio beneficio.

Por lo mismo, lo sorpresivo e interesante de analizar es por qué a la luz de las reformas aprobadas, los actores aceptaron reducir ciertas cuotas de poder o ciertos privilegios. Y aquello muy probablemente tampoco tiene que ver con la torre de marfil de Engel.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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