El legado de Tomic, la unidad del pueblo

Radomiro Tomic es una de las más carismáticas figuras políticas chilenas del siglo XX, con un fuerte carácter, una aguda inteligencia y una visión de futuro como pocos políticos del siglo pasado. Se conmemora su partida en estos días de caluroso estío, emprendió su gran vuelo un 3 de enero de 1992 a la edad de  77 años, con una rememoración de su mensaje.

Fue una destacada persona en los diversos procesos políticos que le tocó vivir, su imagen cobra cada vez más vigencia por diversas razones y temas que están abiertos en pleno siglo XXI.

Su lucha por la nacionalización y renacionalización del cobre o sus propuestas de una nueva Constitución Política para Chile, a través de un sistema participativo, son solo dos ejemplos de temas que tienen plena vigencia en el Chile actual, donde su profunda mirada aun nos deja muchas enseñanzas.

Pero tal vez la más importante enseñanza sea la necesidad de la unidad social y política del pueblo. Fue una de las tesis centrales de su candidatura a Presidente de la República, en las elecciones de 1970, planteada con más de un año de anticipación a la elección, la cual consistía en la búsqueda leal de un acuerdo de varios partidos de centro izquierda, para dar a Chile un gobierno que tenga una abrumadora mayoría en la base social y a nivel institucional.

Planteaba un gobierno que representara auténticamente la voluntad del pueblo, señalaba que nadie es dueño de Chile sino que es de los chilenos [y chilenas]. Reafirmaba que cuando esa mayoría abrumadora se manifestara, tenía que ser en el Gobierno, en la Cámara de Diputados, en el Senado, en las universidades, en las organizaciones intermedia de la sociedad y en los medios de comunicación, para llevar adelante la profundización del proceso democrático que implicaba la transformación de Chile y la construcción de una sociedad comunitaria, socialista, pluralista y democrática, dicho en palabras del propio Tomic.

La historia ya es conocida. Su tesis de la unidad política y social del pueblo fue rechazada por diversos dirigentes de los partidos de izquierda, plasmada en la famosa frase de ¡Con Tomic ni a misa!, a pesar de la insistencia del candidato presidencial de la DC.

Hoy, en pleno año 2018, donde la oposición al gobierno de derecha se va conformando con varios partidos políticos, movimientos y coaliciones, las enseñanzas de Tomic parecen más relevantes y vigentes que nunca.

El Frente Amplio se debate en una disyuntiva de un proceso de construcción de identidad, por un lado, o de tener que articularse con otros sectores aportando a la unidad política, estratégica y programática, por otro, como lo han manifestado algunos y algunas de sus liderazgos. Parece ser que escuchar a un viejo político progresista del siglo veinte, como Tomic, constituye un ejercicio necesario de humildad intelectual y política.

La Nueva Mayoría tiene que resolver como enfrentar un proceso de unidad a partir de una autocrítica, el sonido de las palabras de Tomic es un recordatorio para no comenzar cometiendo los mismos errores de antaño, con nuevos personajes y antaño sectarismos.

Lla Democracia Cristiana tiene que definir su norte y futuro en un VI Congreso Nacional, con un debate histórico sobre seguir el camino propio o la unidad social y política del pueblo chileno.

La figura de Tomic no solo tiene que ser un buen recuerdo y homenaje, sino una fuente de inspiración para el pensamiento humanista cristiano, donde su centralidad es la persona humana, participando en un pueblo conciente de sus derechos y de sus fuerzas, donde la primera piedra la constituye la unidad.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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