Elecciones: DC, comunismo y la opción por los pobres

Hace ya muchos años, en 1954, cuando vivía en la Población Quinta Bella de El Salto, trabajaba con un sacerdote jesuita, el padre Alfredo Waught, en la Capilla Automóvil “Jesús el Buen Pastor”. Era una camioneta Chevrolet modelo 52 que sobre su cargador tenía un altar y que al levantar la carpa que lo cubría servía para celebrar la misa.

Eran muchas y diversas la poblaciones que recorría. El domingo llegábamos a la Población Dávila y por los altoparlantes de la Capilla íbamos anunciando “…a las 11 la Santa Misa en Alhué esquina de Huequen” y allí se reunía la gente. Pero la Quinta Bella y la Dávila no eran las únicas.

También eran muchas “callampas” como la Colo Colo a orillas de las vías del tren a Valparaíso, o la del Zanjón de la Aguada, que se incendió totalmente y que fue origen de la Victoria. No sólo Misa, llevábamos cine, deportes, teatro, amistad. Se trabajaba con los pobladores intensamente, con los pobres a los que Cristo había dado prioridad en sus tareas pastorales antes de ser asesinado por el Imperio.

Esa tarea me hizo comenzar a buscar una actividad política que de alguna manera repitiera la frase de Jesús citada por Lucas, “…he venido a anunciar la Buena Noticia a los pobres”.

En esa búsqueda me topé con la Falange Nacional de la cual Emilio Mac Namara era su presidente allí en la comuna en que yo vivía, Conchalí.

Las primeras cosas que conocí eran el profundo compromiso con los pobres y su clara posición, que podríamos llamar, de cristianos de izquierda.

Su fundador Eduardo Frei había renunciando a su cargo de ministro de Obras Publicas y se retiró junto al Partido Comunista del Gobierno que presidía Juan Antonio Ríos (1945), después de la represión policial conocida como la Masacre de la Plaza Bulnes, donde murieron seis trabajadores, la joven comunista Ramona Parra la más emblemática, y que dejó un gran número de heridos. La movilización obrera se había producido después que el Gobierno anulara la personería jurídica de los sindicatos de las Oficinas Salitreras Mapocho y Humberstone.

También me enteré que junto a los comunistas, unos pocos radicales, algunos socialistas, la Falange Nacional había votado contra la llamada “Ley Maldita” que puso fuera de la ley al Partido Comunista y permitió llenar el campo de concentración instalado en Piragua, revivido décadas después por la dictadura de Pinochet, que permitió encarcelar a miles de militantes de ese partido. Asimismo logré saber algo que me preocupaba. ¿Qué relación ideológica había entre esta Falange Nacional chilena y la Falange española que apoyaba a Franco? Supe entonces la historia, que años más tarde me confirmó mi gran amigo Alberto Jerez.

Cuando los muchachos que fundaron ese partido estaban dando sus primeros pasos, eran frecuentemente víctimas de palizas que se encargaban de darles sus compañeros conservadores que no compartían eso que Jesús decía “…dichosos vosotros, los pobres, porque vuestro es el Reino de Dios”, de la manera que Jesús entendía el Reino de Dios. Justicia, igualdad, derechos y libertad.

Por ello un día en la oficina de Ignacio Palma, éste decidió la formación de unas falanges militarizadas para defenderse. Ahí nació el nombre y también la flecha roja, para darles de puñetes a los momios.

La declaración de principios de la Falange hacía una clara opción por los pobres, así que decidí que para mí, ése era el partido para construir una patria justa.

He estado leyendo y escuchando algunas controversias de militantes de la Democracia Cristiana sobre el votar o no votar por Alejandro Guillier ya que es apoyado por los comunistas. ¿Cuál es el problema por eso?

La DC ha tenido un largo debate ideológico con el comunismo a través de los años, pero jamás ha dejado de actuar con ellos cuando los objetivos han sido los mismos, justicia social, libertad económica, independencia política. 

Hemos sido por largos años y muchas veces adversarios políticos, pero también hemos tenido por largos años objetivos comunes por los que hemos luchado tomados de la mano. Quienes niegan esto es por que ingresaron al partido por objetivos que no son los enunciados.

Quienes están decidiendo votar por la derecha es porque siempre fueron derechistas y aprovecharon la inmensa fuerza del PDC para sus fines personales o son aquellos a los que le vejez ya les trajo la senectud.

Hay otros “viejos ilustres” como Renán Fuentalba, con cien años de vida o Mariano Ruiz-Ezquide que además significan los caminos por donde ha transitado la ex Falange y ellos votan Guillier.

O sea, sólo a los que le afecta la senectud podríamos pensar que están liberados del juicio de traidores al mensaje de la Opción por los Pobres. Pobres, para la interpretación cristiana, por lo tanto para el partido que se denomina Demócrata Cristiano, son ante todo los pobres socio-económicos, los marginados. Los postergados y ultrajados por el capitalismo.

La conclusión es clara y definitiva. Más allá de que haya sido errada o no la estrategia del Partido en las Presidenciales, hoy sus militantes y simpatizantes si de verdad son militantes y si son consecuentes con su simpatía, no pueden “inventar” el anticomunismo para disfrazar su militancia enemiga del pueblo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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