En el piñerismo se agita el pinochetismo

Quien dude que hay pinochetistas dentro del piñerismo, debe ver la iracunda petición de renuncia del senador Moreira (UDI) hacia la ministra de las Culturas y el Arte, por cesar al Director del Museo Histórico Nacional y cancelar la exposición en que se exaltaba al ex dictador, y tendría que oír al diputado Urrutia (UDI), tratando de terroristas a las víctimas de la dictadura y revisar que hacían durante los 80, varios miembros del núcleo rector del actual gobierno. 

Por lo demás, en un acto que ahora no debe agradarle, el propio Piñera se movió en las turbias redes del continuismo pinochetista, cuando fue jefe de campaña de Hernan Büchi, el año 89, intentando que el oprobio autoritario siguiera gobernando. Que luego sufrió embates, como “el kiotazo” en 1992, en que se usaron las grabaciones que la Inteligencia Militar captaba siguiéndole los pasos por orden de Pinochet, para obstruir su primera candidatura presidencial, es también un hecho confirmado.

Pero hoy, como en su primer gobierno, parte de las mayores responsabilidades políticas están en manos de asociados o partícipes del régimen militar. Ello ocurre por el rol de la UDI, dónde están los aliados más fieles del ex dictador.

Salvo la Fundación Pinochet y curas como Hasbun, otros adeptos ultras de la dictadura, como ex ediles, tecnócratas o “mecenas” empresariales, son de la UDI, que tuvo aires de pragmatismo que ya no existen con JV Risselberghe, ahora hay una visión del país tan rudimentaria que su figura estelar no puede ser otra que Pinochet. 

El sector liberal, como se presenta Evopoli y algunos independientes, logran ampliar la derecha, por eso los soportan, pero no tiene la consistencia para contrapesar la contumacia del conservadurismo ancestral que mueve los ejes centrales que rigen en la derecha, es decir, no alcanzan el espesor requerido para remover el “ethos” de una larga tradición antipopular, de opresión, abusos y sojuzgamiento de los trabajadores y del país, recurriendo incluso a la dictadura militar durante más de 17 años.

Esta realidad, de una derecha autoritaria y libre mercadista a ultranza, es el factor que polariza el debate político, porque entienden que si están en el gobierno de Piñera es para hacer valer o “cobrar” su apoyo social, ese que dicen sería la llamada “familia militar” y otras ramificaciones con activos grupos dogmáticos, legionarios de Cristo u otras expresiones de credos intolerantes o vulgares agitadores que usan el ultrismo para vender odiosas camisetas neonazis.

Uno de sus odios principales es el proyecto de ley sobre identidad de género, ante su carácter humanista se ha opuesto una red de expresiones dogmáticas, integristas y trogloditas de una intolerancia extrema, que han ubicado “operadores” de sus sectas intolerantes dentro del gobierno para hacer crecer sus esfuerzos totalitarios. Así es la situación, no hay que ver espejismos. 

El efecto político es que ciertos aventureros de ultraderecha, que consideran la dictadura de Pinochet como “menos mala”, según le trataron de explicar a Vargas Llosa, influyen mucho más dentro del piñerismo que la proporción o peso que tienen en el país. 

Ahora presionan con el indulto que piden Kast y otros para excarcelar a violadores de Derechos Humanos presos en Puntapeuco; eso requiere ley, no tienen votos en el Parlamento y no hay apoyo gubernativo para ese fin tan escabroso.

Por su parte, en gira a EEUU, el canciller Ampuero, condena el asesinato de Orlando Letelier y señala que los criminales en Derechos Humanos deben cumplir sus penas en forma íntegra. 

De ahí la pregunta, en este neopinochetismo ¿se mantendrá el heterogéneo conglomerado que respalda a Piñera?

Y, ¿qué pasará con la UDI y sus evidentes tensiones internas, desde Bellolio, pasando por De la Maza y el propio Lavín que ve nuevas expectativas y necesita más espacio?

¿Seguirán sometidos al estilo prusiano y autoritario de Van Risselberghe? Lo más probable es que se independicen del mando vertical para jugar sus propias cartas.

En su rol extremista, Kast, Kaiser y otros similares, seguirán como voceros de la intolerancia y la estupidez de la ultraderecha chilena, y lo que es peor acogiendo autores de crímenes tan deleznables como haber quemado dos jóvenes en una protesta en 1986, como se denunció ayer en Punta Arenas.

A pesar de ello, mientras sean útiles los tendrán en algún “pituto” y ellos no se van a ir. Hoy no son centros ideológicos, son patotas gritonas, para colmo, misóginas, tras migajas de poder.

En suma, ultra conservadores y nostálgicos de Pinochet seguirán dentro del piñerismo, fuera no pesan, serían solo una muestra pintoresca de la nostalgia autoritaria, así que este maridaje proseguirá y tendrá más de un episodio en el caso de ruptura.

Hubo desautorización al diputado Urrutia y también un pronto castigo en el museo que ensalzaba a Pinochet. Ante el país, el gobernante debe estar lejos del ex dictador, pero no exonerarán a la recién instalada burocracia neo - pinochetista.

Allí profitarán, dándose codazos, porque el rencor que mueve a estos fanáticos les hizo estar contra la izquierda o lo que creían izquierda, movidos por odios profundos de ultraderecha, para asustar o aterrar, pero gobernar se reserva para la élite de máxima confianza, dueños de fortunas y del aparato político, que no cederán a ningún advenedizo, por muy gritón que sea.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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