Guillier, un hijo de este tiempo

Alejandro Guillier es el primer independiente progresista candidato presidencial de la centroizquierda en toda la historia de Chile. Su nombre y liderazgo es puesto ante los ojos de los partidos por la ciudadanía a través de las encuestas y de las redes sociales y los partidos deciden apoyarlo y transformarlo en su candidato presidencial por sus cualidades, perfil, historia e identidad y porque aparece como una real alternativa para derrotar a la opción de la derecha.

Guillier no viene del mundo de los partidos y de la política. Es senador de la República elegido como independiente en cupo de la Nueva Mayoría, periodista, sociólogo, académico, dirigente gremial, pero su vínculo con la población lo forja como periodista de radio y televisión que durante 20 años ha ingresado a los hogares de los chilenos y ha trasmitido cercanía, solidez intelectual y una imagen de honestidad, probidad, compromiso  y empatía que son hoy características apreciadas por los electores en un  tiempo en que los sentimientos, la ética, y no solo la razón pura, conforman parte de la construcción de la voluntad popular.

El surgimiento de un liderazgo independiente, como el de Guillier, que se impone a los partidos no es extraño hoy en la política mundial. Esto por el creciente desgaste de los partidos, por la crisis de credibilidad y debilidad que les afecta, por la creciente desafección de la ciudadanía hacia la política tradicional, por la personalización de la política, por la pérdida de espesor de la política y el debilitamiento del momento ideológico y, porque, en virtud de la revolución digital de las comunicaciones, la sociedad se ha horizontalizado, los ciudadanos viven en el mismo entorno informativo de quienes gobiernan y hay una exigencia de que el poder mismo se redistribuya, se horizontalice.

Hay que asumir, desde los partidos, que “la democracia de los partidos”, como la describía Panebianco, ya no existe. Los partidos continúan siendo un factor esencial de la democracia, pero terminó para siempre el monopolio de la mediación y el poder de la información que estaba en sus manos.

Guillier, como Macron en Francia , Rienzi en Italia y otros en ciernes, son hijos de este tiempo, de una sociedad líquida, como la describe Bauman, donde es imposible anclar megarelatos y certezas en un mundo marcado por la insatisfacción y la incertidumbre.

Pero ellos deben ser vistos por los partidos más que como una dificultad para calzarlos con los esquemas organicistas y sociales con los cuales irrumpieron y se han desarrollado, como una enorme oportunidad para que la política vuelva a crear confiabilidad en la ciudadanía y para encabezar nuevos procesos progresistas donde los ciudadanos tengan un rol de participación mayor que el que tradicionalmente les ha asignado la democracia representativa.

De alguna manera, es el anuncio que entramos en el tiempo de la democracia pos representativa donde la ciudadanía es parte, más allá del poder mismo, de una sociedad de la observación y donde la criticidad hacia  la lejanía de las elites es una constante.

Los hitos fundacionales de la modernidad, el centro, la razón de Estado, ya no convocan. Hoy es lo local, la pluralidad de las razones, una multiplicidad de “luchas colaterales” como las llamaría Foucault ya en los años 60 al apoyar a los estudiantes que revolucionaban Europa. Con la particularidad que ellas se auto convocan a través de las redes y a ellas adhieren los partidos para transformarlas en normas muchas veces después que la cultura global ha transformado la subjetividad local.

Guillier representa hoy en la política chilena, golpeada recordemos por escándalos de corrupción, desprestigio y judicialización, dos de los hitos de la política que la ciudadanía aprecia: la cercanía y la transparencia.  Como bien dice Innerarity la política de la proximidad defiende contra lo estandarizado, lo abstracto, actúa como antídoto de la autonomización y la autoreferencialidad de la elite política de la cual desconfía la ciudadanía.

La proximidad que expresa Guillier, como en su mejor momento Bachelet, es un antídoto para hacer frente al descrédito de la política y ello la ciudadanía no lo encuentra en los partidos  o en las instituciones sino en las personas y en los liderazgos que se construyen a partir de ellas mismas.

Por ello, Guillier es una gran oportunidad para el progresismo, en la medida que los partidos entiendan que si se modificara su ADN se mata el fenómeno político que él representa y que hizo que los propios partidos, algunos por razones de reproducción del poder, lo apoyaran.

Si la ciudadanía percibiera que los partidos han atrapado a Guillier, su fuerza nacida de la novedad y de la  propia ciudadanía desaparecería. De ello se defiende Guillier y no cederá porque esto es parte de sus convicciones con las cuales entró a la política.

¿Esto significa que tenemos solo a Guillier para enfrentar al poderío de los medios y del dinero de Piñera? Ciertamente no, están los partidos que lo respaldan y que deben asumir sus propias tareas: terminar la recolección de las firmas para inscribir rápidamente al candidato independiente y terminar con la incertidumbre creada por la pauteada campaña piñerista, definir ya la lista parlamentaria para que sus candidatos se desplieguen en el territorio junto a Guillier, colocar las ideas fuerza y los hitos programáticos de la Presidencia Guillier, construir un relato del país de futuro, que trascienda los próximos cuatro años, del Chile que anhela el progresismo, acordar con la DC y su candidata Carolina Goic las coincidencias programáticas centrales y el apoyo en segunda vuelta y participar de las instancias que esta campaña, distinta de otras porque los tiempos son distintos, cree con la ciudadanía, sin verticismos que sofoquen al candidato.

Me asiste la convicción, y los datos electorales así lo muestran, más allá de las encuestas que tienen graves dificultades de predicción cuando el voto es voluntario, que la centroizquierda unida en segunda vuelta y convocando al conjunto del progresismo, puede derrotar al candidato del  mercantilismo sin derechos, de los negocios que se superponen a la política porque ello es parte del ADN de Piñera y que busca arrasar con las reformas de integración social del actual gobierno.

Guillier mismo es un hombre de capas medias, que estudió en región, en colegio público, que ha hecho de la honestidad y la transparencia elementos centrales de su vida, es capaz de representar a estos sectores, a los desempleados, a quienes viven con el salario mínimo, a todos los que quieren mayor justicia social.

Él y la centroizquierda representan la posibilidad de dar mayor crecimiento a la economía con sustentabilidad ambiental y social, es capaz de encabezar un proyecto de cambios con una gobernabilidad basada en el funcionamiento de las instituciones unida estrechamente a la participación ciudadana, es capaz de derrotar los múltiples abusos que hoy agobian a los chilenos y construir una nueva esperanza para Chile.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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