La DC y Goic a un año de la partida de Aylwin

Hace un año el principal partido de Gobierno se encontraba en los afanes de los funerales de Estado de don Patricio Aylwin y se respiraba un aire que mezclaba el pesar natural con el orgullo de haberlo tenido en sus filas.                                  

El Partido se mostraba extraordinariamente unido y entusiasmado con haber resuelto  días antes, una crisis de liderazgo que había permitido el ascenso de una camarada joven de vastas proyecciones políticas y que en su discurso funerario se hizo cargo, como en una crucifixión personal, de los actos de corrupción política que ya se investigaban en esa época. Goic aparecía en escena

A un año de aquellos hechos, los recuerdos permanecen muy nítidos, sobre todo cuando también recordamos el notable discurso de Renán Fuentealba, que cumple 100 años a un año de la muerte de Aylwin y que ha mostrado una lucidez política muy notable según ha tomado conocimiento la opinión pública.

Hasta aquí podríamos decir que las cosas están bien y podríamos agregar que Carolina Goic, obtuvo una mayoría importante para ser elegida la presidenta del partido y que unánimemente se le ha ungido como candidata a la Presidencia a la República.

Sin embargo, las cosas no se ven tan bien en el principal partido del Gobierno, cuando se escuchan opiniones excesivamente dramatizadas sobre las estrategias políticas a seguir.

Aparece así una división que se plantea como cuestión meramente electoral, pero que en el fondo disfraza otro tipo de cuestiones. El PDC debe resolver para qué eligió su candidata y legítimamente se han formado dos posiciones, que si honramos la memoria de don Patricio, no debieran ser irreconciliables. Eso no significa en modo alguno, que no sea necesario bucear en las motivaciones reales que pueden existir para una u otra decisión.

Convengamos que la actual presidente del partido y candidata ha señalado su preferencia por competir en noviembre y ha señalado que tiene en consideración para ello, que no se han producido las condiciones para establecer las bases para una alianza de gobierno que permita desde ahora llevar una sola candidatura y definir aquella con apremio en una primaria que podría privar al PDC de su necesaria capacidad para discutir las cuestiones de fondo que son esenciales para  un buen gobierno.

Hace 30 años aproximadamente, 15 días después del plebiscito de 1988, se celebró una junta ordinaria de la Democracia Cristiana en Talagante, para definir los pasos a seguir, que no eran otros que conformar una alianza de gobierno a partir del comando por el NO.

Algunos pretendimos desde ya que esa junta designara a Aylwin como candidato Presidencial del Partido, aduciendo que a esa fecha su liderazgo era monumental y sin contrapeso. Contra toda aparente lógica se opuso una parte significativa a ello, liderado principalmente por don Gabriel Valdés y Eduardo Frei, quienes exigieron que una nueva junta debiera elegir al candidato, manifestando que ellos tenían interés en serlo y decidir sobre el pacto de gobierno. Esa Junta de Talagante debe ser una de las más dramáticas que nos ha tocado asistir.

Se salvó la unidad partidaria aceptando Aylwin las nuevas elecciones las que ganó, no sin producirse en ese proceso un gran desgaste y producirse disputas que perduraron mucho tiempo, y que solo la grandeza de don Gabriel y Eduardo, permitieron limar y sepultar con el paso del tiempo. La nueva junta delegó en la nueva mesa directiva la tarea de llevar a Aylwin como  abanderado, y acordar el programa.

Traemos a colación este recuerdo, porque en ese caso hubo absoluta claridad respecto de lo que cada uno exigía y las razones que movían a los actores. Había claras ambiciones políticas y cuestiones de fondo sobre la coalición.

Hoy día, las dos tesis que se plantean señalan, que es mejor para impedir el triunfo de la derecha lo que cada uno plantea.

Es decir, algunos piensan que es mejor que nuestra candidata se enfrente en primarias a partir de 15 días más a todo el resto de los partidos de la Nueva Mayoría. El resultado es bastante obvio y nadie apuesta a los milagros, pero piensan y no lo dicen, que eso permitiría fortalecer supuestamente el tonelaje parlamentario del partido, y que ello eventualmente sería bueno para el candidato Guiller y para mantener la opción de los cargos con influencia política.

A esa opción nos oponemos los que creemos que por esa vía se hace muy difícil derrotar a la derecha  y que no tendríamos un resultado parlamentario que subiría mágicamente por ese solo hecho, y que en consecuencia, producido aquello se perdería la influencia en un gobierno que no participaríamos. En la oposición no hay cargos.

En efecto, es mucho más eficiente para los tres fines que se busca, presentar una candidatura que no aparezca tan directamente vinculada y continuista del actual oficialismo y otra, que sí lo sea. A nuestro juicio las candidaturas parlamentarias DC si no van con una candidatura propia, se perderán en un marasmo de largas listas en las que apareceremos en minoría, con pocos jóvenes y mujeres y ello nos debilitará por mucho tiempo. Puede ser fatal.

Lo que aquí hemos propuesto, honra la decisión que ha tomado el partido, porque no es serio levantar una candidatura para efecto de una espuria negociación.

Si se quiere iniciar el camino de un profundo cambio de rumbo, ha llegado la hora de la Democracia Cristiana y ofrecer una alternativa que nos saque del funesto carril de binominalismo, en que nos quieren conducir, sin decirlo, los que promueven en el fondo una candidatura de gobierno y otra de oposición, lo que se ha manifestado tanto desde el propio gobierno como de los poderes fácticos y que a pesar de lo ocurrido con don Ricardo Lagos, no cesan en sus afanes.

No debemos tener temor a la ciudadanía y el que se lo tenga es mejor que no se dedique a la política.

Co autor del artículo es el abogado Hernán Bosselin Correa.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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