La necesidad de una nueva conducción para la DC del siglo XXI

Algunos días atrás se realizó una Junta Nacional Ampliada a la que fui invitado. El martes recién pasado nos enteramos del desestimiento del senador Huenchumilla para encabezar una lista unitaria, lo que deja a los militantes sin la posibilidad de optar y se proclamaría al camarada Fuad Chahin como nuevo presidente de la DC, al menos que entretanto surja otro candidato alternativo.

En este contexto quiero plantear algunas ideas que nos permitan trabajar para una nueva conducción del partido.

Antes que nada afirmar que me siento orgulloso de la tradición transformadora y vanguardista del PDC, destinada a sancionar democráticamente reformas políticas, sociales, económicas y cambios culturales e internacionales. Ese capital histórico, debe ser respetado, reforzado y reivindicado en momentos donde se ciernen nubes negras en el horizonte destinadas a quebrar el partido y obstaculizar las nuevas y legítimas  demandas de nuestra sociedad.

Reafirmar nuestra identidad pro reformas que apunten a una mejor redistribución e integración social en Chile. La Educación, la Salud, el Trabajo y el Techo deben concebirse como derechos sociales que el Estado debe garantizar a todos los ciudadanos en la Nueva Constitución Política del Estado.

Por ello, considero que la educación pública debe ser el pilar inicial fundamental de la inclusión social. Chile necesita una Constitución que redibuje el país de los próximos 50 años y la DC debe estar comprometida en dicha tarea.

Hay que abrir espacio y pasar la gran barrera de la injusticia social que divide a los chilenos y chilenas. Es el pueblo soberanamente el que debe decidir si quiere o no una Constitución que realmente nos identifique a todos.

La envergadura de la tarea que hemos asumido y comprometido sobrepasará con creces la duración del actual Gobierno y se deberá proyectar, necesariamente, hacia otro gobierno con una coalición abierta a una gran mayoría.

En consecuencia, debiésemos ser los promotores de esa coalición porque en ella está radicada la tarea transformadora. La centroizquierda chilena es la depositaria de un encargo épico, para abrir el cauce de una mejor democracia perfectible para una sociedad más inclusiva y solidaria.

Por lo tanto, es necesario contar con grandes mayorías políticas y sociales que hagan posible las transformaciones esperadas. Si en los noventas inauguramos la larga transición democrática, en el presente debemos ser garantes y protagonistas de un proyecto país de nuevo cuño, en donde, la tarea esencial será la construcción de una sociedad más igualitaria, liberadora, justa e inclusiva.

Construir un país con mayor integración social,  pero a la par de una mayor integración territorial. Por ello debemos comprometernos con una profunda reforma descentralizadora, donde se le otorguen mayores competencias políticas y autonomía presupuestaria a las Regiones. 

Así como en los sesenta fuimos el partido de la Reforma Agraria, en este nuevo siglo queremos encabezar la gran transformación urbana y territorial de Chile, promoviendo un hábitat y ciudades más humanas y amigables. Un desarrollo humano respetuoso del medio ambiente y sustentable.

Asimismo, si en los sesenta, hicimos grandes transformaciones económicas y productivas y luego recuperamos la democracia, en el presente y futuro debemos contribuir a un desarrollo económico en que los emprendedores y las MIPYMES encuentren un espacio para crecer y cumplan su rol para evitar que la riqueza siga concentrada en unas pocas familias. 

Quiero un Partido unido, emocionalmente maduro en torno a ideas e ideales. Me preocupa la ausencia de debates y el acomodo a las ideas neoliberales que no son las nuestras.

Quiero un partido de profunda vocación socialcristiana pero en diálogo abierto con los humanismos laicos y socialdemócratas. Quiero que volvamos a situarnos en el eje de la acción política y económica por respeto a la persona humana, promoviendo los valores comunitarios y de responsabilidad social.

Valorar la cooperación por sobre la competencia. Quiero construir una sociedad que se abre a las demandas de los nuevos actores sociales.

Quiero un partido abierto y tolerante a las diferencias. No quiero ni debemos renunciar a nuestras ideas, pero debemos ser un partido acogedor con el diferente.

Quiero fomentar políticas pro familias pero entendiendo que dicho modelo no es el único ni acotado a una sola forma familiar. Quiero un partido dialogante con las nuevas realidades sociales, que distingue nítidamente lo que son políticas públicas para todos, de las que se constituyen en convicciones éticas o morales de cada cual que obligan a quienes creen en ellas, siempre que sean respetados los derechos humanos y la libertad religiosa.

Quiero un partido que se comprometa con la sociedad y, de esa manera,  recupere la confianza y la representación social y política en la nueva era.

Quiero un partido que profundice en su democracia interna. Para ello es fundamental devolver la dignidad e importancia a nuestros órganos de conducción partidaria: el Consejo Nacional y la Junta Nacional, los Frentes Sociales, las Regiones y Comunas insertas en la realidad.

Quiero un partido con mayor fuerza en lo regional, promoviendo, la deliberación y el debate para lograr una genuina representación local por sobre las decisiones centralizadas.

Quiero una reforma a la organización partidaria que reconozca la descentralización, el aporte y peso regional por sobre las estructuras nacionales en lo que se refiere a la toma de decisiones de impacto local y regional.

A partir de las convicciones antes descritas, la DC estará en condiciones de ofrecerle al país a sus mejores hombres y mujeres para dar continuidad y sentido de largo aliento a nuestra acción política.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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