La normalización de prácticas machistas

El comentario sexista del Presidente Sebastián Piñera a la salida de la Cuenta Pública sobre el aspecto físico de la Presidenta de la Cámara de Diputados, Maya Fernández Allende,“tan linda que se ve y tan dura que es”, da pistas de por qué la educación no sexista no estuvo presente en el primer Discurso Presidencial de su segundo periodo de gobierno, a pesar de ser la mayor reivindicación del movimiento feminista que se ha tomado la agenda: la falta de comprensión de las raíces culturales del patriarcado y la normalización de prácticas machistas en la forma de tratar a las mujeres.

Más reprochable aún, si el Presidente lo realizó en una instancia republicana por ontonomasia como es dar cuenta pública del estado de la nación ante los poderes del Estado y la ciudadanía.

Las palabras que, según el mismo Piñera reconoció posteriormente, no se las diría a un hombre, reflejan en buena medida la ausencia de convicción de un gobierno que no logra dimensionar la profundidad y arraigo de las pautas de comportamiento machista y las bases de una estructura de abuso que históricamente ha discriminado a las mujeres y a las niñas.

Si el propio Presidente es un “piropero”, qué esperar de su ministro de Salud, Emilio Santelices, que al ser interpelado por la diputada Marcela Hernando fue incapaz de nombrar su cargo en femenino, invisibilizándola; de su propio ministro de Educación, Gerardo Varela, que habló de las “pequeñas humillaciones” que sufren las mujeres para referirse al acoso sexual cuando las estudiantas denunciaban masivamente esta forma de abuso en las calles y aulas o del ministro de Hacienda, Felipe Larraín, que en una actividad en Maipú piropeó a la alcaldesa, bromeando sobre esa casi obsesión de muchos hombres por manifestar su opinión sobre el aspecto de una mujer sin que se la pregunten, como si fuera su derecho.

Peligrosamente, se ha tratado de reducir el debate a la posibilidad de los hombres de decir o no una u otra frase a las mujeres, bromeando con ello, ninguneando la reivindicación de fondo e invisibilizando la discriminación estructural que sufren las mujeres, que tiene su cara más radical en los distintos tipos de violencia (verbal, psicológica, física) y en la cual nuestro país tiene vergonzosas credenciales con 36 femicidios en 2017, según cifras oficiales y un femicidio frustrado con extracción ocular, Nabila Riffo, que una justicia patriarcal y machista no consideró como tal.

En Chile, la sociedad se alerta y reacciona, con un cuestionable discurso de populismo penal, con los delitos a la propiedad como hurtos y robos, cuando la mayor preocupación en materia de seguridad pública debieran ser los femicidios de mujeres asesinadas por sus parejas y la violencia de género que sufren miles de chilenas.

Si producto de las presiones de las mujeres movilizadas el Presidente constituyó una Comisión de Equidad de Género - afortunadamente no liderada por el ministro, sino por la Subsecretaria de Educación Parvularia, María José Campos - que revisará desde las políticas curriculares hasta la formación docente en la materia, el no nombrarla en el discurso que marca la hoja de ruta del gobierno podría obedecer a diversas causas.

1) Disminuir la resistencia que la temática genera en los sectores más conservadores de su coalición, aunque convengamos en que el machismo es transversal a los sectores políticos.

2) La falta de relevancia que el propio Piñera le asigna a la instancia.

3) Al no convencimiento de que efectivamente entre hombres y mujeres hay brechas y desigualdad. Los gestos que se le escapan al Presidente, podrían inclinar la balanza hacia todas las anteriores.

Más que en la inequidad y la discriminación estructural que sufren las mujeres, su genuina preocupación está en la disminución de la natalidad que actualmente exhibe Chile, a la que Piñera atribuye una carga ideológica cuando sostiene en la Cuenta Pública que "cuando las parejas no quieren tener hijos hay un problema que no podemos seguir eludiendo". Suena a argumento de la futurista serie The Handmaid´s, donde un gobierno totalitario somete a algunas mujeres (las criadas) a violaciones ritualizadas para enfrentar la baja natalidad.

La Ola Feminista apunta, justamente, en sentido contrarioreivindicando la maternidad voluntariapara que seamos nosotras quienes decidamos si queremos tener hijos o no, cuántos y cuándo.

La discriminación que sufren las mujeres por parte del sistema de Isapres es un diagnóstico hace años conocido, tanto es así que un dictamen del Tribunal Constitucional de 2010 señaló que las tablas de factores de riesgo por sexo y edad son discriminatorias e inconstitucionales; pero éstas siguen vigentes para nuevos afiliados y a las mujeres en edad fértil le siguen cobrando valores superiores a los hombres.

La solución que inicialmente encontró la cartera del cuestionado ministro de Salud de aumentar el costo para los hombres, no enfrenta el tema de fondo de un mercado opaco y extremadamente lucrativo para sus dueños, que además han desarrollado el negocio de la integración vertical con clínicas, que llevaron a que las Isapres en el 1er trimestre de 2018 ganaran $34mil millones de utilidades sobre patrimonio, lo que representa la mitad de todo 2017.

Habrá qué ver en qué consiste el Plan Universal de Salud anunciado por el Presidente para que la responsabilidad de crianza sea compartida entre hombres y mujeres tras las críticas surgidas al primer anuncio, cuál será el aporte específico de las Isapres (más allá de transparentar la información) y el detalle de lo señalado posteriormente por el ministro de Salud, en cuanto a que cada uno va a aportar de acuerdo a sus posibilidades y a recibir de acuerdo a sus necesidades.

En la misma lógica que con las Isapres, Piñera propuso un aumento de la cotización en las AFPs para el pilar solidario, pero nada dice sobre menores cobros de gastos de administración de administradoras de pensiones para reducir la brecha de género.

A pesar de la poca convicción del Ejecutivo en la legitimidad de las reivindicaciones feministas, la Agenda de Género con la que reaccionó el gobierno previo a la Cuenta Pública tiene aspectos que podrían ser relevantes herramientas, como el proyecto de ley de reforma constitucional por la igualdad entre hombres y mujeres, que permitiría impugnar proyectos de ley, demandar al Estado por incumplimiento y generar nuevos reglamentos, aunque no consagra derechos específicos para las mujeres.

Un aspecto ausente de dicha agenda, fue la necesidad de ratificar el Protocolo Facultativo de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (CEDAW), pendiente desde 1999, convirtiéndonos en uno de los pocos países que aún no lo han hecho.

Así como el capitalismo tiene múltiples estrategias para impedir que caiga el modelo económico, aunque desde la academia se señalaba hace algunos años que estábamos frente a sus primeras trizaduras, el patriarcado está tan arraigado en la estructura social y en las prácticas culturales, que es necesario estar atentos y atentas a medidas que aparentemente enfrentan la desigualdad, pero que en realidad no van al fondo del problema.

Para aportar en la construcción de una sociedad justa e igualitaria, nuevamente la educación es la herramienta y ésta debe ser no sólo de calidad y laica, sino una no sexista, capaz de desligarse de estereotipos de género, con profesores y profesoras que logren evitar prácticas pedagógicas sexistas y que visibilicen el aporte de las mujeres en las distintas áreas de la sociedad.

Formar en igualdad hoy, permitirá crear una sociedad más equitativa y con menos violencia de género mañana.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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