Llora Rapa Nui

Un pueblo abusado que disimula muy bien su tristeza. 

Llegar a Rapa Nui probablemente sea una de las experiencias más maravillosas que puede tener un turista. Al bajar del avión, golpea el aire puro, la brisa marina, su verde paisaje, florido, un mar claro, limpio y gente hermosa e inteligente. Pintarse el cuerpo y bailar con ellos, puede ser una vivencia imperdible.

Rapa Nui es un gigantesco museo al aire libre que muestra una historia que sobrepasa por lejos el origen de Chile como país. Desde la cumbre de un cerro es posible contemplar toda la extensión de la isla, la amigable ciudad de Hanga Roa, playa de Anakena, los volcanes, extensos prados verdes y el mar pacífico en toda su extensión. 

Desde temprana edad, a los continentales se nos muestra Rapa Nui como una hermosa isla habitada por gente alegre y amistosa; sin embargo, permanece en la oscuridad de los discursos oficiales uno de los más negros pasajes de nuestra historia: el abuso, maltrato e indolencia del Chile continental, hacia el pueblo originario de Rapa Nui.

Como muestra, un botón. A fines del siglo XIX, durante el gobierno de Jorge Montt, se arrendó la isla completa, incluyendo a los habitantes nativos, a la empresa inglesa Willianson Baulfor, que hasta el día de hoy mantiene actividades comerciales en este país.

La empresa usó la isla para la crianza de ovejas, talando los árboles y haciendo cierros que dejaron a los isleños nativos confinados y con prohibición de moverse libremente por la isla que era, de hecho, de su propiedad.

Se conocieron horribles historias de abuso hasta que, en 1952, la Armada de Chile tomó la decisión de poner fin a los "actos brutales y salvajes" de la citada empresa. Es sorprendente que se hayan demorado más de medio siglo en percatarse del abuso.

Así, el pueblo rapa nui apenas consiguió la posibilidad de alimentarse dignamente y movilizarse libremente por sus tierras. Transcurriría mucho tiempo hasta que el presidente Frei Montalva les concediera la nacionalidad chilena. Parece algo menor, sin embargo, hasta esa fecha, los ciudadanos rapa nui, chilenos en derecho, no podían salir por ningún motivo fuera de la isla, por la simple razón que eran indocumentados y por lo tanto no podían pasar ninguna aduana por carecer de ciudadanía; es decir, ellos eran salvajes, como los esclavos o los animales. 

La historia de abusos y privaciones de este pueblo es muy larga y espantosa, también fueron objeto de tráfico como esclavos al Perú. Curiosamente, no fue el Estado de Chile el que tomó partido para impedir ese ultraje, sino la comunidad internacional, por medio de la embajada de Francia. Afortunadamente los esclavizados volvieron a su tierra, pero muchos de ellos gravemente enfermos. 

Estamos lejos de dar a los rapa nui lo que se merecen. En el anterior gobierno del Presidente Piñera se produjo una gran protesta de los isleños, la que terminó con violencia excesiva de carabineros y agentes de la PDI enviados a la isla, lo cual derivó en legítimas demandas.

Uno es el ingreso descontrolado de gente que quiere instalar negocios y vivir en la isla; la creciente demanda por recursos energéticos (petróleo, gas y electricidad); la creciente contaminación por la emisión descontrolada de agentes contaminantes; contaminación subterránea de las aguas para consumo humano, emisión de plásticos en el océano y la acumulación de residuos sólidos.

Rapa Nui pide que se prohíba la residencia de personas, incluyendo chilenos continentales, por más de 30 días ya que actualmente es demasiada la gente que está tomando posesiones en la isla, accediendo a los limitados recursos físicos.

La petición no recibió mayor preocupación del gobierno de Piñera, pero la Presidenta Bachelet, luego de muchísimos trámites, presentó un proyecto de ley que en enero de este año recién pasó a segundo trámite constitucional. 

Esta verdad que los textos de historia nos han ocultado, es muy brutal y muestra que aquí tenemos uno de las más grandes deudas históricas con los pueblos originarios.

Llegar a Rapa Nui, percibir ese aire fresco, sus playas de aguas cristalinas, el verde de sus prados, la belleza física y la calidez de su gente,  chocan muy violentamente con la culpa que un chileno continental puede sentir al reconocer tan grande deuda histórica.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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