Los líderes valen más

El conjunto de la situación en torno a la postulación presidencial de Ricardo Lagos -incluida la decisión del PS de no apoyarlo - y su fundada renuncia a la brega electoral, entregan una lección de amplio y vasto alcance político.

En lo inmediato, Lagos "se bajó" de la carrera, pero para sorpresa de sus críticos, el impacto generado por esa decisión ha sido de un alcance mayor, probando con ello que su arraigo y gravitación en el país  es muy superior a lo que marque cualquier encuesta.

Por lo demás, hay valiosos apoyos que se han expresado con gran fuerza pero tarde. Es posible que hayan existido opiniones intimidadas por ese mismo nefasto fenómeno de las encuestas. También se nota que algunos solo buscan algún provecho individual en estas circunstancias.

En todo caso, se ha probado que el liderazgo del ex Presidente Lagos está por encima de los cargos que pudiese ejercer, que se le echará de menos, ya que su visión de país es un aporte inclusivo cuando escasean las ideas y se vive el día a día.

Lo que se ha producido da mucho que pensar. Queda claro que las encuestas no pueden tomarse como una especie de nueva doctrina porque son manipulables y que guiarse sólo por la respuesta de quién cree Ud. será el próximo Presidente, puede resultar una conducta temeraria.

Pero Partidos que no debiesen ser permeables a influjos que falsean tan claramente los hechos y la realidad, no logran sortear ese embrujo distorsionador, y sucumben a esos vaticinios como un niño se adormece con los cuentos de sus mayores. En la izquierda no deben asumir las encuestas como un talismán, pero caen en su efecto apotropaico.

Los Partidos de izquierda deben respetarse a sí mismos, son viables a largo plazo si son coherentes, si logran resolver adecuadamente las demandas variadas y diversas que se expresan en la realidad social que les rodea y las saben plasmar y orientar en propuestas de acción, que tengan la capacidad de otorgar un horizonte fecundo a tales reclamos sociales.

No se pueden resignar y caer en el conformismo ante una realidad injusta, y tampoco pueden rendirse frente a la ira que enceguece; su labor es convertir la queja y la rabia en conciencia, y proponer una ruta que abra paso a esas demandas en la economía o el Estado. Esa es la política, encauzar y dirigir, es el talento de dar sentido, racionalizar el reclamo espontáneo de las personas y saber guiar la lucha social, con tal propósito deben asumir su historia y no desentenderse de ella.

Como no es fácil ese esfuerzo, que exige voluntad y consistencia a largo plazo, hay quienes se someten al espontaneismo, creen ser más consecuentes, más de izquierda, si actúan como buzones o parlantes de ese reclamo masivo, no pocas veces difuso pero sonoro, renunciando al sentido mismo que tiene la política para un Partido de izquierda, que es conducir y orientar y no sólo reclamar o protestar.

Esa actitud agrava las cosas, ya que el espontaneismo genera desencanto al hacerse cargo y estimular demandas que son inalcanzables, esa es su esencia perversa, recoge requerimientos y al agitarlos sin procesarlos se compromete con ellos, pero como esas aspiraciones no son realizables en forma inmediata y simultánea, el desengaño que sufren esos sectores populares más aumenta el descrédito de la política, ahogando de improperios a los que poco antes eran aplaudidos.

Entonces, una política de izquierda no puede recluirse ni reducirse al espontaneismo, su tarea es mayor, debe procesarlo y encauzarlo para darle una respuesta que sea consistente y coherente con la idea-país que se tenga, que una y motive a las fuerzas democráticas y de avanzada social.

En tal sentido, sus Partidos deben saber escuchar para lograr conducir. Si no saben escuchar no podrán orientar, pero si se limitan a repetir lo que perciben o recogen en el tráfago de las reivindicaciones del día a día no cumplirán su misión de dirigir y su política se limitará a consignas de corto plazo, o incluso puede llegar a algo más grave, que rompe la ética social que debe inspirarles, el espontaneismo lleva a prometer lo que no se puede cumplir.

Por ese motivo, es tan valiosa la tarea programática que realizó el ex Presidente Ricardo Lagos, en pocos meses de diálogo abierto y fecundo, formuló una propuesta en el Documento "Piensa en Chile". Su esencia es dotar gradualmente a la sociedad chilena de los atributos que le den un carácter avanzado, solidario y justo.

Una vez que el Pleno Socialista por mayoría, tomó un camino, espero que ese relevante esfuerzo programático sea acogido por el senador Alejandro Guillier; se trata de unir la izquierda con el centro político y social y derrotar la regresión conservadora del piñerismo.

Su candidatura independiente está ante un reto mayor, tiene que evitar una imagen de improvisación y saber recoger planteamientos avalados por un valioso patrimonio de lucha y experiencia anterior, que serán factores decisivos para dirigir el Estado; no puede regatear ante esos aportes y asumirlos en plenitud.

Por su parte, como líder nacional y desde su contribución como ex Presidente de la República, Ricardo Lagos, se hará presente en las ideas-fuerza, que configuran la propuesta que elaboró para reforzar la gobernabilidad democrática en Chile.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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