Me creo lolo

Si me preguntan qué etapa de mi vida es la que siempre recuerdo mi respuesta es clara: mis años escolares.  Y es que esa época seguramente a más de alguno le entregó recuerdos, amores, amigos y enseñanzas que en ocasiones duran para toda la vida.

Pero ¡ojo! que durante este periodo también pudieron haber ocurrido cosas que nos marcaron y que, en ese entonces, no eran tan agradables de enfrentar. Para algunos quizás era el sueño, para otros un profesor de carácter poco amigable, pero para mí, era una asignatura.

Sí, aunque parezca absurdo, recuerdo que cada vez que tenía un ramo denominado “Speech” (Discurso), podía estar con problemas de insomnio durante meses, pues no siempre fui bueno para hablar, me costaba la expresión oral, nunca pensé que terminaría dando charlas o entrevistas, pues el solo hecho de pararme frente a un grupo de personas me dejaba un tanto inmóvil.

Con esta historia no pretendo hablar de mi vida escolar y cómo llegué superarlo si no que es el pie para contarles la importancia que tiene hoy en día algo tan simple como expresarse, hablar, opinar, etc., esto, en el marco de lo que me ha tocado vivir como observador del proceso constituyente de nuestro país.

Durante los encuentros ciudadanos que se ejecutan, mi rol no es opinar  - y me cuesta-  si no respaldar que todo se esté efectuando de acuerdo a los conductos acordados.

Por lo mismo, decidí expresarme a través de este escrito, pues quiero compartir y reflexionar sobre algunos aspectos que me ha tocado enfrentar durante el proceso.

Primero que todo, no puedo hacerme el tonto con algunas de las críticas que se han generado en torno a la creación de una nueva Constitución, hubo quienes dijeron que esto era un tongo, que no se iba a llegar a ningún lado, etc.

Tengo claro que en todo cambio de trascendencia nacional habrán posiciones diferentes, pero me molestan algunas críticas, sobre todo, porque he sido testigo del compromiso y la seriedad que otorgan los participantes en cada encuentro ciudadano. He visto como opinan, debaten y aportan. Esto, al tener claro que están siendo partícipes de un proyecto tan importante para el futuro de nuestro país.

Pero lo más rescatable es que al interior de estos cabildos, los presentes dan lecciones de algo que se ha perdido en nuestro país: el respeto. Ellos escuchan, dejan hablar y entregan argumentos con base frente a los temas tratados,  otorgando la seriedad que se requiere a esto.

Me ha sorprendido positivamente el nivel de información que manejan los participantes, sin importar edad, niveles de estudio, profesión. Quienes conforman estos grupos realmente están al tanto de lo que hay y de lo que se necesita para avanzar en materias constitucionales.

Como mencioné, no puedo opinar en estos espacios, por lo mismo, decidí enviar regalos para mostrar “luces” de lo que pienso sobre el proceso constituyente.  Usted se preguntará cuáles fueron estos obsequios,  les cuento que fueron ladrillos, sí, los mismos que usamos para construir, pues ese es el mensaje que pretendo entregar con esto, agradecer a diferentes autoridades y personas por participar en la “construcción” de la nueva casa de Chile, la Constitución.

Otro aspecto que quisiera destacar es que gracias a estos encuentros me he sentido nuevamente joven, sé que por mi edad muchos pensarán que no lo soy, pero ser observador ha generado que me vuelva a sentir como en el Colegio, si hasta tengo un “compañero” favorito, ese con el que uno siempre se sentaba en la sala de clases.

Pero bueno, a esta edad muy pocas cosas “devuelven” de algún modo la vitalidad, en mi caso el “volver a clases” ha hecho que me sienta joven, incluso, me creo hasta lolo, pues el aprender cosas nuevas, de cierto modo despiertan nuevamente ese idealismo que tienen los jóvenes, esas ganas de querer cambiar las cosas y participar de ello.

En cada encuentro aprendo algo más sobre educación cívica y creo que esta rama definitivamente debe volver a insertarse en todas las mallas de los alumnos de colegios y Universidades de nuestro país, ya que es algo elemental para poder atender la serie de demandas que año a año se leen, escuchan o se manifiestan en las marchas.

Este proceso sin  duda se configura como algo histórico para el país. Por años escuché que Chile necesitaba una nueva Constitución y que no se podía continuar con la vigencia de una elaborada durante el Gobierno Militar, por lo mismo, hoy que tenemos la oportunidad de ser actores activos durante este cambio, la idea es aportar a un cambio que por fin llegó.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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