¡No!

Hemos caído en un permanente estado de intolerancia, pero tan agudo, que No queremos nada. Así, casi nos divierte negar sin transar.

No quiero que sea elegido ese candidato, así que mi voto será por el otro.

No es tan extraño este placer de negar, no crear y no creer en un devenir mejor, lo cual se convierte en un abandono voluntario del derecho. Dejar hacer, permitir que los miserables se apoderen por completo del Estado y desarticulen todas las instituciones republicanas en las cuales hemos creído hasta ahora.

Decir No, lo pone a uno en una brutal discrepancia, que al resultar chocante, puede llevar al interlocutor a encolerizarse y así desencadenar una espiral de violencia verbal que podría fácilmente llegar a salirse del ámbito de la cuestión que se discute y comenzar con la agresión en contra de la persona, a la descalificación y de ahí, al odio.

Los problemas surgen por negación de una idea. Por el sólo hecho de que alguien afirme algo, se manifiesta, en el fondo de la cuestión, una negación que invalida lo dicho. Pero la historia universal muestra que tales contradicciones finalmente se superan porque aparece un punto de apoyo que muestra que no todo era blanco y negro, que las disputas humanas no son binarias ya que el consenso, la conciliación, el acuerdo, conduce finalmente a descubrir aquello que ninguno de los contrincantes había visto al principio: el tercer punto en el que una mesa logra apoyarse firmemente.

Probablemente el fin de las ideologías fue lo que echó a perder todos los discursos políticos, ya que es como no tener en qué creer y por consiguiente, la pregunta que queda sin respuesta es ¿qué magia nos podría llevar a un mundo mejor?

Por tal razón, hoy en día hay tan pocas propuestas en las cuales los ciudadanos comunes y corrientes podemos creer y entonces caemos en la vorágine de la negación.

Usted no cumplió con sus promesas de gobierno.

No me engañe con soluciones-parche que no resuelven mi problema.

Usted no consiguió que hubiera crecimiento.

¿Crecimiento del bienestar de las familias chilenas diría usted?

¡No! yo me refiero al Producto Interno Bruto, o sea, al crecimiento de las empresas.

Entre todas estas negaciones, tal vez la única que funciona con derechos propios sea aquella que simplemente dice: NO más AFP.

Para qué seguir, hay quienes ya no tienen palabras para expresar su indignación y terminan diciendo.

¿Saben? esto ya me hartó, yo no voy a votar. No hay ningún candidato que me represente. No importa quien salga electo, mañana volveré a trabajar igual que siempre.

Es increíble que alguien crea que va a dejar de trabajar al día siguiente ya que la elección recién nos podría conducir a la oportunidad de generar cambios en los cuales nosotros mismos, en la medida que podamos, tenemos que ser parte.

Definitivamente no parece razonable la negación sistemática a ultranza, hay que fijarse, así como lo hiciera Nicanor Parra en que "el verdadero problema de la filosofía es quien lava los platos", ya que si todos nos negamos y al mismo tiempo queremos gozar de la libertad y de los logros beneficiosos que la especie humana ha conseguido, no puede ser a costa de la permanente destrucción y de ser ajenos al trabajo sucio que es necesario hacer para que todo funcione adecuadamente. Necesitamos ideas y además, necesitamos trabajar para que funcionen.

En lo que a mí respecta, no quiero seguir dando más ejemplos. No puedo no ir a votar, aun cuando no hay un candidato que me satisfaga plenamente. Por último, no me parece tan mala la idea de no permitir que salga electo el candidato que no me gusta.

No quiero estar ausente. ¡NO!

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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