Pensando en la Constitución a nivel OECD

Los adolescentes, no. Los pobres, no. Los presos, los migrantes, no. Esa fue la respuesta de muchos durante la etapa participativa del actual proceso constituyente. Sí, ese mismo que entusiastas de escritorio han ido abandonando y torpedeando, con “fuego amigo,” cuando sus propuestas individuales no fueron acogidas.

Aproximándose más a esa Derecha refractaria que al progresismo democrático, porque las frondas universitarias no se distancian demasiado de las cofradías aristocráticas. Sin comprender que la impostación de outsider es tan gemela de la oposición insider  y tan adolescente como lo que un autor de pluma virtuosa denominó “aventuras juveniles en departamentos de soltero”.

Y es que cómo lo dijo un Boricua que admiro, con “mis disculpas”, no le creo a tanto a ese prototipo de apóstol del “Nuevo Constitucionalismo Americano”, que cuando supo que en los anales de la historia no resaltaría su nombre se convirtió en opositor.

Y no les tengo fe porque les falte talento, ojalá sus neuronas nutriesen el debate, sino porque me perturba su auto rótulo de estadistas, cuando se oponen con berrinches infantiles a todo lo que no les ofrezca un letrero de avenida o páginas en un multicopiado manual académico.

Porque las constituciones las hacen las personas, no los teclados de académicos.  La ciudadanía no necesita puentes entre la soberanía y la democracia.

Por eso la OECD ha catalogado al Proceso Constituyente chileno como un ejemplo. Enfatizando sus virtudes, diseño, niveles de participación, falta de confusiones, tan frecuentes entre “académicos” y “cabilderos,” entre Participación y Representación. Evidenciando  que el sentido común es el más común de los sentidos y que la Constitución es algo demasiado importante como para dejarla solamente en manos de abogados. Recalco abogados, porque en Chile tenemos un ejército de abogadas que han sido preferidas en este debate, a causa de esos machismos que cotidianamente incubamos, y que cómo padre de una hija no estoy dispuesto a reproducir.

Con todo, si usted quiere o no una nueva Constitución, no sea un mero altoparlante que repite ideas ajenas.

Revise su propia vida, la de los que quiere, la de los que dice querer y piense. ¿Este Pacto es suficiente?

¿Esa cosa llamada OECD a la que tanto tiempo quisimos ingresar está dominada por las conspiraciones de izquierda?

Piénselo, porque hay momentos en que la vida de otros, por desgracia, depende de nosotros. Y esos momentos suelen coincidir con los momentos constitucionales.

¿Qué desea heredar usted a nuestra nación? ¿Una perpetuación de privilegios o un instrumento de libertad? 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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