¿Qué ganó Piñera?

Ya es un hecho lo que se esperaba, Piñera ganó las elecciones Primarias de la derecha; probablemente, él quiso más votos y más ancha la diferencia, pero ganó, en su caso vale la pregunta, ¿qué fue lo que ganó? Lo más concreto es que sacó del camino a su competencia más directa, al diputado Kast de Evopoli y, especialmente al senador Ossandón que levantó un reto directo y frontal a su ambición de poder.

Gracias a ello, como ya tenía en el bolsillo las élites partidarias de la UDI y RN, finalmente Piñera tiene lo que quería: el total control de la derecha en su afán presidencial. Por eso, el día de las Primarias confesó que requería "un triunfo claro y contundente".

Esa soberbia genera una campaña sin "relato", como en la derecha reconoce su ex ministro Pablo Longueira, sin un sustrato de ideas mínimo, fundándola en su sola persona como candidato, que es además financista, estratega, gerente y difusor de su despliegue electoral; el supremo hacedor de sí mismo, de su ego sin control y sus ambiciones desmesuradas.

Esta realidad paradojal, está situada en el polo opuesto del discurso "portaliano", de gobierno impersonal, en el que se ha refugiado la derecha durante más de un siglo. Por lo que más grave resulta ser el caudillismo hiper personalizado de Piñera, que representa el fracaso histórico del legado que intentó Jaime Guzmán, último ideólogo conservador de una derecha autoritaria, con un proyecto de dominación generado desde los Partidos y centros de pensamiento de la derecha y no desde el bolsillo de su más conocida figura pública.

El fundador de la UDI fue muy duro con Piñera. Lo veía como "un ave de paso", el 88 con el No y el 89 con Buchi, con el Colo y la Cato, según su conveniencia. Lo que pretendía Guzmán era "blindar" a largo plazo el sistema, por eso acuñó la idea de la "democracia protegida" que inspiró el rol de "garantes" o de tutela del estamento castrense sobre la institucionalidad democrática, que recién en las reformas del 2005 quedó superado en la Constitución.

Guzmán fue así el ideólogo de una dictadura, que reprimió y conculcó los Derechos Humanos, por qué así entendía la perpetuación del sistema neoliberal que defendía con todo su intelecto, llegando a justificar lo que nunca se puede justificar, que es el atropello a la dignidad del ser humano. También por ello Guzmán  rechazaba las "aves de paso" que sin proyecto de sociedad usufructúan del poder en beneficio personal.

El drama de la UDI es que cayó en lo que su ideólogo histórico menos quería, entregarse a una figura de popularidad efímera, por unos cuantos votos más y, seguramente, algo del esquivo financiamiento que no pueden proveer sus antiguas fuentes, hoy en proceso judicial.

Querían una sociedad de mercado, y tal cómo predijo Marx, ocurrió que el dinero trocó su rol de intercambio y pasó a ser el factor preponderante, en su "sector" manda, en consecuencia, aquel que tiene el dinero. No compiten por ideas, rivalizan por la rentabilidad de la inversión. ¿Cuál sería la conducta de Jaime Guzmán, si estuviera vivo?

Entonces, lo que ganó Piñera es relegar aún más al olvido el legado de Jaime Guzmán, instalándose como el controlador total y absoluto de la derecha, se trata de un crudo gestor de la obsecuencia al poder del dinero llegado desde fuera de sus filas, aplasta, tal vez, la más histórica de sus banderas, bregar por un gobierno impersonal e institucional, y no como resulta ser ahora, someterse a un caudillo populista sin límites ni frenos, excepto aquellos que él mismo no se atreva a violar.

El último despropósito piñerista fue esta semana,al comandar en persona la maniobra desestabilizadora que la derecha montó en torno al drama y tragedia del Sename, como si no estuviera comprometida su propia y personal responsabilidad como ex Presidente de la República.

¿Qué pasaría, si se hubiera aprobado el Informe de la controversia en la Cámara de Diputados y fundándose en el mismo, se da el tramo final de la campaña electoral en medio de acusaciones constitucionales, que desde la derecha enturbien completamente el clima político? ¿Acaso no sería un tremendo autogol para el propio Piñera? En realidad, su descriterio es increíble, porque no tiene visión de Estado y actúa movido por sus broncas personales.

En la realidad de la derecha actual, no hay proyecto institucional e impersonal, al contrario, se impone y ordena la voluntad personal, incontestable del caudillo populista que se impuso en las Primarias.

Por ello, hay que derrotarlo en las urnas, con el voto de la mayoría del país.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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