Renovación en la Iglesia, oportunidad política

Hace casi ya un mes, los 34 obispos de Chile, pusieron sus cargos a disposición del Papa Francisco. Y es que tras los encuentros sostenidos con Su Santidad, los pastores de Chile pidieron perdón por los graves errores y omisiones, manifestando su intención de restablecer la justicia y contribuir a la reparación del daño causado, para reimpulsar la misión de la Iglesia, cuyo centro siempre debió estar en Cristo.

Y es que la historia de la Iglesia chilena de los últimos cincuenta años está marcada por altos y bajos, coincidentemente igual que la historia reciente de la Democracia Cristiana.

El surgimiento de los grandes liderazgos políticos del partido demócrata cristiano, siempre estuvo inspirado, o al alero, de grandes conductores de almas de la Iglesia Católica chilena, como el obispo Manuel Larraín y el Cardenal Raúl Silva Henríquez, quienes fueron los primeros en dar las tierras a los campesinos tras la reforma agraria, o San Alberto Hurtado, referente en la acción social, todos sacerdotes que formaron a los jóvenes demócratas cristianos en la “Acción Católica”.

Todo este ímpetu social de la Iglesia, promovida por las encíclicas sociales, se transformó, tras el retorno a la democracia, hacia otro móvil, el de la moral sexual conservadora y el de la protección a la familia, olvidándose la Iglesia de formar a los jóvenes en lo social, no como caridad, sino como búsqueda permanente de la justicia social.

Durante el último tiempo, han surgido una variedad de grupos políticos de jóvenes formados por una Iglesia que promueve la caridad y un discurso marcadamente conservador en lo moral.

Este naufragio de la iglesia profética, promotora de jóvenes políticos con sed de justicia social, nos ha llevado a una crisis política interna en la democracia cristiana, en la cual actualmente no hay referentes visibles que nos animen a terminar con los grandes pecados de nuestra sociedad, principalmente el individualismo y la desigualdad social.

La Iglesia Católica chilena, a partir de los repudiables e inmorales escándalos de abusos sexuales, tiene la oportunidad de dar un giro de timón, y de volcarse a iluminar a los líderes y jóvenes políticos, en la justicia social, no solo en la caridad.

La doctrina social está muy vigente en “Laudate Si” del Papa Francisco, o en el testimonio vivo de Mariano Puga, Karoline Mayer o Felipe Berríos, entre algunos.

Todos, nos invitan a cuestionarnos el orden material, e inspirados en la fe, a construir una sociedad más justa. Este debe ser el faro que ilumine los nuevos desafíos, lo que me anima a volver a tener fe en la democracia cristiana y  acercarme a una vez más a esa Iglesia que amo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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