¿Universidades de otros Estados?

Los debates y entrevistas a los precandidatos a Presidente (a) de la República, más allá de sus formatos específicos, son útiles para que la ciudadanía acceda a un mejor conocimiento de sus historias de vida y sus propuestas programáticas para nuestro desarrollo futuro.

Al menos,  ese es el objetivo supuesto y esperado de estas actividades comunicacionales.

Uno de los precandidatos presidenciales, aparentemente muy preparado y serio, ha “sembrado la alarma” al advertirnos que hay 2 universidades - privadas tradicionales -  que, por su carácter pontificio, pertenecen a otro Estado, el Vaticano.

Se trata, por supuesto, de la Universidad Católica de Chile y la Universidad Católica de Valparaíso. La primera fundada el 21 de junio de 1888 y la segunda en marzo de 1928.  Es interesante, señalar que la Universidad Católica de Chile, sólo con la creación de la Facultad de Teología en 1935, mereció el reconocimiento de la Santa Sede como Pontificia y que dicho reconocimiento sólo se otorgó a la Universidad Católica de Valparaíso en el año 2003.

Dichas universidades privadas tradicionales, no pretendieron engañar a nadie en la sociedad chilena, y se crearon para conciliar excelencia académica en todos los campos con la formación inspirada en la doctrina cristiana.

Obviamente, esto no dice ninguna relación con el tema de la separación del Estado y de la Iglesia que para muchos quedó zanjado con la aprobación de la Constitución de 1925 aunque algunos autores han señalado que éste es un proceso que más bien se habría iniciado formalmente con el proyecto de reforma constitucional que establecía explícitamente la separación de la Iglesia y el Estado que fue presentado y aprobado en el curso de 1884.  O sea que el precandidato mencione este tema y se refiera con ello al Estado laico para, reitero producir “alarma” con la supuesta injerencia en materia universitaria de Estados extranjeros, es para usar su terminología aplicada a otros temas, “una ridiculez”.

Observemos que las fechas indicadas previamente nos señalan que ambas universidades funcionaron varias décadas sin el carácter de Pontificia y que este reconocimiento posterior en nada parece haber alterado su valiosa contribución al desarrollo nacional.

Así, por ejemplo, un dictamen del Consejo de Defensa Fiscal de 22 de enero de 1940 concluye explícitamente señalando: "En consecuencia, la Universidad Católica es institución docente reconocida por el Estado, que en virtud de la referida ley tiene personalidad jurídica y el derecho a sus iniciativas y especializaciones profesionales y educacionales".

A mayor abundamiento, ya en 1929, los decretos con fuerza de ley números 5469 y 3879 reconocían explícitamente que “las universidades particulares existentes a la fecha a las que se aludía en el Estatuto Universitario eran la Universidad Católica de Chile, la Universidad de Concepción, la Fundación Santa María y la Universidad Católica de Valparaíso". A partir, pues, desde las fechas de estas disposiciones las universidades que acaban de enumerarse, tomaron el carácter de "instituciones reconocidas por el Estado".

Ratificando esta breve historia es bueno reconocer que ya cuando en agosto de 1954 se crea el Consejo de Rectores se reconocen efectivamente como miembros a ambas universidades católicas señaladas.

Lo señalado por el precandidato presidencial en cuestión es grave porque desinforma y confunde a la ciudadanía. Me parece tan grave que determinado precandidato presidencial desconozca el “Acuerdo de París” como que otro desconozca la historia universitaria chilena y pretenda generar política pública mezclando temas de gratuidad, de lo público y de excelencia y de calidad sin una mínima base conceptual de seriedad.

Al límite de su argumento, la contribución decisiva de las comunidades académicas y estudiantiles de la Universidad Católica de Valparaíso y de la Universidad Católica de Chile al proceso de Reforma Universitaria chilena en la década de los 60 y 70 y el testimonio ejemplar de ese gran Rector humanista que fue Fernando Castillo Velasco no habrían estado inspirados en valores de servicio público y de amor a la patria, sino que podrían haber estado inspirados por designios perversos de “otros Estados”.

Exijamos, por favor, mayor seriedad y mayor rigurosidad a quienes aspiran a la Presidencia de la República, especialmente cuando compartimos la necesidad de dar mayor prioridad a la educación pública en todos los niveles del proceso educacional.

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Edición
Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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