Bolivia, las raíces del odio

Han pasado algunos días tras la furia desatada por el presidente Evo Morales hacia Chile, por la cual algunos chilenos se sintieron agredidos e intentaron replicar esas malas prácticas bolivianas. 

Por innumerables razones geopolíticas, los países han encontrado sus equilibrios y fijado sus fronteras. El siglo antepasado, por ejemplo, Estados Unidos tomó posesión de toda Alaska, que en aquel tiempo pertenecía a Rusia. Más de un millón de kilómetros cuadrados, tan grande como Bolivia. Sin embargo, la solución consistió en pagos que aseguraron la paz y así fue que desapareció para siempre la posibilidad de guerra. 

Por su parte, Bolivia estimó conveniente ceder el territorio del Acre ante el inminente derramamiento de sangre con Perú y Brasil y prefirió aceptar pagos en efectivo, la construcción de un ferrocarril y la autorización para que Bolivia pudiera usar los ríos brasileños.

¡Vaya coincidencia! Ese tratado fue firmado en 1903 y un año después, a fin de alcanzar la pacificación y concordia con Chile, Bolivia firmó el famoso tratado de 1904 también "a cambio de pagos en efectivo, la construcción de un ferrocarril y la autorización para que Bolivia pudiera usar los puertos chilenos". 

Hay una larga historia de tratados internaciones que han puesto fin a la terrible lacra de las guerras.

México cedió nada menos que Texas, más de 700 mil kilómetros cuadrados a Estados Unidos al perder una sangrienta guerra que pudo pasar a mayores; más tarde cedió California, medio millón de kilómetros cuadrados más.

Pese a haber tenido alguna vez la posesión de esos vastos terrenos, México supo levantar su país con dignidad, dejando en el pasado y en forma definitiva, cualquier sombra de guerra.

En Europa no fue distinto, el Tratado de Versalles logró pacificar Europa mediante la cesión de territorios y pagos de parte de Alemania. Sin embargo, Hitler desconoció dicho Tratado, desconoció su acuerdo de ceder ese territorio y en definitiva, la guerra volvió a emerger como uno de los peores desastres que la civilización haya conocido. 

¿Qué podría responder Trump si un día Putin escribiera un tweet  diciendo, "Alaska fue, es y será territorio ruso"? ¿Qué tal si el presidente Peña Nieto escribiera, "Texas fue, es y será territorio mexicano"? 

La obligación de un pueblo pacifista, como lo es Chile, consiste en que, ante cualquier conflicto haga su máximo esfuerzo por alcanzar acuerdos de paz y una vez logrado, sea consolidado mediante un Tratado que perdure por todos los tiempos. No es sensato que un país reniegue de los acuerdos que sus compatriotas hayan acordado, porque el sólo hecho de renegar se convierte en un acto unilateral y eso no tiene solución. 

Bolivia es un gran país, con cuantiosas riquezas, pero sus habitantes son obligados desde temprana edad a creer un cuento nocivo acerca de un mar que no les pertenece; son obligados a considerarse inferiores, pobres, desvalidos y desposeídos; se les induce a creerse víctimas de una supuesta injusticia.

Pero es necesario notar que no es el pueblo boliviano el que se ha violentado por sí solo, que se ha victimizado por sí solo, sino que es la propaganda estatal la que pretende establecer en la conciencia ciudadana una verdad oficial, una verdad que se establece no por el desarrollo natural de los pueblos, no por sus convicciones, sino por medio de un simple decreto, de manera que todo boliviano de por vida, esté obligado a victimizarse,  esté obligado a descalificar a Chile, esté obligado a desconocer el Tratado de Paz. Es decir, decretaron una permanente manera de odiar. 

En efecto, la Constitución boliviana, en el Capítulo cuarto, Artículo 267 declara que tiene derechos sobre "el territorio que le dé acceso al océano Pacífico" (sin decirlo, es el territorio chileno) y se obliga a sí mismo, como Estado, en forma permanente e irrenunciable.

En consecuencia, cualquier funcionario público por siempre deberá idear cualquier acción, por absurda que parezca, pues en caso contrario estará infringiendo su propia Constitución.

No obstante, un simple deseo no constituye derecho, por lo cual, permanentemente los funcionarios bolivianos estarán tomando acciones que pueden parecernos agresiones que vulneran la seguridad internacional. 

De paso, esta verdad oficial, esa falsedad jurídica denominada "Derechos expectaticios", es un engaño para su pueblo, ya que crea falsas expectativas. 

Así, mientras los presidentes bolivianos y funcionarios estatales en general pavimentan el camino del odio, nosotros golpeados por ese hostigamiento, nos preguntamos si acaso necesitamos formar parte de organismos internacionales como el Pacto de Bogotá o la CIJ, ya que este último no se ha prestigiado precisamente por ser ecuánime y suele emitir juicios "salomónicos" sobre problemas que no se les ha pedido que opine, pero Chile mira hacia un mundo más estable y tolerante, mundo que no lo encontraremos desarticulando organizaciones, sino buscando lazos de conciliación con todos nuestros vecinos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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