Adopción como alternativa a la despenalización del aborto por violación

A la luz del debate de la despenalización del aborto, hay un punto que se ha planteado sin mayor reflexión. Me refiero a aquellos proyectos alternativos y de propuestas de acompañamiento disuasivos hacia las mujeres, que proponen  la adopción como la salida natural y evidente a un embarazo por violación.

Ante esto, me pregunto, ¿de dónde viene esa idea de que dar un hijo en adopción es una salida para todas las mujeres y niñas violadas?

¿De dónde viene esta idea, salvo de pensar la adopción como un gesto similar al que se realiza en un criadero de mascotas, donde la subjetividad de la gestante y posterior parturienta no importa?

La adopción es un tema serio, tanto para esa mujer que toma esa decisióncomo para todo el sistema humano y social que la rodea. Es de una complejidad jamás obviable, menos cuando se plantea como una salida a un embarazo producto de violación.

Al leer y escuchar atentamente las referencias que se hacen sobre la adopción, nos enfrentamos a un discurso carente de profundidad. Discurso que se ha enarbolado como consigna en los grupos mal denominados pro vida como una alternativa a la despenalización: dar al niño “no deseado” en adopción, bajo el manto de un sentido piadoso y de protección a la vida.

No quiero cuestionar la intención de quienes lo plantean. Quiero ir más allá. Quiero cuestionar la liviandad para con un gesto que nada tiene de liviano.

Lo que plantearé no es un discurso en contra de la alternativa –absolutamente legítima- de muchas mujeres de dar un hijo en adopción. Tengo la convicción de que una mujer no solo tiene todo el derecho de decidir, primero, a querer llevar un embarazo a término, sino que, también, decidir que la mejor alternativa es entregar ese niño en adopción.Esto, porque entregar un niño en adopción implica contemplar la posibilidad de que pueda ser criado por un otro que tenga las condiciones físicas, emocionales, económicas, sociales u otras, que esa mujer,legítima e incuestionablemente, siente que no posee.

Lo que cuestiono es pensar que esa debe ser la única salida obligada ante un embarazo producto de una violación.

Las personas que proponen esta solución como la gran salida moral para las mujeres, obvian algo que es muy relevante: el proceso de maternaje de una mujer embarazada en el transcurso de los meses de gestación y la consecuente violencia al separarse de ese niño o niña.

Primero que nada, un embarazo debe ser deseado. No solo se debe desear ser madre. También se debe desear vivir todo el proceso biológico y psíquico que conlleva gestarlo en el propio cuerpo. Embarazarse es solo el comienzo. El proceso de maternaje es otra cosa, con un alto costo en múltiples sentidos, incluso para mujeres deseosas de vivirlo.

El maternaje es el largo proceso de convertir un hecho de la biología en un hecho psíquico; de ser un cuerpo gestante a transformarte en madre; de convertir a ese cuerpo extraño, en un hijo que te habita. La noción de madre así como la noción de hijo no la da la fusión de gametos. La da tu historia y tu prehistoria, completa. Revestir la maternidad de una belleza carente de conflictos y contradicciones, es simplemente negar la naturaleza psíquica de la maternidad. La homogenización de la experiencia de la maternidad es solo una fantasía social, fomentada como un modo de control.

En mi ejercicio clínico he visto a no pocasmujeres enfrentadas al dolor de una violación. He acompañado a algunas que han gestado embarazos producto de esas violaciones y que han optado por la vía de la adopción.He asistido al conflicto que eso les genera, a las culpas que deben ser trabajadas por ellas día a día, a las contradicciones, a la rabia, al dolor y las fantasías más horrorosas de las que no pueden escapar. A las fluctuaciones de opinión, al trabajo constante y diario de desidentificación de ese ser que crece y se hace carne en sus cuerpos. Las he acompañado esos meses, a algunas las he acompañado en sus partos, así comotambién las he acompañado en el camino de elaboración posterior, donde este relato se constituye como una herida difícil de poner en palabras.

Una mujer o una niña violada han sido despojadas de su subjetividad en ese acto violento de posesión machista, enferma, vulgar y brutal. Una mujer o una niña violada, merecen no cargar con un embarazo concebido de esa manera si no desean hacerlo. Y merecen poder tomar la decisión de interrumpir sus emnbarazos con toda la rapidez, la confidencialidad y el resguardo que necesiten.

Quienes creen que la adopción es una alternativa ante el aborto, están en lo cierto. Lo es. Pero quienes creen que es una decisión mejor que el aborto, que debe ser un destino obligado, que no genera daños en la psiquis femenina y que es capaz de borrar las huellas de una historia que se pretende olvidar, están muy equivocados.Por lo mismo, no puede imponerse bajo ningún pretexto.

Es hora que enfrentemos el tema del resguardo de nuestras niñas y mujeres de una manera seria. Hay mil y una formas de abandono y esta es una.

Debemos dejar de concebir la maternidad como un destino moral, que no tiene. Es hora de devolver a las mujeres la decisión sobre lo que pasa en sus cuerpos y en sus vidas.Concebir eso es todo lo contrario a respetar la dignidad de la vida humana.

Sobre la concepción oligárquica de un niño como objeto de intercambio, hablaremos en otra oportunidad.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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