El acuerdo de unos pocos

En 2010 fueron declaradas inconstitucionales las tablas de factores de riesgo de las Isapres dado que resultaba incompatible discriminar por el riesgo individual de las personas siendo que son instituciones de seguridad social y ocupan el 7% obligatorio destinado para este fin.

Esta era una incongruencia que se arrastraba desde su creación en 1981 y que había sido planteada por múltiples actores sociales, políticos y académicos pero que no se había plasmado hasta ese momento en un pronunciamiento de un órgano del Estado.

Han pasado ocho años y dos Gobiernos desde entonces y múltiples han sido las propuestas técnicas para solucionar esta situación, sin embargo una es la que ha tomado fuerza por contar con el respaldo del actual ministerio de Salud.

Este arreglo es un fondo de compensación de riesgo inter Isapres y que consiste básicamente en que cada una calcula el riesgo de su población asegurada y en base a esta información , y proporcionalmente, se transfieren recursos desde las Isapres con menor riesgo a aquellas con mayor riesgo.

Si bien este arreglo corrige la incongruencia de las Isapres dado que introduce solidaridad al sistema, claramente se aleja de ser un acuerdo nacional al solidarizar exclusivamente entre el 17% de la población. Muy similar a como las Fuerzas Armadas tienen un sistema de salud que es solidario pero ajeno al resto de la población.

Muchos autores hablan que nuestro sistema de salud es mixto, pero es más preciso definirlo como fragmentado. Esto significa que existen múltiples subsistemas por los cuales las personas obtienen una determinada cobertura en salud y cada una de ellas provee un aseguramiento diferente.

Lo anterior es el fundamento a la hora de hablar de que existe una salud para personas de primera categoría, con mejores determinantes sociales de la salud y mayor capacidad de pago y para personas de segunda categoría, con peores determinantes y menor o nula capacidad de pago.

Son estas últimas las que integran Fonasa y que deben llegar de madrugada a un consultorio para conseguir un número de atención, que deben esperar meses o años una intervención quirúrgica o atención por especialista y que muchas veces deben priorizar pagar un tratamiento en vez de llevar el pan a la mesa de su hogar.

Mientras no se cierre la brecha entre estos dos sistema de salud que conviven en nuestro país, todo acuerdo en salud será el de unos pocos.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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