El Cardenal, el nominalismo, el perro y el gato

Recientemente un Cardenal se ha referido a la ley de la identidad de género como en peligro de ser nominalista y ejemplificó acotando que un  perro no pasa a ser gato porque el ser humano le pone el nombre de gato. Todo el mundo estuvo en desacuerdo. Nadie o casi nadie se refirió al nominalismo. No es el nominalismo filosófico al que se refiere el Cardenal, sería muy difícil relacionarlo aún para un filósofo de oficio.

El Nominalismo niega que existan los universales es decir que las abstracciones sobre la realidad son eso, meras lucubraciones mentales sin base real. Solo existen en la realidad los particulares.

No hay transgéneros como noción abstracta, cada uno es una realidad aparte y debe tratarse como tal, sólo existen los casos y no las clases.

El nominalismo en realidad es un anti-nominalismo se opone a que el ser humano de un nombre (nomine) genérico a cualquier clase de objetos porque esa clase tiene una existencia en la mente humana y no en la realidad; es una asociación forzada que el ser humano hace con motivos pedagógicos o discursivos.

No creo que esta haya sido la intención cardenalicia sino la que aparece al final de mi observación y que se refiere más bien al uso y discusión del nominalismo en el mundo biótico.

Esta discusión se refiere si las categorías taxonómicas, tipo, clase, orden familia, género y especie de la biología corresponden a realidades o son meras nominaciones.

Los trabajos de los genetistas desde antes de Mendel y evolucionistas desde antes de Darwin y de los que construyeron la teoría sintética de la evolución (Simpson, Mayr y Dobzhansky mas los genetistas de poblaciones Wright, Fisher y Haldane) ya respondieron que las especies y los géneros correspondían a procesos evolutivos reales; también otros niveles más inclusivos pero con dudas sobre las precisiones de separación de esas clasificaciones.

En nuestro problema corresponde hacerse las preguntas si los heterosexuales, homosexuales, transexuales (no uso en este párrafo transgénero porque introduce otra categorización y complica este análisis), los transformistas, los trasvestistas, los neutros, los hermafroditas, los testículos feminizantes o evanescentes, etc., constituyen síndromes reales o son invenciones con una nominación más bien arbitraria.

La clínica ha demostrado que estas son entidades nosológicas (cuadros clínicos) reales no meramente nominales, incluso en varios de ellos ya se conoce su determinación genética.

Sin embargo, no deja de haber alguna connotación nominal en el sentido que estas entidades nosológicas no tienen bordes nítidos, no en la realidad, sino que en la forma que la medicina puede conocerlas.

De hecho, por ejemplo, en la categoría homosexual gay están al menos el tipo afeminado (erómeno en la pareja pederasta, malakoi o afeminado en el sentido bíblico helénico) o penetrado y el sodomita (erastes en la pareja pederasta, arsenocoitai en el sentido bíblico helénico) y muchas otras más constituyendo una categoría bastante polimórfica.

Si tomamos en cuenta la sexualidad en el sentido biótico evolucionario esta corresponde a la capacidad que tienen las especies, no los individuos, de producir recombinantes genómicos nuevos; contiene una riqueza enorme para enfrentar los cambios ambientales que de otro modo extinguirían esa especie.

Comprenderá el lector que nada más lejos de la sexualidad que se usa para discutir coloquialmente o incluso en las instancias legales o clínicas ordinarias. El sexo es el conjunto de caracteres que permite esta producción de individuos recombinantes.

Nótese además que la sexualidad nada tiene que ver con la reproducción y están evolutivamente unidas en mamíferos y en menor grado en vertebrados pero separadas en unicelulares, bacterias protozoos e incluso muchos metazoos.

El ser humano conserva reproducción no sexual por clonación en los gemelos monocigóticos. Hay diferentes instancias en el sexo humano, génica, genética, cromosómica, gonadal, de genitales internos, de genitales externos, neurales, endocrinas, psíquicas, sociales y legales y todas se orientan armónicamente a lograr la producción de individuos recombinantes.

Pueden estar disociadas o mutadas y entonces ese objetivo no se logra por incoherencia.

El sexo psíquico contiene entre otras instancias a la configuración de identidad sexual llamada también (aunque no totalmente correspondiente) identidad de género y a la configuración de apetencia llamada también orientación sexual.

Cuando la identidad de género no corresponde a las instancias del sexo somático se ha hablado de transgénero o transexual en la clínica genética tradicional.

Cuando la orientación sexual normal (integrada a producir recombinantes) se orienta hacia el mismo sexo somático o psíquico se produce un homosexual, si se orienta a niños se produce un pederasta, la palabra pedófilo debería suprimirse porque no corresponde a lo que se quiere implicar con el lenguaje griego riguroso. 

La ciencia ha demostrado tanto en la homosexualidad, debería llamarse homo-erastia, como en los transgéneros que la mayor determinación parece ser prenatal por la impregnación androgénica de núcleos del cerebro. En nuestra clínica, la determinación de vestirse con ropas “cambiadas” aparecía ya a los 2 a 3 años, en un caso un niño (a) de 3 años trató de cortarse el pene con una tijera.

Aterricemos en la ley y el nominalismo. El transgénero, el gay, la lesbiana, el varón, la dama son categorías reales no nominales. La solución es respetar la autonomía del ser humano y la ley debería tener entonces estas categorías, por cierto mejor especificadas, entre las alternativas identitarias.

Sexo no solo masculino y femenino, también transgénero varón-mujer o mujer-varón (desgraciadamente no hay otra nomenclatura), gay, lesbiana, neutro, etc.

Hay otra instancia del sexo psico-social que es la fenosintonía, como la persona gusta de aparecer en sociedad,  y la fenodistonía, como no le gusta aparecer. El respeto a la autonomía implica que la persona es dueña de elegir la categoría identitaria que ella quiera y no se le adscriba o se le obligue a encerrarse en el zapato chino de dos solamente. 

Conozco varios transgéneros que quieren seguir siéndolo y se lamentan que la sociedad los obligue a ser varón o dama. Los transgéneros deberían ser criados como tales hasta la edad en que autónoma y competentemente eligieren su fenosintonía.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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