Machos necios

Debates largamente postergados se reanudan estos días.  Ahora que parecen moverse vientos favorables para algo más que pactos de moralidad dudosa bajo cuerda y protocolos para tranquilizar a rentistas hiperventilados que esperan que su marioneta actúe como corresponde en el ministerio o el congreso. Llegó la hora de legislar sobre temas que realmente nos atañen como personas, como seres humanos dentro del ideograma llamado país.

Se encuentra bajo trámite legislativo una iniciativa más real, más relevante, (porque no todo en esta vida se reduce a un powerpoint con gráficos y cifras azules) esperada por demasiado tiempo por los ciudadanos, en especial, las ciudadanas.

El aborto es la gran bandera de lucha que ha venido a simbolizar lo que, a mi juicio, constituye la revolución que se está llevando a cabo. Una ola de irresistible fuerza se levanta en contra del patriarcado y sus ya rancios axiomas.Acosar, violar, asesinar o subyugar a la mujer, nuestro deporte favorito por milenios, debe llegar a su fin. Su penosa continuidad no resiste el menor análisis. Jamás debió haber ocurrido. Pero ahí estuvieron todo tipo de religiones y filosofías para justificarlo. No obstante, casi todas hoy ya no gozan del crédito de antaño. Basta ver la conducta de líderes eclesiásticos y de partido para notarlo. Se acabó. Así de sencillo.

Sucede que la mujer, cada día más y merecidamente empoderada te está recordando que no es la versión inferior tuya y está harta de imbecilidades como el acoso callejero y de que la molesten, en general, de cualquier manera. No, viejito, a ellas no les gusta tu mugroso piropo, ni tus agarrones camufla.

Sucede que está harta de verse reducida a un rol de mero ente reproductor o, peor aún, un objeto más de mercado para consumir como un auto o una casa. Y reclama la dignidad que tú ya detentas desde… déjame ver, ¡siempre! Te lo ha dicho en todos los tonos, pero no. Tú prefieres oír a la manga de dipsómanos de tus amigotes de la barra e ignorarla. Esto no es populismo alguno. Como dice un artículo que leí en la web una vez, agradezcamos que ellas no nos odien a todos los hombres por las barbaridades que otros les perpetraron y nosotros elegimos no ver.

Sin embargo, en pleno siglo XXI, en el que tanto nos jactamos de dejar atrás la superchería, la ignorancia y al atraso, persistimos en seguir agrediendo a la que llamamos nuestra compañera. Los derechos de la mujer, tan reales e imprescindibles como los del hombre son vistos por algunos como una especie de invención verbal, un cuento, en suma.

Motejan al debate de  ”ideologizado”, cuando se invoca el derecho de una mujer a decidir sobre su cuerpo como argumento basal a favor de la despenalización del aborto, pero arguyen con palabras aún más ideologizadas que los del adversario, porque el patriarcado y sus compinches llámese religión o partido político devienen en solo eso, al final del día, en ideologías.

Sin ir más lejos, los fundamentos de las votaciones en la Cámara Baja transitaron desde penosas falacias que cualquier estudiante de Tercero Medio identificaría con gran facilidad, hasta otros graznidos peores que eso.

Mención honrosa se adjudican las intervenciones de varios parlamentarios de Chile Vámo (nos),  que con idioteces de antología pagan caro su olímpico desprecio por la cultura, la razón y el buen sentido. Claro, ponderar un problema con juicio y mesura es una cosa tan de izquierdas y yo estoy tan ocupado con mis acciones a la baja y mis boletitas truchas. Tarea para la casa ¿por qué nuestros políticos insisten en quejarse de los medios si solos se vilipendian? Hoy más que nunca ellos son sus palabras y lo que hacen.

Así que la única maquinación intelectual que aquí existe, señor Kast, es el patriarcado y sus constructos subalternos llamados patria, familia y propiedad, que no son iusnatura, sino también ideología, o sea constructos verbales que crean realidades, porque todo aquello que forma parte de la cultura es gestión del intelecto humano, por ende convención y no es parte de una especie de determinismo biológico.  Sospecho que quizás esto sea lo que más les duele. Que sus así llamados principios resulten ser, al final del día, una oferta más dentro de las tantas tendencias que hoy existen en el mercado, su amado mercado.

Esto no es una invectiva contra tus creencias personales, lectora y lector, entiéndase bien, tampoco estoy redoblando mi tambor de hierro a favor de la muerte de un inocente ni nada. Aquí se trata de humanizar una ley vetusta y brutal y simplemente abrir caminos que garanticen la libertad de elección de la mujer.

El aborto ya es un acto dramático y doloroso, ¿por qué enriquecerlo con torturas penales, morales y espirituales contra alguien que ya padeció el holocausto de una violación o la sola idea de contener a una criatura no viable o que su vida está en peligro?

La noción de que esta legislación consagra el individualismo, incoherencia de un programa de sello socialista, como afirma una columna reciente en El Mostrador, me parece un sofisma mañoso.

Otra vez buscamos abstracciones para sacar a la mujer de este juego que es de hombres caramba, que es hacer leyes, al tratar de enturbiar una opción legítima de un ser con plena capacidad de raciocinio bajo trampas refinadas, quizás lo último que le queda a la élite machista como munición para detener la marcha de la verdad y el sentido común.

Yo como hombre, puedo elegir porque soy adulto y tengo criterio y mi constitución me ampara para que pueda hacerlo. ¿Por qué no la mujer? ¿Por una diferencia estadística de caracteres sexuales secundarios? ¡Por favor! Y luego dicen que quieren debatir en serio.

Estamos hablando de legislar para todo un país y su heterogénea conformación, no sólo para una mayoría creyente, que ni siquiera es monolítica. Si fuéramos un Estado confesional como algunos países islámicos, bueno nada que hacer, fulminarán las escrituras entonces, pero no lo somos. Tenemos separación entre Iglesia y Estado desde fines del Siglo XIX. ¿O es que hay algunos nostálgicos de la época dorada del cohecho ultramontano? ¿O es que los machos necios temen que la mujer lidere la cruzada de renovación histórica y espiritual de la cual no hemos sido capaces o, en el fondo, detestamos la posibilidad de llevar a cabo?

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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