El Forastero

Me llama la atención cómo el tema de la inmigración ha vuelto a situarse como punto de debate en el mundo político, social y empresarial. Y es que hablan de ello como si fuera algo nuevo,  como si fuese un fenómeno contemporáneo, algo nunca antes visto.

Para mí es una realidad bastante cercana, pues provengo de una familia de italianos que se insertó en la sociedad  con cierta facilidad, pero no estuvieron libres de ciertos “incidentes” típicos de alguien que se sitúa en un país donde las costumbres y el idioma son muy diferentes.

Mi nono, (abuelo) se desempeñaba como técnico de ascensores, labor que años después lo hizo fundar la empresa  “Aluminio y Ascensores Fantuzzi”.  Realizar este trabajo en Chile para él no tuvo mayores complicaciones en materia de idioma, pues como siempre decía, lo único que tenía que tener en claro era que estas máquinas “suben y bajan”.

Pero quien no corrió la misma suerte fue mi Nona,  puesto que por no entender bien el español, se contagió de tifus, enfermedad que tenía por consecuencia cortarse el pelo al máximo para evitar que este se cayera.

Pero ¡OJO! pese a los problemas comunes que muchos tuvimos que enfrentar, y haciendo un análisis con respecto  a los inmigrantes, me atrevo a decir que a la mayoría les va bien y esto es porque hay un factor común que poseen muchos de los que abandonan sus raíces, “sacarse la cresta trabajando”.

El inmigrante no busca descanso, trabaja toda la semana, en su diario vivir no deja espacio para el ocio, pues tiene claro que el esfuerzo le otorgará los frutos que busca.

Personalmente viví esta realidad, pues mi familia era así, pero el motor de este comportamiento era poder otorgarnos una buena educación y gracias a ese esfuerzo me convertí en la primera generación de profesionales de mi grupo familiar.

No pretendo contar una por una las historias de mis familiares y su arribo a Chile, pero sí me interesa profundizar en la importancia que estos tienen en los diferentes lugares del mundo, sobre todo, si consideramos que hoy en día es un tema que está generando repercusiones a nivel mundial.

No niego que debe existir cierta regulación en estas materias, pero no me cabe duda que los  inmigrantes colombianos, peruanos, haitianos, venezolanos, etc., nos han entregado un capital social digno de reconocimiento, aunque a veces, lamentablemente, han tenido mucho rechazo.

Me duele y molesta ver  actitudes xenofóbicas contra ellos,  me indigna cuando se les humilla por aspectos físicos, o cuando se les insulta y degrada por no ser parte de nuestra cultura, pero lo que más me llama la atención, es que estos actos  discriminatorios no se dan con el inmigrante de origen europeo. Hasta para discriminar algunos se han puesto selectivos.

La inmigración ha creado un manto de desconfianza,  situación que se refleja claramente en el mundo laboral, pues algunos  trabajadores sienten una amenaza ante la preferencia de contratar extranjeros.

Lo mismo sucede en casos como el de Uber  y el comercio clandestino en relación a los taxistas y el comercio establecido. Es casi como si nos molestara que tengamos competencia, como si nos molestara mejorar o cambiar ciertas cosas, pero a mi parecer, estos hechos se configuran como un llamado de atención transversal que nos alerta sobre qué cosas debemos o podemos mejorar.

Asimismo, creo que este fenómeno debe ser considerado por aquellos que creen que nuestro país económicamente es un desastre. Si esto fuese así, les aseguro que no tendríamos las altas tasas de inmigración actual.

Pero como no me gusta hablar solo de lo negativo, antes de culminar quisiera dar testimonios sobre una experiencia de la cual tuve el honor de participar junto al Padre Felipe Berríos en el campamento la Chimba de Antofagasta, lugar donde él construye un centro de capacitación laboral.

En sus inicios era un basural, un sector inhabitable, hoy, todo está  ordenado y limpio.

Gracias a esta labor, no solo se dignifica la calidad de vida de quienes habitan el sector, también se otorgan herramientas que permiten a los integrantes optar por oportunidades laborales que les permitan llevar una mejor vida.

En diciembre de 2016 quienes viven en La Chimba recibieron sus respectivas certificaciones por los cursos que se les otorgaron, y me atrevo a decir que casi el 100% de los capacitados, eran extranjeros.

Aplaudo estas iniciativas, pues demuestran que pese a ciertos hechos de discriminación, los chilenos somos capaces de ser solidarios y acogedores con una vista de carácter integrador.

El gremio que presido, incluye dentro de sus trabajares/as a venezolanos, argentinos, españoles, mexicanos, etc. y desde esa perspectiva, puedo corroborar que el aporte que nos otorgan va más allá del conocimiento teórico.

Leí por ahí que la única raza que existe es la humana y creo que eso es lo que muchos tenemos que tener en cuenta antes de discriminar, que ser de una cultura u otra no nos hace superiores, todos tenemos diferencias que van más allá de nuestro idioma o nuestras costumbres, pero si seguimos con estas actitudes dirán que la conocida canción no es tal como señala la letra original, pues al parecer no quieren tanto en Chile al amigo cuando es forastero.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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