La madre, la “buena” madre

¿Qué es ser madre?, me lo pregunto todos los días, los días que pasan con la velocidad de la luz, en las mañanas caóticas, en las responsabilidades desde iniciada el alba y sin final. ¿Qué es ser madre? me pregunto, y la sociedad me agrega en esa pregunta el adjetivo  “buena”, y la pregunta se transforma en ¿Qué es ser una buena madre? La respuesta es simple y honesta. No lo sé.

Tarjetas y posteos me anuncian e interpelan sobre lo que es ser una buena madre a los ojos del que dirán. Dicen que somos los motores de la existencia, las promotoras de los destinos, la comprensión y amor en persona, la maravilla del universo, la sabiduría caminando, y la verdad es que yo siento que no, que no necesariamente es así.

No creo ser la promotora de ningún destino, ni menos la sabiduría caminando, me equivoco y a veces mucho, y trato de no sufrir el flagelo de la culpa por eso.

Como mamá me siento una compañía que trata de ir enseñando y aprendiendo con los/as hijos/as, desde mi propia historia y no para una extensión de ella en sus vidas. Los llevo en brazos, luego de la mano y después incluso de lejos para que sean buenas personas, ojala de noble corazón y de consecuencia con esa nobleza. Compañía para que logren equilibrar el ímpetu y la fuerza, direccionar  adecuadamente esas frustraciones y desilusiones que la vida nos trae, para que disfruten la felicidad como el más grande tesoro, para que valoren la salud y el amor por sobre todo.

Ojala todas las madres quisieran ser madres, y las que no, que no fueran criticadas por eso. Ser mamá es un millón de ventanas que se abren y pueden ser también, en una sociedad contradictoria como esta, un millón de puertas que se cierran.

Sí, pueden ser puertas cerradas cuando no se comprende a esa mujer trabajadora, a esa mujer que no puede prepararse más por que el tiempo y el dinero le son escasos, a esa mujer jefa de hogar, a esa mujer que corre entre las calles y entre tantas cosas para cumplir todo el día con todos esos mandatos del ser buena madre.

Mi trabajo como mamá responde a la necesidad que más siento como persona para  que comprendan el sentido de la trascendencia que debemos imprimir a nuestras vidas, que comprendan, sientan y vean el mundo más allá de lo que a ellos les toca, más allá de ese cartón que dice que son algo, que sepan que fuera  de su casa hay diversas realidades, que vivan la vida más allá de su metro cuadrado, que respiren el aire más allá del aroma de su hogar, que hagan suya alguna causa que valga la pena por la cual vivir y que afecte positivamente al ser humano y al mundo.

Si quieres un mundo mejor, mira a tu madre y no sólo le regales flores, regálale uno de los mejores regalos que es hacer tu propia vida, responsable y autónomo/a, un ser consciente,  ojala con alguna razón altruista que le dé aún más sentido a tu existencia. 

No critiques a quien no quiere ser madre, no trates de abortista a quienes  creemos que tener opciones es parte de un Estado democrático, castiga socialmente a quien no cumple con el pago de las pensiones alimenticias porque vulnera los derechos de sus hijos, no permitas la violencia contra la mujer porque detrás de ella siempre hay una familia, amigos o personas que la quieren, la respetan, la valoran, más allá de si es madre o no lo es, más allá si en su rol de madre cumple tus propias expectativas,  imagen o realidad de lo que es ser una “buena” madre. 

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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