Saludando a Vladimir Álvarez

El domingo de madrugada se fue Vladimir. Se fue en silencio, tranquilamente, como era su costumbre. Se fue porque quería estar con doña Irlanda y don Israel, sus padres, a quienes nunca dejaba solos.

A los que quedamos acá no nos dejó solos. Nos dejó la presencia de su recuerdo, de su trabajo, de su aporte al país, de su entrega a los otros, del cariño y amistad que brindó en su vida a todos.

Fue parte vital de esa Patria Joven que dio su aporte fundamental para que la Democracia Cristiana y Frei llegaran a ser Gobierno. Era entonces el Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Técnica del Estado, hoy de Santiago.

Cuando fueron Gobierno, junto a amigas, amigos y camaradas de la DC se puso a la tarea de hacer caminar en el ministerio de Educación, la Oficina Nacional del Servicio Voluntario que permitió profundizar en el país la cultura del voluntariado, movilizando a miles y miles de jóvenes por todo el país y también en el exterior. Después fue el padre de la Asociación Chilena de Voluntarios, la organización no gubernamental de trabajos voluntarios de más tradición en el país.

Durante sus setenta y siete años de vida, desde aquellos lejanos en el liceo en Valdivia durante su niñez y adolescencia, jamás dejó de trabajar por el bien común - como decían los DC -, por el bienestar de la comunidad, por la justicia social.

Hace sesenta y seis años atrás, en Los Ángeles, donde su padre era el maquinista del tren que unía Santa Fe con esa ciudad nos encontramos por primera vez. Desde entonces nuca más dejamos de estar hermanados. Fuimos siempre amigos. Algunas veces lo acompañé en sus trabajos creadores, aún cuando yo dejé la DC. Nada fue capaz de separarnos. La amistad, camaradería, lealtad y cariño mutuo nos unió siempre, aún cuando ambos debimos exiliarnos durante la dictadura. Cuando regresamos volvimos a trabajar unidos.

Hoy nos hemos separado, seguramente no por mucho tiempo, y yo quiero rendirle un homenaje de cariño, amistad y admiración, para que no lo olvidemos nunca. Sobre todo no olvidemos lo mucho que nos enseñó a todos los que con él compartimos sus inquietudes y anhelos por un Chile mejor, por un pueblo con justicia social.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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