Un grafiti en la cortina de una tienda del centro de Kiev recuerda la realidad de la guerra a quienes vuelven a casa después de apurar hasta poco antes de la medianoche, cuando empieza el toque de queda, bebiendo y hablando en los bares: "¡Al frente vamos a ir todos!".
Sin progresos decisivos en las negociaciones de paz que impulsa EE.UU., y con el presidente Donald Trump centrando su atención en otros lugares del mundo, el conflicto no tiene perspectivas de terminar, lo que pone a millones de varones ucranianos ante dilemas personales trascendentales.
Todos los hombres ucranianos de entre 25 y 60 años están obligados a presentarse ante las autoridades militares para que éstas determinen si son aptos para ir a la guerra, de manera que puedan ser llamados a combatir si se les requiere.
Y tras casi cuatro años de hostilidades, se les requiere para engrosar las diezmadas filas de un Ejército que pierde territorio a diario por la falta de soldados en las líneas del frente para contener a un enemigo muy superior en número.
"Es una cuestión de instinto. Hay gente que tiene el instinto de luchar y otra que está hecha simplemente para otra cosa", dijo a la agencia de noticias EFE uno de los dos millones de ucranianos -según el Ministerio de Defensa- que viven escondiéndose de los reclutadores militares por miedo a ser llamados a filas.
Música y realidad virtual
En un pequeño departamento, que cuenta con una sola pieza, en el puerto del mar Negro de Odesa, este compositor y músico profesional de 37 años pasa desde hace año y medio todo su tiempo haciendo pequeños trabajos para sus clientes, alimentándose de pedidos a Glovo y abstrayéndose de la realidad con unas gafas de realidad virtual.
Salir a la calle es cada vez más complicado para los evasores del servicio militar en Ucrania, donde patrullas de reclutadores peinan hasta los bosques y las avenidas más remotas en busca de hombres que no se han inscrito en el registro militar.
Su destino puede acabar siendo las unidades de combate menos populares entre quienes aún se presentan voluntarios a las oficinas de alistamiento.
"Ahora hay poca gente que quiera servir en posiciones de infantería y la gente muestra preferencia por puestos de operación de drones", relató a EFE Oleksandr Tomishch, capitán de la Marina ucraniana, que trata de atraer a nuevos reclutas voluntarios ofreciéndoles la posibilidad de elegir en donde servir en función de sus intereses y sus habilidades profesionales.
Movilizados forzosamente
Para completar las filas de sus unidades de infantería, la Marina y otros componentes de las Fuerzas Armadas de Ucrania deben de recurrir a la movilización forzosa.
"Es mejor tener la posibilidad de elegir libremente cómo y dónde servir, porque la guerra continúa, los ciudadanos tienen que cumplir con sus obligaciones de defender a su país y llegará un momento en que no podrán elegir", sostuvo el capitán Maksim Gorbunov, jefe de la dirección de reclutamiento en la Marina.
El oficial anima a los ucranianos tanto dentro del país como en la diáspora a dar un paso al frente para evitar tener que vivir en la clandestinidad y poder integrarse con cierto margen de decisión en el sistema militar antes de que el reclutamiento obligatorio les lleve a tener que prestar servicio en las posiciones más peligrosas.
Un salario más bajo a cambio de normalidad
Entre las ventajas de seguir el camino que propone Gorbunov está poder vivir con normalidad, pero los salarios de los militares que no combaten son de apenas 400 euros al mes, lo que, por ejemplo, a los muchos profesionales del sector digital que trabajan para empresas extranjeras escondidos en sus casas les supone una caída de los ingresos, además del temor de ser enviados un día al frente al haber entrado en el radar del Ejército.
"Tomar la iniciativa de esta forma es asumir el control sobre tu propia vida", explicó a EFE Serguí Panashchuk, que desde el comienzo de la guerra ha trabajado de corresponsal en el frente para diversos medios británicos y siete meses atrás acudió al centro de reclutamiento de la Marina, donde ahora trabaja en comunicación, para poder entrar en el Ejército haciendo lo que mejor sabe hacer.
Al entrar en la franja de edad de movilizables, Stanislav Karabinenko decidió dejar su trabajo como montador de paneles solares y presentarse voluntariamente ante la 39ª Brigada de la Marina ucraniana, con la que recibirá entrenamiento y será desplegado cerca del frente como especialista en guerra electrónica, probablemente en la región sureña de Jersón.
"¿Mi motivación? No quiero tener problemas en el futuro. He cumplido los 25 y esto ha llevado a ciertas circunstancias. Quedarme todo el tiempo en mi casa no es una opción", declaró el joven a EFE.