Una noche en la frontera más peligrosa de Chile: "Pasar por aquí es arriesgar la vida"
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| Periodista Digital: EFE
En el altiplano de Colchane, día a día el Ejército y los migrantes irregulares se involucran en una dinámica "del gato y el ratón".
"Vengo a trabajar para ayudar a mi familia, no a hacer nada malo", aseguró una joven venezolana sorprendida por los uniformados tras ser "botada" por un coyote.
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La migración irregular creció de forma exponencial en los últimos años: de unas 10 mil personas en 2018 a casi 338 mil en 2023.
La frontera entre Chile y Bolivia, en la localidad de Colchane (Región de Tarapacá), se convierte cada noche en un gélido campo de escondite y persecución en medio de aguas estancadas y barro, donde el Ejército persigue a los migrantes que, "engañados" por coyotes, intentan ingresar en forma irregular.
Los militares que patrullan de noche viven en alerta. Luces cercanas al punto de control detectaron movimiento y se encendieron de repente, iluminando a Yusmerli, una joven venezolana que intenta cruzar por un paso irregular.
"Me dejaron botada", dice apenas se encuentra cara a cara con el Ejército chileno, al que la agencia de noticias EFE acompañó una noche de mediados de marzo, para mirar cómo opera la misión de resguardo fronterizo.
El límite con Bolivia, en el extremo norte de Chile, a casi 2.000 kilómetros de Santiago y por donde cruzan la mayoría de los migrantesirregulares, es un lugar inhóspito y pantanoso en pleno desierto altiplánico.
Entre 30 y 40 personas cruzan cada día desde Bolivia por este punto no habilitado cuando cae el sol, acompañados de supuestos guías –conocidos como "coyotes"–, y la mayoría sin agua ni comida, después de semanas atravesando distintos países de Sudamérica.
El despliegue de las Fuerzas Armadas ha logrado reducir el flujo migratorio, pero no eliminarlo. A veces "los coyotes son más astutos". (Foto: EFE)
La migración irregular en Chile se ha multiplicado de forma exponencial en los últimos años: de unas 10 mil personas en 2018 a casi 338 mil en 2023, según el Servicio Nacional de Migraciones (Sermig) y el Instituto Nacional de Estadísticas (INE).
Los migrantes en esta situación representan al menos el 17,6 por ciento de los 1,9 millones de extranjeros que hay en el país.
"Tengo mucho miedo. Pensé que me iba a morir. Venimos caminando desde las siete de la tarde (y son las dos de la madrugada)", relata entre sollozos Yusmerli, venezolana y chef de profesión.
"Vengo a trabajar para ayudar mejor a mi familia, no vengo a hacer nada malo", dice pensando en su hijo de tres años que ahora le cuida su hermana en Venezuela.
"El gato y el ratón"
El Ejército chileno activó sus dispositivos nocturnos tras observar por cámaras térmicas tres grupos dispuestos a atravesar el bofedal (humedal altiplánico) que separa ambos países. Yusmerli estaba ahí, junto con varios menores.
"Haremos una operación envolvente para concentrarlos a todos", explica el comandante de las fuerzas fronterizas Marco Agosin.
Casi dos horas después, la caravana militar llega a dos kilómetros de la frontera, pero no hay rastro de los migrantes.
"Es el juego del gato y el ratón", dice el teniente coronel Carlos Tapia: "Nos fue mal hoy, los coyotes fueron más astutos", lamenta.
Mientras los militares hacían su ronda, los coyotes obligaron a los migrantes a "esconderse en el agua y el barro" del bofedal y "les amenazaron con golpearles" si no permanecían en silencio y con el teléfono apagado, contó después Yusmerli.
"Arriesgar la vida"
Los coyotes conducen a los migrantes por el paso irregular a cambio de dinero y engañan a los extranjeros sobre las dificultades de la travesía por el altiplano.
"Me dijeron que solo iba a caminar 15 minutos, pero fue mucho más en medio de la nada y con muchos peligros. Pasar por aquí es arriesgar la vida", reconoce Yusmerli.
Ella pagó 10 mil pesos chilenos (unos 10 dólares de hoy) al traficante de personas que la abandonó y le aseguró que si los militares "la agarraban", la deportarían.
El coronel Tapia explicó a EFE que los coyotes "atemorizan" a los migrantes –les dicen que "los uniformados de la frontera los maltratarán, como ocurre en otros países"– y luego los abandonan en la ruta y se escapan con su dinero: "Por eso prefieren entrar por un paso irregular".
Con su pasaporte caducado "por la situación en Venezuela y lo caro que sale", apenas es detenida, Yusmerli pregunta por una posible deportación.
"El ingreso inhabilitado es una falta, no un delito; ser migrante no es delito", le responde Tapia.
Los migrantes irregulares son sometidos a un proceso sancionatorio con miras a la expulsión, y desde fines de marzo, se está aplicando la reconducción hacia Bolivia. (Foto: EFE)
"Reconducidos"
Los soldados condujeron a Yusmerli al Control Migratorio Irregular del Complejo Fronterizo de Colchane, donde fue entregada a la Policía para iniciar un "proceso sancionatorio" para su eventual expulsión, un proceso que puede durar meses y que es apelable si existen vínculos familiares en Chile o sustento económico, entre otros.
Después del trámite, continuó su recorrido hacia Santiago, donde la esperaban familiares.
Si hubiera cruzado hoy la frontera, sin embargo, su situación habría sido distinta. Desde el 28 de marzo, cualquier extranjero que ingrese a Chile por este punto de forma irregular es "reconducido" a Bolivia, tras la implementación del acuerdo suscrito en diciembre entre Santiago y La Paz para un control migratorio "más efectivo", que fue protocolizado en febrero.
El nuevo protocolo, que se aplica en un momento clave para el flujo migratorio en Latinoamérica, eleva la presión sobre la frontera más porosa y franqueada de Chile porque para muchos extranjeros, como Yusmerli, migrar la única opción.