A un “metro” del humo y la tragedia

Cerca de las 6:50 hrs. de la mañana del miércoles 20 de junio, pasajeros del tren subterráneo  y comerciantes de la estación Tobalaba fueron testigos de una humareda que provenía aparentemente de un local de helados emplazado en el lugar. Según lo que señalaba Carabineros "personal del local de helados encendió el tablero eléctrico y comenzaron a salir llamas, por lo tanto, cerraron el tablero, cerraron el local y llamaron al 133".

¿Estamos ajenos a que suceda algo así en nuestra casa, oficina, colegio?, por supuesto que no, las posibilidades de incendio siempre están presentes en cualquier espacio. Habiendo combustible, oxígeno y calor en sus debidas proporciones y una interrelación de los elementos, tendremos una combustión, y habrá fuego.

El fuego es una reacción química inestable que crece de forma geométrica, lo que significa que, en pocos minutos, ese incendio habrá crecido en volumen, intensidad, temperatura, toxicidad, destrucción, etc.

Junto con la combustión, viene asociada la generación de humo y gases.  El humo es una mezcla peligrosa y compleja; el aire caliente, las partículas sólidas y líquidas en suspensión y los gases tóxicos que contiene el humo de la combustión lo hace extremadamente peligroso para la salud de aquellos que se topan con un incendio.

Los gases tóxicos que se liberan en un incendio dependen del producto que se quema, del tipo de material químico o sustancia que arde.

Estos elementos pueden ser clasificados como agentes irritantes respiratorios y agentes tóxicos. En los agentes tóxicos destaca el monóxido de carbono, pero también se pueden encontrar cianuro y sulfuro de hidrógeno.

Dentro de los agentes irritantes puede haber ácido clorhídrico, oxido de nitrógenos, dióxido de carbono y amoníaco, entre muchas otras sustancias. El monóxido de carbono se libera en los incendios de maderas, celulosa y PVC entre muchos materiales. El cianuro se libera en la combustión de nylon, plásticos y resinas.

El humo del fuego es siempre convectivo, va hacia arriba como la llama de un fósforo, sus gases calientes y humos se propagan hacia arriba, salvo que tengamos un elemento que desvíe este curso normal, de tal modo que, en su casa, en un comienzo de un incendio los gases calientes y humos irán hacia la parte superior.

El día de la emergencia del metro subterráneo, los humos y gases, tendieron a subir, y la generación de humo es rápida y abundante, adicionalmente se puede agregar que la estructura del metro es un espacio confinado sin ventanas, lo direcciona con mayor facilidad los humos por tener espacios únicos, los que se van llenando.

A modo de ejemplo ilustrativo con respecto a la generación de humo, un sillón de un cuerpo que se quema, puede saturar de humo una casa de 80 metros cuadrados en minutos, con una densidad agresiva del humo y crear un cuadro de visibilidad cero para el propietario o el involucrado en la emergencia. Cuando hablamos de visibilidad cero, estamos hablando de no poder observar una ampolleta encendida de 100 watts a un jeme o a una cuarta, de su propia nariz.

Entonces, si vamos uniendo este cuadro, el fuego crece geométricamente, y tenemos pocos minutos para evacuar, viene asociado a gases que me intoxican y previamente estos mismos me pueden limitar sicomotoramente, vale decir en mi facilidad o destreza de desplazamiento, en mi capacidad de pensar, porque lo que necesita mi cerebro es oxígeno y no monóxido de carbono.

Los humos además tendrán una tendencia a ir hacia arriba, y coincidirán con las vías de evacuación, las mismas vías que usarán las personas para escapar.

Gritos, desconcierto, desesperación, miedo, ingredientes no menores que hacen acelerar las pulsaciones y respiración, reacciones que aceleran la intoxicación y asfixia por la falta de oxígeno, en el momento que se produce la emergencia.

Las condiciones reales que aporta un amago de incendio como éste, es que, con un pequeño a mediano incendio, crea limitaciones sobre las personas que evacuan.

Poca visibilidad, dificultad para ver, una especie de conjuntivitis o sensación de arena en el ojo, tos persistente, ronquera y dificultad para respirar y en casos más complicados mareos, vómitos, debilidad de movimiento y compromiso del estado de conciencia.

Dicho eso, esta emergencia “evaluada inicialmente como exitosa” por no encontrarnos con un desenlace fatal, nos hace reparar en cuestiones obvias, que a simple vista parecen incongruentes.

En pleno proceso de control del fuego y evacuación, seguían llegando trenes y abrían sus puertas para que bajaran y subieran personas.

Si efectivamente se realizaba un control de mantención en el local de helados, que provocó la emergencia, llama la atención la falta de medidas de prevención y control, y adicionalmente la acción en primera intervención, lo que evidentemente pudo haber evitado lo que sucedió.

Si bien, se apreciaron guardias y personal de la empresa dando instrucciones en un ambiente contaminado, donde hay registros fotográficos y grabaciones que muestran gran cantidad de humo mientras se hacia la evacuación, donde lo requerido era la experticia y liderazgo de los funcionarios, no se comprende cómo no tenían equipos de respiración que les permitiera estar ajenos a gases tóxicos y de los efectos del humo.

Todas las estaciones de acuerdo a los tiempos de puesta en marcha, han recurrido a altos estándares de construcción y diseño, pero, sin embargo, el no respeto al acceso controlado, ha vulnerado la seguridad de las estaciones.

Con el ingreso indiscriminado de personas, el cálculo que hace referencia a capacidad máxima en andenes, pasillos y puertas, ya no se cumple.

En horario punta no es extraño encontrarnos con escaleras y espacios saturados y colapsados en las estaciones, lo que no permite responder a las acciones de emergencia, ni a la eventual evacuación, simplemente, porque no se respeta las capacidades de la edificación y el sentido de uso del metro.

Entonces después de un incendio más bien circunscrito, el que sucedió recientemente, incendio de mediana complejidad, donde sus repercusiones fueron variadas, donde los resultados fueron evaluados como exitosos, lo sucedido nos da una alerta de lo que podría ser una emergencia superior, en horario punta, si no se respeta el acceso controlado y los cálculos que se tuvieron a la vista cuando se construyeron las estaciones.

Y del mismo modo no se coordina de mejor forma la evacuación, con la llegada de trenes, con lo que significa interactuar con monóxido de carbono, humos, fuego y una multitud de personas bajo presión y presa del miedo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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