La opresión y el bloqueo continúan

En las últimas dos semanas, me tocó compartir la experiencia de visitar Palestina Ocupada e Israel, con una delegación de médicos chilenos que, bajo la campaña “Gaza Amor”, desarrollada por la Comunidad Chilena de Origen Palestino, para ir en ayuda de las miles de víctimas de la última masacre, pretendían realizar trabajos voluntarios en la Franja de Gaza, cada uno en sus respectivas especialidades profesionales.

Aunque algunos de ellos se encuentran ya en Gaza, realizando operaciones y atenciones médicas de urgencia, resulta importante destacar que parte importante de la delegación no ha podido hasta el día de hoy, cumplir con su misión humanitaria, pues el gobierno de Israel impidió nuestro ingreso, sin expresión de causa, a pesar de los últimos acuerdos firmados y de las innumerables declaraciones que hablan de su retiro de Gaza desde el año 2005.

Esto nos permitió constatar que a pesar de lo que se dice, Israel mantiene el control absoluto de este territorio en donde viven hacinados más de 1,6 millones de palestinos, con una densidad de 4.583 hab/km2, definiendo cuándo, qué productos y quiénes pueden ingresar y salir de la misma, convirtiéndola en la cárcel a cielo abierto más grande del mundo.

Esto, sin duda, dificulta el proceso de reconstrucción que ya se ha hecho rutinario producto de la crueldad sistemática de la potencia ocupante y profundiza el sufrimiento impuesto a los palestinos durante más de 47 años, como si la muerte y la destrucción causada por Israel, para castigar colectivamente al pueblo palestino, impedir su desarrollo y destruir cualquier posibilidad de surgimiento económico, no fuera suficiente, en una sociedad que carga con un 35% de desocupación y con un per cápita que bordea los USD 1.000, gracias a la ocupación.

Paralelamente, Israel ha informado al mundo su determinación de continuar colonizando Cisjordania, con la ampliación de los asentamientos ilegales y con la extensión del muro de segregación, a pesar de las innumerables e impotentes declaraciones de la comunidad internacional, que llaman a Israel a abstenerse de continuar con estas prácticas que constituyen el principal escollo para la búsqueda de un solución permanente a la cuestión de Palestina, lo que sólo se hará realidad una vez que se ponga fin a la ocupación y se permita al pueblo palestino materializar sus derechos nacionales inalienables que incluyen el retorno, la autodeterminación y el establecimiento de un Estado Independiente en Palestina, con Jerusalén como su Capital.

Esto demuestra la falsedad de las afirmaciones hechas por las autoridades de Israel y sus agentes esparcidos por toda la tierra durante la última masacre, en cuanto a que el problema no era con los palestinos sino con Hamas y que son las acciones de este último grupo y no el proyecto histórico de construir el Eretz Israel sobre la totalidad de los territorios palestinos, lo que impide poner fin a la ocupación militar que oprime a los palestinos.

Por otro lado, la constatación en el terreno, de la presión constante y el incremento de los obstáculos a la libertad de movimiento, de expresión y asociación, a la que siguen siendo sometidos los palestinos diariamente, tanto en Gaza como en Cisjordania como en el mismo Estado de Israel, sumadas a la imposibilidad más absoluta de desarrollar una vida digna y acorde a los derechos humanos y a los derechos colectivos de los pueblos, lejos de permitirnos prever un futuro más estable en la región, auguran, más temprano que tarde, un nuevo estallido social como parte de la resistencia, contra la ocupación y su política de exterminio físico y político de un pueblo que lo único que sabe, es que estaba ahí antes de la llegada del primer invasor y seguirá estando en la misma tierra después  que el último se haya marchado.

No faltará quienes vuelvan a criticar al pueblo palestino cuando nuevamente estalle de impotencia.  Seguramente serán los mismos que pretenden tender sobre Israel un manto de impunidad para que pueda continuar con su absoluto desprecio por el derecho internacional y los derechos de los palestinos, masacrando impunemente a todo un pueblo que clama libertad, al tiempo que sepulta, cada día un poco más, la solución de dos Estados de la que tanto se habla, al continuar con su política de colonización como base fundamental para el genocidio y la desaparición del pueblo palestino.

Lo más grave de todo, es que lo anterior sucede en un contexto en el que La Autoridad Nacional Palestina sigue perdiendo influencia y credibilidad entre su propio pueblo, gracias a la política israelí que le ha impedido presentar avances significativos, en más de 20 años de negociaciones que solo han aumentado la frustración y profundizado el sufrimiento de un pueblo que solo sueña con vivir en paz en la tierra que ha habitado desde siempre.

Que nadie se sorprenda entonces, si en las próximas elecciones palestinas, se ven fortalecidas las posiciones más radicales, incluso en Cisjordania y si comenzamos a ver, en los próximos días, semanas o meses, una nueva escalada de tensión y violencia en Palestina Ocupada y en Israel, ya que al menos estaremos todos de acuerdo en que nadie puede pedirle a ningún pueblo del mundo que se deje exterminar, sin utilizar todos los medios a su alcance para intentar impedirlo.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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