Carta abierta de un funcionario público a otro versión 2.0

En atención a la actual situación socio-política del país, iniciada el pasado 18 de octubre y derivado del anuncio del Gobierno de impulsar una agenda legislativa de orden y seguridad pública, la cual contendrá duras medidas para evitar la criminalidad en las protestas, permitiéndose de este modo implementar la nueva agenda social, quisiera referirme a un asunto que publicara años atrás.

La mayoría de nosotros concurre todos los días a sus trabajos sin temor de no regresar a nuestros hogares. Nos despedimos de nuestras familias con casi total certeza de que estaremos de vuelta para comer, estar con nuestros hijos o ver una película. Lo tomamos como algo totalmente natural.

Sin embargo, hay un grupo de funcionarios públicos que no goza de ese lujo. Hay días en que salen de sus hogares sin estar seguros de regresar, y en caso de hacerlo, podrían volver heridos o en malas condiciones, ya sea físicas y/o psicológicas. Me refiero a Carabineros  y a los funcionarios de la Policía de Investigaciones (PDI).

Pienso que no le hemos tomado el peso a lo que es pedirle a una persona que haga parte de su día a día el exponer su vida por la seguridad de otros.

Y ojo, no se trata de  personas que reciben remuneraciones extraordinarias por hacerlo, tampoco son comandos internacionales que ganan abultadas cifras por estar en lugares de alto peligro.

Se trata de chilenos como nosotros, de personas modestas en varios casos, que reciben ingresos moderados y que deben actuar, muchas veces, como verdaderos superhéroes.

Pero eso no es todo. Además deben enfrentar el peligro desde todos los flancos. No se vaya a pensar que se defendieron de las piedras o las bombas molotov (ambas armas que pueden causar la muerte) utilizando “fuerza innecesaria”, porque en ese caso el carabinero puede ser sancionado,  o incluso expulsado de la institución.

Si nos ponemos sinceramente en los zapatos de cualquier carabinero o funcionario de la PDI agredido con piedras o bombas incendiarias ¿seríamos capaces de mantener la absoluta calma y pensar en todo momento en no cometer el error de golpear excesivamente a nuestro atacante? 

¿Se ha preguntado usted cuántos días sin dormir lleva nuestra Fuerza Pública desde el pasado viernes 18 de octubre?

Con todo, deseo precisar que en la represión de la violencia no puede significar un uso desmedido o ilegal de la fuerza pública.

Se deben respetar rigurosamente los protocolos de actuación, y aquellos que lo violan, deben ser sancionados. Ello da certezas y garantías a tanto al carabinero o funcionario de la PDI, como también al manifestante, en particular si éste se está comportando pacíficamente.

Por ejemplo, en la lejana y emblemática Francia, los policías franceses han tenido una sobrecarga de trabajo excesiva en los últimos meses producto de las manifestaciones de los "chalecos amarillos".

Algunas de estas protestas han exhibido una violencia inusitada en contra de la policía gala y de paso, han ocasionado destrozos millonarios de la propiedad pública y privada.

Según algunos expertos, esta situación podría haber contribuido al aumento en la ola de suicidios de las fuerzas de seguridad gala durante el presente este año.

Por último, como funcionario público, quisiera destacar la labor de Carabineros y de la PDI, en momentos tan difíciles como los actuales, ya que soy parte de esa mayoría de chilenos que sale todos los días a su trabajo con una relativa certeza de regresar.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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