El Winnipeg, una decisión histórica

Después de los quebrantos de una nación durante una guerra civil, como fue la terrible situación en España, de los años 36 al 39, antesala de la posterior perpetuación de la dictadura franquista, una vez concluida la contienda, centenares de miles de republicanos cruzaron la frontera a Francia, derrotados y perseguidos por el régimen que se proponía eliminarlos definitivamente.

Por eso, hace 80 años, la decisión del gobierno del Frente Popular, liderado por el Presidente Pedro Aguirre Cerda, de recibir refugiados españoles en riesgo inminente en Francia, haciendo realidad el mandato de la canción nacional de ser “el asilo contra la opresión”, pasó a constituir uno de los actos más dignos y honrosos del Estado de Chile, a lo largo de su historia.

En la concreción de esta acción histórica jugó un rol crucial la firmeza del Canciller Abraham Ortega y por su tesón organizativo, su talento diplomático y su valentía política, el poeta nacional Pablo Neruda, designado Cónsul para la Inmigración Republicana. Lo hizo alquilando para cruzar el océano al “Winnipeg”, embarcación reconvertida al objetivo de esta misión que logró navegar con más de 2.000 refugiados que salvaron su vida. La nave zarpó el 4 de Agosto y llegó a Valparaíso el 2 de Septiembre de 1939.

Ellos de seguir en Francia, pronta a ser ocupada por la Alemania nazi, al igual que muchos miles de combatientes atrapados sin salida posible, hubieran sido recluidos en campos de concentración, donde los nazis se ensañaron con los miembros de la resistencia antifascista de los países europeos y donde eran enviados para ser asesinados judíos, gitanos, o miles de soldados capturados en las cruentas batallas de la II Guerra Mundial.

Chile salvo a esas familias del horror del nazi fascismo que se extendía vertiginoso por la mayor parte de Europa, aplastando países, ocupándolos militarmente, humillándoles con gobiernos títeres y domesticando violentamente a la población. Las fuerzas democráticas vacilaban, incluso retrocedían y no se presentaba un frente común ante la fulminante embestida del “Tercer Reich”.

La locura expansionista y de dominio racial era impuesta a sangre y fuego, dentro de los territorios ocupados los nazis preparaban el genocidio y la extensión de la guerra. Hitler, Mussolini y Franco pasaban a ser los amos del “viejo continente” y su alianza con Japón era con una pretensión de imperio mundial.

En tales circunstancias, la nación chilena supo ser digna y actuar con gran visión y coraje. El Presidente Aguirre Cerda y Pablo Neruda merecen por ello el reconocimiento del país. La nave zarpó un 4 de Agosto y arribó a Valparaíso, el 2 de Septiembre de 1939, sus pasajeros desembarcaron el día 3, integrándose en la comunidad nacional.

En el Winnipeg llegaron personas de gran talento, intelectuales de primerísimo nivel que contribuyeron a Chile de modo muy significativo y que acallaron los mezquinos rezongos de muchos adherentes del dictador Francisco Franco, pertenecientes a la derecha chilena que admiraban que hubiese “abolido” la lucha de clases, el mismo Pinochet, tuvo en el genocida español a uno de sus guías fundamentales, por eso, viajó a Madrid a rendir pleitesía a su cadáver cuando murió, en 1975.

Hay que anotar que esta fue la única vez que logró ir a Europa estando en el poder, fuera del mismo cayó recluido en la London Clinic, aunque esa es otra historia. La dictadura lo hizo con mucha pompa para ocultar su aislamiento internacional; pero, apenas sepultado Franco las autoridades que asumían en España le exigieron salir inmediatamente de su país.

Pero no era sólo Pinochet, también el ideólogo del régimen, Jaime Guzman, se desveló muchos años haciendo suyas las tesis corporativistas de parte del régimen franquista, pero sucumbió ante la ideología apabullante de los Chicago boys que se ganaron el apoyo del dictador y se hicieron enteramente preponderantes en las políticas aplicadas por el dictadura.

Fiel a su ira represiva, el régimen persiguió a muchos republicanos, a sus familias o a sus descendientes, que amaban la paz y la democracia como compromiso esencial de sus existencias. Le irritaba que hubieran sobrevivido en forma milagrosa y que mantuvieran porfiadamente su vocación libertaria.

Entre las víctimas de Pinochet está Michelle Peña Herreros, descendiente de republicanos, joven militante socialista, inclaudicable luchadora por la libertad de la patria, detenida desaparecida desde Junio de 1975, junto con la dirección clandestina del Partido Socialista. Una gota de su sangre germina en la restauración de la democracia y la justicia social en Chile.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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