Feminismo, el desafío de una lucha conjunta

El feminismo es una lucha de larga data, que se ha manifestado desde distintas corrientes y en diversas etapas, compartiendo algunos lineamientos centrales, como el cuestionamiento de las estructuras de poder, la visibilización del género como una construcción social, y la búsqueda de la restructuración de una sociedad sin espacio a la discriminación por razón del sexo o género.

Desde esta perspectiva es esencial la concientización de las diferencias entre hombres y mujeres, las cuales no han tenido cabida en el sistema hegemónico, que ha puesto al hombre como centro de la experiencia, modelando a las personas desde un paradigma androcéntrico y patriarcal.

Sin embargo, al buscar la palabra “feminismo” en los diccionarios, nos encontramos con la reducción del concepto hacia una definición que limita una ideología esencialmente humanista a “una doctrina social que concede a la mujer igual capacidad y los mismos derechos que los hombres”, induciendo a error en la interpretación de su significado y simbolismo, lo cual se evidencia con la negación u omisión del concepto en discursos y relatos que a pesar de ser consecuentes con el fondo y sentido, revelan la intención de evitar respuestas adversas o defensivas, contribuyendo a maximizar la caricaturización del mismo.

El feminismo ha sido una lucha protagonizada por mujeres, conscientes de que el sistema universal insiste en la subordinación femenina, a través de una profunda y enraizada construcción social que involucra ámbitos de la sexualidad, afectividad, economía y política.

El separatismo de géneros o sexos dentro de los espacios de reflexión y acción política/social, en la mayoría de las ocasiones no se condice con la necesidad de replantear la dicotomía que ejerce el sistema predominante, contribuyendo al desconocimiento y desfiguración de la lucha feminista en la opinión pública, tan profundamente que conlleva a la limitación también de políticas públicas y leyes que recaen netamente en mujeres, maximizando, en algunos casos, las brechas de la estructura de género hegemónica, y por ende del sistema patriarcal.

Mientras tanto, el feminismo académico ha abierto el debate en una reciente rama del estudio del “otro género” a través de las denominadas “masculinidades”, visibilizando y evidenciando cómo el sistema determina relaciones de jerarquía dinámicas del patriarcado, través de normas de virilidad en un escenario que se expresa tanto en lo físico, como en la vida pública y privada entre hombres.

Esto genera espacios para repensar que la movilidad social, la investigación y la política pública se enriquezcan de la contribución compartida, buscando redefinir el sistema y eliminar los estereotipos tanto femeninos como masculinos en un proceso social vinculado.

No hay discrepancias acerca de que el sistema de género se evidencia explícitamente, entre otras formas, a través de la dicotomía de los estereotipos que atribuyen características que hombres y mujeres “deberían” tener, o las funciones que cada uno “debería” ejercer o realizar tanto dentro de la esfera pública como privada de la sociedad.

Sin embargo, la mirada que no todos y todas compartimos y que debemos debatir, recae en que los cambios  de los procesos sociales requieren de concientización y esfuerzos no excluyentes para superar las dicotomías que impone el sistema actual.

El movimiento feminista que ha tomado fuerza y protagonismo en los establecimientos educacionales y calles de nuestro país, ha posicionado el debate sobre el machismo, el acoso, la desigualdad salarial, la discriminación y la violencia de género en nuestra ciudadanía e instituciones, a través de la visibilización del peso social detrás de la cosificación del cuerpo femenino y las diferencias que conlleva la estructura del sistema de género.

Con todo, uno de los principales desafíos que se visualizan para el movimiento feminista actual, consiste en enfrentar los mitos y confusiones que desprende el concepto en la opinión pública en base a los argumentos de una lucha en común por la dignidad de las personas.

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Manola Robles es editora de opinión en Cooperativa.cl mrobles@cooperativa.cl
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